Testimonio #23

Cuando era pequeña (y no tan pequeña), mi padre y mi madre me maltrataban física y psicológicamente. Mi madre dejó de maltratarme físicamente, pero el maltrato psicológico fue en aumento; incluso me amenazaba con suicidarse si no le decía según qué sobre mi vida personal. A esto se añade que durante toda mi vida estudiantil he sufrido bullying (verbal y físico) e incluso en mi vida laboral me han llegado a despedir por ser mujer. Y en todos los ámbitos de mi vida, familia, sanidad, amistades, etc., siempre se me ha echado en cara el ser muy delgada, mi complexión es así y siempre he odiado mi cuerpo por todos los comentarios que he recibido al respecto.

A los 11 años, ya había recibido por primera vez tratamiento psicológico por depresión y autolesiones, y posteriormente por ansiedad. A los 14 empecé con tratamientos médicos para todo esto. Mi situación familiar, a pesar de tener consultas de psicología y psiquiatría con mis progenitores, solo iba a peor. Mi vida estudiantil, bueno, dejémoslo en que era el hazme-reír y la loca, por el simple hecho de recibir tratamiento psicológico/psiquiátrico. A los 16 años, ya tenía cada detalle planeado sobre cómo y dónde suicidarme (y hasta hace poco, no he parado de añadirle detalles a mi plan y de desear estar muerta).

La última vez que mi padre me maltrató físicamente fue a falta de 5 días para cumplir los 18, y fue la última vez, porque me fui de casa y empecé a buscarme la vida mientras estudiaba. Él me retiró la palabra el día que me agredió porque le dije que le odiaba, que le había odiado toda mi vida, y que si me ponía la mano encima, pensaba denunciarle. Al principio seguía manteniendo contacto con mi madre, pero ella insistía en que debía hablar con mi padre, y le dije que tenía intención de denunciarle.

Ella se puso de su parte, abandonándome a mí como su hija. Y la última vez que le dirigí la palabra, fue por WhatsApp, a raíz de un mensaje que me envió diciéndome que esa seguía siendo mi casa, y le contesté diciéndole que no lo era, que no se considerasen mis padres, que antes que volver a toda esa situación optaría por suicidarme.

Cuando el contacto con mi madre murió, tuve que dejar los estudios, y mudarme a casa de alguien que consideraba mi amigo y a quien apreciaba. Al cabo de un par de semanas de vivir con este chico, me pidió salir, habiéndome dicho previamente en otras ocasiones que si no salía con él, si llegaba a pedírmelo, me echaría de casa, sabiendo que yo no tenía ningún otro lugar en el que estar y sabiendo que yo estaba enamorada de otra persona.

Como podéis imaginar, acepté a regañadientes y empezamos a salir juntes. Al principio, me trataba medianamente bien. Pero todo acabó en violaciones constantes (en las que yo incluso me autolesionaba para que parase, otras en que estaba incluso durmiendo cuando empezaba…) , maltrato psicológico, discusiones diarias, amenazas,… Y al final me echó de casa, porque se cansó de mí, de que me alejase de él cada vez que se me acercaba y de discutir.

Poco antes de dejar los estudios, cuando vivía aún en un piso de estudiantes, un supuesto amigo vino a verme en plena madrugada, tras un rato hablando me empezó a besar y a desnudar. Le dije que no quería acostarme con él. Empezó a decir que no se había recorrido esos kilómetros hasta mi casa en vano, y me presionó para acabar teniendo sexo con él.

Aparte de todo eso, a los 15 años se me acercó un chaval mayor que yo, en un pueblo al lado de la ciudad donde vivía, al cual fui por explorar mundo y salir de casa, ya que no tenía amigues. El caso es que se me acercó este chico y me empezó a preguntar por mi vida amorosa. Asustada, le dije que era lesbiana y que tenía novia, pensando que así me libraría de esa situación. El chaval insistió en que quería tener sexo conmigo. “Un polvo rápido, tu novia nunca lo sabrá”, decía. Se me acercaba, me abrazaba, y cuando tuve ocasión, vi una familia subiendo a un coche y salí corriendo en su dirección. Les expliqué la situación y me llevaron a casa.

