La Maupin: la espadachín que vencería a los tres mosqueteros a la vez

En Francia, en 1670 (1673 según algunas fuentes), nace uno de los personajes más curiosos y anacrónicos de la historia conocida. Se trata de una adelantada a su tiempo, fuera de los convencionalismos sociales del siglo XVII. Hablo de nada más y nada menos que Julie d´Aubigny, más conocida como La Maupin. Si os dijese que se trata de una viajera que, haciendo uso de los portales del Ministerio del Tiempo, ha retrocedido atrás desde el siglo XXI, sería más verosímil que la pura realidad. 

Bastante desconocida por la historia, invisibilizada y tachada. Mademoiselle Maupin no es una mujer corriente de la Francia del siglo XVII. 


Una de sus facetas más reconocidas y que la aleja completamente de su rol de mujer acomodada de la época es la de espadachín. Hija del Gran Escudero de Francia (el encargado de educar al rey y su entorno más cercano en manejo de armas), recibió desde muy pequeña lecciones de esgrima y defensa personal. A muy corta edad, su padre y ella se trasladaron a Marsella donde recibió lecciones de varios espadachines doctos. Pronto la alumna se convirtió en maestra demostrando espectaculares habilidades blandiendo la espada. Era mejor paladín que cualquier hombre al que se enfrentara, algo que provocaba la ira de más de un cortesano que opinaba que una mujer de bien no debía blandir armas, sino agujas, y encargarse de otro tipo de labores más femeninas. Sin embargo, las constantes prohibiciones para que dejase de luchar no impidieron que Julie exhibiera sus increíbles dotes con la espada y derrotase a un sin fín de caballeros de palacete.

Fotograma de la película “La reina Cristina de Suecia” (Rouben Mamoulian,1933)

Además de formarse en esgrima, Maupin era una persona con una libido alta. Mientras vivía con su padre, decidió que era buena idea acostarse con el jefe de este y aprovechar las ventajas y libertades que tiene ser amante de un poderoso hombre rico. Poco duró la feliz vida de soltera pues, por aquellos entonces, una dama debía casarse si no deseaba que el resto del mundo resultase molesto y cargante. Con ayuda de su amante, don importante, encontraron a un candidato perfecto que no les daría mucho problema. El elegido fue el señor Maupin, un hombre que residía lejos de Francia y al que no debía de importarle lo más mínimo quien fuera o dejase de ser su esposa. A partir de ese momento, la ahora Julie Maupin pudo disfrutar de los  privilegios de estar casada con un hombre importante sin tener que soportarlo.

Poco tiempo después, cansada de la vida de palacete, Julie y su profesor de esgrima huyen a París después de que este matase a uno de sus alumnos. Una vez en la capital francesa, la espadachina tuvo que buscarse la vida. Comenzó a organizar espectáculos callejeros en los que retaba a un caballero a duelo. No contenta con ganarles simplemente, Maupin iba cantando lo que sucedía para humillar aún más a sus contricantes. La gran habilidad con la espada y su maravillosa voz le permitía ganarse la vida con las limosnas de la gente.

A uno de esos curiosos espectáculos asistieron unos organizadores de ópera y decidieron que la voz de La Maupin era casi prodigiosa y debía introducirse en los escenarios. Así es como acaba trabajando en la ópera representando papeles de hombre. Durante su etapa como cantante, era bastante vanagloriada por el increíble talento vocal que tenía. Seguía retando en duelo a cualquier pobre hombre que se encontraba por su camino y sus encuentros sexuales, tanto con hombres como mujeres, tampoco pararon. 

En una ocasión, la hija de un importante comerciante y ella iniciaron una relación romántica. Cuando la familia de la primera se enteró, decidió que la mejor manera de limpiar el nombre de la familia era encerrarla en un convento y entregarla a Dios. La Maupin, bastante disgustada con la idea, se infiltró en el convento haciéndose pasar por novicia para rescatarla. Ambas huyeron del lugar. Pero para quedarse tranquila y que no las persiguieran, Julie decidió que era buena idea prenderle fuego al lugar. Maupin tuvo que huir de la justicia y la aventura entre las dos mujeres duró unos pocos meses.

Mientras tanto, Julie se dedicaba a cantar en tabernas y la calle para sacarse unos cuartos. En una de sus actuaciones, un señor decidió que era buena idea mofarse de ella por lo que acabó pagando las consecuencias al perder en un duelo. La Maupin, que sintió lástima del caballero, decidió cuidar de él mientras se curaban las heridas de sus estocadas. Finalmente, se acabó convirtiendo en uno más de sus amantes.

Maupin decide que está harta de huir y quiere volver a la ópera. Recurre a su primer y poderoso amante para que le ayude a librarse de los cargos de los que se le acusaba y recibiese el perdón del Rey. Por supuesto lo consigue y, por si fuera poco, empieza a participar en importantes obras representadas en la Ópera de París en papeles elegantes. Consigue un gran reconocimiento llegando a ser conocida entre el público como “La Maupin”. Por supuesto, su vida personal sigue siendo intensa, llena de duelos y amantes de ambos sexos.

Debido a su importante posición, es invitada a un baile organizado por la casa real en honor al hermano del rey Luis XIV. Apareció en la fiesta vestida de hombre y se dedicó a cortejar a señoritas durante toda la noche hasta que al final besó descaradamente a una de ellas, lo que provocó la ira de tres caballeros que lo consideraron del todo inapropiado. Tras batirse en duelo con los tres al mismo tiempo y vencerles es condenada a muerte, precisamente porque los duelos estaban prohibidos en Francia. Sin embargo, el hecho de que una jóven mujer venciese a tres hombres pareció gustarle mucho al hermano del rey que pidió que la perdonasen, con lo que se libró de nuevo de la justicia. Para evitar el revuelo se traslada a Bruselas durante una temporada.

Al poco tiempo vuelve a París donde pasa el resto de su vida como cantante de ópera continuando con su intensa vida personal. En el año 1705 abandona definitivamente los escenarios. Dos años después fallece por causas desconocidas a la corta edad de 37 años.

Ya sabéis lo que dicen: vive rápido, muere jóven y deja un bonito cadáver. Desde luego algo que se tomó muy enserio Julie d´Aubigny, alias La Maupin.

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