Chimamanda: feminista, africana y feliz

Hace unos días, hablamos en las Gafas Violetas sobre la segunda ola feminista surgida en Estados Unidos, y hoy queremos hablar de una mujer que a través de sus historias se ha convertido en un icono del feminismo africano. Ella es Chimamanda Ngozi Adichie y con sus libros ha querido reivindicar la necesidad de que todos seamos feministas y el peligro de conocer una única versión de la historia, ya que aunque hoy en día tenemos acceso a numerosas fuentes de información, en general solo escuchamos las voces europeas o americanas y nos olvidamos del resto.

Chimamanda nació en Enugu, que es la capital de uno de los estados que conforman Nigeria. Aunque el idioma oficial es el inglés, debido al imperialismo británico, en Nigeria conviven numerosos idiomas cooficiales, uno de ellos es el igbo. Chimamanda tiene interiorizados ambos idiomas, pero reconoce la faceta lírica del igbo, el cual se caracteriza por expresiones y significados poéticos, como por ejemplo su propio nombre.

Chimamanda significa “Mi dios no se derrumbará” o “Mi dios no me fallará”. La mayoría de los nombres de Igbo tienen significados increíbles. Es un lenguaje encantador. Musical. Nombres increíbles, nombres que afirman la vida. 

Entrevista a Chimamanda en Critical Mass

Su padre fue profesor de estadística de la universidad de Nigeria y su madre fue la primera mujer a cargo de la secretaría de admisiones de la universidad. En sus libros y charlas, Chimamanda suele hablar de su familia y amigos, en concreto de su madre y de su abuela. En su vida ha estado rodeada y ha conocido a muchas mujeres fuertes y que sin conocer la teoría, ni haber leído libros o sin ni siquiera conocer la palabra, eran feministas.

Tras un año y medio estudiando medicina en la universidad de Nigeria, decidió que lo que verdaderamente quería era ser escritora. Desde que era pequeña había leído y escrito a muy temprana edad y para ella escribir es un momento mágico.

Es como si de pronto te transportaras y te das cuenta, cuando regresas, de que pasaron varias horas. Y me siento feliz, la ficción te brinda una alegría tan exquisita, tan rara. Es la razón por la que quiero seguir escribiendo hasta que muera. La escritura y los libros son un regalo de mis antepasados.

Entrevista a Chimamanda en El País Semanal

Consiguió una beca para estudiar comunicación en la Universidad de Drexel en Filadelfia, EE.UU y después se tituló en comunicación y ciencias políticas en la Universidad de Eastern en Connecticut, EE.UU, donde empezó a trabajar en la que sería su primera novela, Purple Hibiscus (2003), tras la que vendría Half of a yellow sun (2006), su segunda novela. Ambas se ambientan en Nigeria. Purpel Hibiscus cuenta la historia de la joven Kambili, de 15 años, durante el golpe militar que se produjo en Nigeria y Half of a yellow sun narra la vida de tres personajes durante el violento conflicto para establecer una república independiente, que tuvo lugar en la región sudoriental de Nigeria, llamada Biafra. De hecho el título de este segundo libro hace referencia a la bandera que identificó al movimiento independentista de Biafra.

Escribir estos libros ha sido doloroso. No creo que vuelva a hacer algo como esto otra vez. Es como si hubiese atravesado fragmentos de dolor. A menudo comenzaba a llorar. Trabajando en ellos, me rodeé de más investigación de la que podía usar, incluso fotos de niños. Es increíble lo que puede hacer el hambre. Yo pensaba en que podrían ser mis primos. Mi padre me ayudó con la investigación, respondiendo las preguntas que tenía. Usé sus recuerdos. Mi abuelo murió en un campo de refugiados, durante la guerra. Mi padre no pudo decirle adiós. Los caminos eran demasiado peligrosos. Me contó que un día, alguien le señaló dónde habían enterrado a su padre. No estaba ni marcado, así que tomó un puñado de polvo y se lo llevó a casa. Me rompió el corazón.

Entrevista a Chimamanda en Critical Mass

Chimamanda consiguió una maestría de estudios Africanos en la Universidad de Yale y una beca del instituto Radcliffe de Estudios Avanzados de la Universidad de Hardvard durante la cual realizó su tercera novela Americanah (2013), en donde habla de la experiencia de llegar a Estados Unidos y dejar de ser nigeriana para ser etiquetada como negra o africana, con todo lo que esto implica socialmente.