En casa, estallé a llorar asustada y fui a la policía a denunciarlo ya que, el chaval, cuando conversaba conmigo, me enseñó su DNI para demostrarme que vivía en la misma ciudad que yo, y memoricé su nombre y su calle. Me dijeron que no serviría de nada poner la denuncia, que si no me había tocado directamente mis partes íntimas o me había penetrado, no podían hacer nada. Estuve meses sin salir a la calle por el miedo, e incluso el hecho de caminar hasta el instituto me resultaba agonizante.

A los 17 años, un supuesto amigo me dijo que estaba deprimido porque lo había dejado por segunda vez con su pareja. Y yo, haciendo lo que haría cualquier amiga, me recorrí más de 200km para ir a verle y sacarle una sonrisa. Y acabó violándome. Y no denuncié, porque le había considerado mi amigo y estaba confusa y no asimilaba lo que estaba pasando.

Se lo expliqué a un par de personas de confianza y un amigo me dijo “no es violación, teniendo en cuenta que te liaste con él y la situación lo sugería”, a pesar de que yo dejé bien claro desde el inicio que no quería sexo. Otres me decían que era claramente violación y que debería denunciarle. Y yo, sin saber qué hacer, teniendo diversas opiniones y con mi confusión, opté por no hacer nada al respecto. Y me arrepiento de ello, porque fue así como perdí la virginidad y me siento impotente por ello y por haberme colapsado y no haber sabido reaccionar.

Y cómo no, el acoso callejero sigue a la órden del día. Un hombre de más de 40 años me ha acosado múltiples veces en mi barrio, me ha seguido por la calle, y sabe dónde vivo. Y yo vivo cada día con el miedo de salir a la calle y encontrármelo otra vez y que se me vuelva a acercar, que me vuelva a seguir, que me vuelva a gritar cosas que son mejor no oír, y sobretodo de que la situación vaya a más.

Ahora tengo 19 años y sé que no tengo superado nada de lo todo lo que he pasado, que sigo acordándome de cada detalle de absolutamente todo y de que no soy capaz de olvidar las caras de la gente que me ha hecho sufrir, sea del modo que sea. A menudo me vienen flashbacks y me encierro en mí misma y me echo a llorar y desearía ser otra persona, no haber pasado por nada de esto y tener una vida normal.

El otro día, charlando con un amigo, me hizo darme cuenta de que mi cuerpo ha desarrollado una respuesta agresiva automática con cualquier mínimo contacto físico con un hombre. Y es cierto, no puede acercárseme un hombre, por muy amigo que sea, a menos de 1 metro sin que me ponga nerviosa, y ya contacto físico ni os digo. Yo antes era lo más cariñoso del mundo…

Pero a pesar de todo y aunque las ganas de morirme nunca se van, sigo adelante como puedo, con el apoyo de mi pareja actual, que de verdad me quiere, de verdad se preocupa por mí y de verdad me trata bien y se preocupa por mi bienestar. Tengo miedo de no ser capaz de superar nunca todas mis vivencias, y no pasa un solo día en que no desee tener una familia normal, una vida normal. Odio mi cuerpo por esas personas que han osado maltratarlo, y la depresión sigue presente en mi vida debido a todo el maltrato psicológico recibido y los traumas que tengo debido a todo lo demás y aún a veces considero el suicidio una opción viable para librarme de todo por lo que he pasado, pero quizás algún día todas estas voces en mi cabeza callarán y empezaré a quererme a mí misma incondicionalmente y empezaré a recuperarme, y seré feliz.

Quiero mandar un fuerte abrazo a todas esas mujeres que han pasado por vivencias como las mías, o por cualquier tipo de experiencia traumática en cualquier ámbito de su vida. No estáis solas, y debemos apoyarnos entre nosotras. Seamos fuertes. Juntas. Tenemos que estar unidas.

Anónima

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