Testimonio #15

Hola Gafas Violetas. Resulta que al colegio que iba antes estaba en Alcobendas, entonces tenía que hacer un viaje en metro bastante largo entre Alcobendas y Leganés. Pues yendo en metro con una amiga, estábamos en el metro y yo vi a un hombre subirse al vagón en la estación de Chamartín. Y aunque no me gusta prejuzgar a nadie, pues me fijé en él por sus malas pintas: tenía el pelo muy graso, una túnica que le llegaba casi hasta los pies… Tenía muy mala pinta, daba mal rollo. Pero nada, lo dejé pasar.

Mi amiga y yo estábamos, no sentadas mirando al frente, sino cada una girada, así de lado, en el asiento para mirarnos mientras hablábamos. Entonces el hombre se colocó detrás de mi amiga, que ella estaba sentada en el asiento de la esquina  exterior que da a la puerta. Entonces mi amiga no veía al hombre porque estaba de espaldas, pero yo sí le veía porque estaba girada para hablar con ella.

Y de repente, en una de estas que miro al hombre, veo una cosa por la zona de sus partes, como de color carne. Y yo pensando, pues será su mano, y pienso: pues está tocándose. Ah! muy bien, está tocándose… (por encima de la ropa) Y pensaba que eso de color carne era su mano, y no, al instante me doy cuenta de que eso de carne que estoy viendo, no es su mano, que es un asqueroso pene. Total que digo, vale se está tocando, le estoy viendo el pene… Yo para entonces tenía 15 años. Entonces mi reacción fue decirle a mi amiga a través de las notas del móvil, que no nos podíamos ir solas a casa, que se viniera a mi casa. Y lo peor, es que cada vez estaba el hombre más cerca de mi amiga, estaba agarrado en la barra, y estaba casi su miembro tocando la cara de mi amiga. Y mi amiga no se daba cuenta porque, lo dicho, estaba de espaldas.

Entonces yo estaba muy nerviosa, pero no le quería decir a mi amiga lo que pasaba, ni supe reaccionar. Es normal que con 15 años no sepas reaccionar a esto. Así que me puse muy nerviosa y dejé de mirar a mi amiga y me senté de frente a mirar a la gente de los asientos de en frente.

Entonces mi amiga empezó a decirme que qué me pasaba, que porqué no la miraba, que me notaba muy nerviosa. Y yo veía que el resto de gente del vagón no se estaban dando cuenta de nada. A esto el hombre se abre la túnica y hace como para no dejar a mi amiga ver, entonces ella se da cuenta de lo que está pasando y empieza a llorar. Y yo en plan, diciéndole: en la siguiente parada nos bajamos, da igual que no sea nuestra parada, nos bajamos y nos piramos. Y es lo que hicimos, teníamos cada una dos mochilas, una de entrenar y una del colegio y en la parada de Colonia Jardín nos bajamos.

Yo intenté ser fuerte, pero para cuando llegamos al de seguridad a contarle lo que había sucedido, ya estábamos las dos llorando, temblando… Además no se me olvidará que cuando nos bajamos del vagón no giramos para ver si nos seguía, él no se bajó, pero nos estaba mirando y es que tengo su cara grabada.

Total que el padre de una amiga nuestra trabaja en el metro, con las cámaras de vigilancia y tal. Al final, pues le pillaron. Y mi amiga y yo tuvimos que hacer lo de estar detrás de un cristal que te pongan a cuatro personas y tienes que decir si es el número 1, 2, 3 o 4. Y mi amiga y yo entramos y lo tuvimos que hacer por separado, no podíamos comunicarnos entre nosotras, obviamente. En aquella sala había un abogado, un protector del menor, un juez, mucha gente y mi padre. Y fui mirando a uno por uno, ellos no me veían obviamente, y me fijé en uno y dije es ese, que el cabrón se había hecho una coleta y aquel día en el metro llevaba el pelo suelto. Pedí que si se podía quitar la coleta, pero no me dejaron. Pero de cualquier manera acerté, era él y mi amiga también acertó.

Y si esto fue con 15 años, para cuando habíamos cumplido 18 años, fue cuando llegó el juicio. Es decir, tres malditos años, para juzgar a un exhibicionista de metro.

Pues nada, llegó el juicio. Mi amiga y yo pedimos no ver al hombre, que le pusieran una cortina o algo, que no queríamos verle la cara, ni que él nos viese a nosotras. En su momento, cuando ocurrió todo aquel día, con 15 años, nosotras ya hicimos un acta describiendo lo sucedido, al hombre, los hechos, el vagón, el metro, las estaciones, etc. Por tanto cuando llegó el juicio, mi padre, que es policía, me dijo que fuese lo que fuese que nos preguntase la jueza, que dijésemos: me remito a lo que redacté y dije hace tres años. Pues después de tres años, obviamente no nos íbamos a acordar nítidamente de todo lo que pasó.

Entonces mi amiga y yo contestamos a algunas cosas y a otras nos remitimos al acta de hace tres años. Y fue lo mismo, entramos por separado mi amiga y yo. Mi padre nos dijo que lo habíamos hecho muy bien, aunque mi amiga habló un poco de más, no se remitió tanto al acta de hace tres años. Aunque todo bien, vamos. Sin embargo, el resultado fue que: perdimos el juicio….

¿Por qué perdimos el juicio? porque, a ver, cuando yo veo a un hombre que no me gusta, no me quedo mirándole, intento desviar la mirada y más cuando se está tocando. Lo último que me apetece es verle la cara y menos la cara de disfrute cuando se está tocando. Solo me fijé en él al entrar, y mi amiga, es que se fijó mucho menos. Ella se dio cuenta más tarde de lo que ocurría y cuando se dio cuenta se puso a llorar y al poco nos piramos. Y bastante que acertó el hombre que era.

Total que perdimos el juicio porque yo dije que “el hombre no llevaba nada detrás” y resulta que llevaba una guitarra con su funda. ¿HOLA? señora jueza y defensor del menor y demás, cuando vi al hombre era de frente, no de espaldas y es que lo dicho, no quería fijarme en él. Y porque tampoco quedó muy claro si había mucha o poca gente en el vagón. Es decir, por estas dos cosas perdimos el juicio.

Así que este hombre seguirá por la linea 10 del metro de Madrid tocándose delante de la gente.

A.

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