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Siento que con los libros anteriores cumplí mi deber con mi país y mi familia. Como si la historia me lo hubiera pedido. Quería homenajear a mi abuelo y ver cómo [la guerra de Biafra] dividió a mis padres y tuvo un impacto en mi propia vida. Era una gran responsabilidad. Y con Americanah, pensé: “¿Sabes qué? ¡Al diablo!”. Pensé que tenía para comer, una casa, que no necesitaba comprar más zapatos (¡de verdad!), así que podía darme el lujo de escribir lo que yo quisiera. Me permití cuestionar ciertas ideas sobre la literatura, sobre cómo escribir de temas sociales y sobre cómo escribir acerca de la raza en Estados Unidos.

Entrevista a Chimamanda en El País Semanal

En 2009 dio una charla para TEDGlobal, titulada El peligro de la historia única, en la que precisamente habla de la incompresión grave que se produce cuando colocamos determinadas etiquetas a las personas sin conocer su vida. Historias como que su compañera de cuarto en la universidad se sorprendiese de que Chimamanda escuchase a Maríah Carey; que un profesor le dijese que sus trabajos eran muy poco representativos de la cultura africana por tratar de gente de clase media y no de gente pobre son las que inspiraron la historia que se cuenta en Americanah. A día de hoy sigue siendo un gran error pensar que África es un país, o calificarla como un todo homogéneo, cuando la diversidad y diferencias que hay en este gran continente son inmensas. Y esto es fruto de la ignorancia del primer mundo, pues solo conocemos la historia que Europa y América han escrito de África.

 

Y en 2012, volvió a dar una charla TED, Todos deberíamos ser feministas, la cual se ha convertido en uno de sus discursos más reconocidos y difundidos internacionalmente. Ha dado la vuelta al mundo y ha sido además, adaptada a libro y traducido a 32 idiomas. De nuevo Chimamanda a través de sus historias personales, reflexiona sobre la realidad de las mujeres, en concreto de las mujeres nigerianas, habla sobre las presiones que establecen los roles y estereotipos de género e insta a las personas a que todos participen de esta lucha.

Necesitamos que los hombres estén a bordo, porque los hombres escuchan más a los hombres

Chimamanda y la expresión de un feminismo natural, El País

Tiene muy claro que el feminismo no es algo que solo esté en los libros o en la teoría, sino que es una causa que debe sentirse y en la que involucrarse a través del diálogo. Y que para que el mundo cambie hay que educar en el feminismo. Esto es precisamente de lo que habla en su último libro Dear Ijeawele, en el que contesta a una carta de una amiga suya con quince claves para empoderar a una niña desde pequeña y que crezca convirtiéndose en una mujer fuerte e independiente. Desde tener conversaciones abiertas sobre apariencia, identidad y sexualidad; hasta mostrar la importancia del lenguaje y cómo la sociedad exagera las diferencias entre hombres y mujeres y biologiza características que son en realidad construcciones sociales.

Las mujeres no hemos nacido con ningún gen, ni estamos diseñadas biológicamente para estar en la cocina, es la sociedad la que ha establecido ese espacio como el terreno de la mujer.

Dear Ijeawelw, Chimamanda Ngozi Adiechie

Chimamanda es consciente de la palabra feminismo ha ido acumulando una gran carga negativa a lo largo de la historia. Pero es el momento de redefinirla y establecer el feminismo como un movimiento necesario en la sociedad para todos, lo cual no implica que pase a llamarse igualitarismo o humanismo.

Un amigo me dijo “si eres feminista, no eres feliz”. Hay que insistir en el uso de la palabra feminismo porque, aunque mucha gente la vea como una palabra negativa y no esté cómoda con ella, es necesaria. Yo insisto en la definición del diccionario, así que cuando alguien me dice que “si esto va de igualdad por qué no lo llamamos humanismo” (o igualitarismo), yo hago hincapié en que el problema no es de la humanidad. Son las mujeres las que han sido oprimidas históricamente por el mero hecho de ser mujer y por eso debe llamarse así. Es como si un hombre tiene mal la próstata y el médico le dice que le va a dar una medicina especial para la próstata. El enfermo no la rechazará y dirá, “oh no, por favor, mejor recétame una medicina para todo el cuerpo”, ¿verdad? Pues por eso el feminismo debe llamarse así y no de otra manera.

Historia de Chimamanda, Smoda.com

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