Autodefensa feminista: cómo escapar de una agresión física

Seguramente a muchas personas nos ha pasado que hemos conocido la historia de alguien que pasó por una situación de peligro y nos hemos preguntado: ¿Qué haría yo? ¿Cómo reaccionaría? Pero por muchas respuestas que pensemos, en realidad, solo lo sabremos si algún día llegamos a experimentar esa situación. Ante un atraco, una violación, o cualquier tipo de abuso u agresión es muy difícil adivinar cuál sería la respuesta de nuestro cuerpo. Y en la mayoría de ocasiones, no hay una respuesta correcta, en todo caso, solo podemos tener suerte. Sin embargo, cuanta más información y recursos tengamos, más probable es que seamos capaces de enfrentarnos a situaciones y sobrevivir. Por eso, hoy venimos a hablar de: autodefensa feminista.

La autodefensa feminista es el conjunto de herramientas, ya sean técnicas físicas, respuestas verbales, pensamientos o formas de sentirnos, que sirven para evitar o detener una agresión sea del tipo que sea. Tal y como explica la organización feminista vasca EHBF, se dice “auto” porque una persona hace uso de ella por sí misma, para defenderse a sí misma; nos referirnos a “defensa” porque el objetivo es dar una respuesta a una agresión que atenta contra una persona, sea cual sea el tipo de violencia que se ejerza; y es “feminista”, porque en muchas de estas situaciones de riesgo, los roles y estereotipos de género, y otras creencias sociales y culturales que hemos interiorizado, juegan un grave papel.

Dentro de los cursos y talleres de autodefensa feminista encontramos que es muy importante trabajar las emociones, la autoestima, la identificación de agresiones, la actitud y la sororidad. Ya que no existen solo agresiones basadas en la violencia física, sino que también hay violencia verbal, sexual, económica, e incluso la negligencia, pues es un tipo de violencia basada en la omisión. Y todas estas agresiones también deben tener su respuesta. Ya que por mucho que sepamos usar nuestro cuerpo, si el miedo nos bloquea, si nuestra mente nos dice que el agresor tiene derecho a hacer lo que está haciendo, si pensamos que no podemos hacer nada, y si cuando vemos a alguien en peligro no actuamos, de poco nos sirve.

Teniendo esto en cuenta hoy vamos a centrarnos en el aspecto de la autodefensa feminista que más entronca con, la más conocida, defensa personal, es decir, técnicas físicas que llevar a cabo con nuestro cuerpo. A diferencia de un bolso, un llavero, un gas pimienta, etc. este es algo que siempre nos va a acompañar y si lo conocemos y aprendemos a manejar puede ser de gran ayuda a la hora de protegernos, escapar o atacar.

En primer lugar, destacar que estos son algunos de los puntos del cuerpo donde los golpes son más dolorosos, de manera que con poca fuerza, golpeando estas zonas podemos lograr distraer lo suficiente a la persona que esté agrediendo para poder escapar.

A continuación, podéis ver formas de zafarse de algunas agresiones golpeando alguno de estos puntos que acabamos de citar. Y además, formas de soltar partes de nuestro cuerpo que estén sujetando para poder liberarnos y escapar.

 Fuente: Canal de YouTube Ideas en 5 minutos

Estos son solo algunos ejemplos de los movimientos que podemos realizar en estas situaciones, pero hay muchas técnicas y circunstancias que pueden darse. Actualmente en Madrid, en el Espacio Encuentro Feminista, podemos encontrar un curso permanente y gratuito.

Como decíamos al principio nunca sabemos que haríamos en estas situaciones. El cuerpo puede responder de formas muy variadas, bien, puede generar grandes cantidades de adrenalina que permitan a la víctima golpear con fuerza, o bien, puede hacer que esta entre en estado de shock. Profesionales en psicología de la Harvard Medical School aseguran que la amígdala (parte del cerebro que registra las reacciones emocionales) cuando detecta un determinado peligro suele enviar señales a otras partes del cerebro para que el cuerpo no haga ningún movimiento. Algo que, de hecho, se observa con frecuencia en la naturaleza, ya que muchos animales tienden a quedarse inmóviles o a hacerse los muertos para evitar una amenaza.

De manera que, ya sea que la víctima noqueó a su agresor o no pudo moverse, no es su culpa. Y el hecho de no responder, no hace que esa agresión sea menos grave. Recientemente las ciudades de España se han llenado de mujeres gritando contra este tipo de consideraciones, debido a la sentencia dictada en el caso de La Manada. Queremos sentirnos seguras, libres y tranquilas por las calles, no queremos tener que ser valientes, ni enfrentarnos a estas situaciones.

Las mujeres somos instruidas en el terror de que “algo” nos puede pasar si no tenemos el suficiente “cuidado”. Desde hace años los únicos recursos con los que se ha dotado a las mujeres para defenderse es el dejar de hacer cosas, renunciar a espacios, coartar el libre disfrute del cuerpo y de la sexualidad, etc.

Maitena Monroy Romero, experta en violencia sexista

Aquí radica la importancia de la autodefensa feminista, pues gracias a las asociaciones que imparten este tipo de cursos, cada vez más mujeres son conscientes de sus posibilidades, de que pueden adoptar un papel activo, que pueden luchar y sobre todo, que da igual la fuerza del agresor porque ¡unidas jamás seremos vencidas!

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