Testimonio #12

Creo que la situación que voy a contar será algo común para muchas mujeres. Durante mi vida he sufrido el acoso de los hombres en forma de comentarios respecto a mi físico, “piropos” que rozaban lo vomitivo o incluso tocamientos en discotecas y fiestas.

Un día iba paseando por la playa tranquilamente, sola, a las siete de la tarde. Pasó un grupo de unos cinco chicos en bicicleta, y siendo de día y ante la mirada de los transeúntes de la calle me agarraron el trasero por turnos. En ese momento, me quedé totalmente paralizada, sin ser capaz de moverme antes de que se marcharan. Cuando se fueron, solo tenía ganas de llorar de la impotencia y de la culpabilidad por no haber sido capaz de haber abierto la boca ni moverme. Me sentía sucia, avergonzada y con ganas de poner fin a mi paseo. Incluso llegué a pensar por un momento que quizás lo habían hecho porque mi ropa era inadecuada (un chándal de toda la vida). Después del suceso llamé a mis padres. Mi madre me pidió que volviera a casa lo más pronto posible y me “regañó” por ir sola a andar. Mi padre dijo que eran “tonterías de hombres” y que no le diera más importancia.

No he dejado de ir a pasear sola por la playa, pero desde entonces no puedo negar que cuando lo hago, voy con miedo.

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