Amor romántico III: medios de comunicación y su impacto

Hace varias semanas iniciamos esta trilogía sobre el amor romántico. En el primer artículo explicamos qué es el amor romántico y cuáles son sus mitos y peligros. En el segundo artículo hablamos de cómo se relaciona con la violencia de género y la importancia que tiene en todo este asunto la educación de las personas jóvenes. Hoy cerramos el círculo, y lo hacemos con una simple idea: debemos ser conscientes de la importancia que tienen los medios de comunicación a la hora de perpetuar este modelo tóxico de las relaciones en pareja.

Recapitulando, recordaremos que con amor romántico no nos referimos a la existencia de romanticismo en una pareja, sino que lo definimos como aquel amor incondicional, acaparador y basado en la falta de individualidad y de libertad. Y si bien dijimos que la educación en la familia y en la enseñanza eran claves para romper con este nocivo ideal, hay otros elementos que también influyen y que no podemos obviar. Todo lo que leemos, vemos y escuchamos influye desde que somos pequeños en la manera en la que nos construimos como persona y en la forma en la que nos relacionamos con nuestro entorno.

A parte de nuestra familia, amigos, la escuela, etc. los medios de comunicación, los libros o la publicidad también afectan profundamente a nuestra formación. Cada día recibimos de media, unos 3000 impactos visuales, estamos rodeados de imágenes, ya vengan de la televisión, de las redes sociales o de carteles en la calle. Es una locura pensar que esto no tiene ninguna consecuencia. Habría que retomar el concepto de “educar en tribu” y asimilar que cualquier elemento de la sociedad con el que una persona tenga contacto va a determinar, más o menos, su forma de pensar y actuar.

Películas, cuentos y anuncios siguen difundiendo los estereotipos más básicos y peores que se asocian a la identidad masculina y femenina. El esquema del hombre que debe superar una aventura llena de obstáculos y pruebas para llegar hasta la princesa se sigue repitiendo en todos estos productos.

Hoy en día el príncipe es un hombre normal y corriente (aunque no deja de seguir los cánones de belleza establecidos) y no atraviesa bosques ni mata dragones, pero seguro que somos capaces de pensar en bastantes películas en las que ocurran cosas similares: el hombre que corre al aeropuerto para impedir perder a la mujer, o que sin pensarlo se sube a un avión para ir a buscarla, el hombre que mata al malvado secuestrador y rescata a su mujer, el hombre que debe conseguir enamorar a la mujer, el hombre que debe convencer a los padres de la novia, etc. Este es el tipo de historias que sustenta el amor romántico y que los medios de comunicación y la literatura difunden.

Tras la escena del beso, de la boda o el mítico “vivieron felices y comieron perdices” termina la película y termina la tarea del hombre. Su misión era llevar a cabo los diferentes retos y llegar hasta la mujer, sea para salvarla o enamorarla. Terminada la película, terminada su labor. Es entonces cuando sucede lo que muchas mujeres han experimentado a lo largo de la historia, y actualmente, que es que empieza la verdadera relación de pareja, los verdaderos retos y obstáculos, con los cuales normalmente carga la mujer. Una relación implica esfuerzo en entenderse, apoyarse, es necesaria la comunicación y el ceder mutuamente, y al final todo esto son cosas que, en general, recaen sobre la mujer. Son muchas las mujeres que han vivido ese desengaño lleno de dificultades que es que tu pareja cambie y con el tiempo se convierta en alguien totalmente diferente de cuando empezó la relación.

No hablamos ni mucho menos de que se haya perdido el romanticismo, sino hablamos de desentendimiento y falta de cuidado. Pues las enseñanzas llegan hasta que el hombre mata al dragón, ha conseguido el beso, irse a vivir juntos o el “si quiero” y, sin embargo, ahí no termina la historia ni mucho menos.

Es importante presentar a muchos más personajes femeninos protagonistas y cuya historia no gire en torno a un hombre (sea su pareja, su padre, etc.), y que si en una película aparecen mujeres no sea para ser salvadas o enamoradas. Hoy en día encontramos más ejemplos de este tipo de películas o series, de hecho, en las Gafas Violetas os hemos recomendado algunas, pero todavía los porcentajes son muy dispares. Son muy pocos los productos audiovisuales que pasan una prueba tan fácil como es el Test de Bechdel.Test-de-Bechdel.jpg

No podemos conformarnos con esto. Por mucho que desde la familia se intente educar en la igualdad y con nuevos valores que ayuden a eliminar esta idea dañina del amor es necesario que el entorno audiovisual en el que crecemos inconscientemente evolucione y siga presentando nuevos personajes femeninos, masculinos y nuevas historias.

Por último, decir que en las pasadas semanas os recomendamos al final de cada artículo sobre el amor romántico una lectura. Hoy os venimos a recomendar el documental “Miss Representation” de Jennifer Siebel Newsom. En él se dice que los jóvenes norteamericanos de hoy en día “pasan 31 horas a la semana viendo la televisión, 17 horas a la semana escuchando música, 3 horas a la semana viendo películas, 4 horas a la semana leyendo revistas, 10 horas a la semana conectados a las redes sociales, al final unas 11 horas consumiendo medios de comunicación al día”. Esto debería hacernos reflexionar sobre el poder de la imagen en nuestra sociedad actual y de cómo siguen reforzando los modelos según los cuales pensamos, sentimos y actuamos y que numerosos colectivos luchan por cambiar.

         Disponible la versión completa en plataformas como Netflix

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