Cinco mitos sobre el abuso sexual a menores

Uno de cada cinco menores sufre abuso sexual y el 85% de esos abusos en España no se denuncia. Si esto ya no es un indicador suficiente para preocuparnos, la brutal realidad es que el 70% de las personas que han sufrido abusos sexuales durante su infancia aseguran que sí lo contaron pero que nadie hizo nada.

Mientras que problemáticas como el bullying están ganando visibilidad, tanto en los medios como en panorama audiovisual, el tema de los abusos sexuales a menores sigue siendo una realidad invisibilizada. El principal problema es que sigue siendo todavía un tema muy tabú y sobre el cual se tiene poca información.  

Save the Children presentó en septiembre del año pasado un informe, Ojos que no quieren ver, donde ponen sobre la mesa la cantidad de mitos que existen en la sociedad sobre los abusos sexuales a menores. Tal y como se expone en el informe, no hay un perfil que identifique a quienes cometen estos actos pero dado que el 87% de los abusadores son hombres, utilizaremos a partir de ahora el término “abusador” para referirnos a ambos. De esta forma, y para comenzar a erradicar este problema, es necesario, primero, desmitificar algunas creencias y dar a conocer hechos verídicos sobre esta problemática:

Fuente: Save the Children

MITO 1: Los abusadores son desconocidos

Falso. Enseñamos a los menores a tener cuidado con los extraños pero la realidad de los abusos sexuales en menores nos indica que el mayor riesgo no proviene de personas ajenas a los niños y niñas sino de personas conocidas. Seis de cada diez menores conocían a sus abusadores.

MITO 2: El abuso sexual en menores es algo muy poco común

Falso. De hecho, entre un 10% y un 20% de la población ha sido víctima de abusos sexuales en su infancia. Además, afecta de forma desigual según el género del menor. En los niños suele darse entre los once y los doce años y, en estos casos, el abusador suele reconocerse como una autoridad para él (entrenadores, profesores, monitores…). Sin embargo, en el caso de las niñas, los abusos se suelen dar en una edad más temprana, entre los siete y los nueve años, y el abusador suele formar parte del entorno familiar.

MITO 3: Los abusadores están locos

Falso. Como comentábamos anteriormente, no hay un perfil psicológico de los abusadores. Lo que sí sabemos es que en su mayoría son hombres pero, generalmente, los abusadores son personas “normales y corrientes” que actúan como cualquier otra. Lo único que conseguimos con estas creencias es estigmatizar a las personas que verdaderamente padecen enfermedades mentales. 

MITO 4: Es fácil detectar cuando un menor ha sido víctima de abusos sexuales

Falso. No siempre hay señales claras. Lo más habitual es que el menor no cuente lo que le está sucediendo, el silencio es lo habitual. El abusador, generalmente ya conocido por el menor, suele manipular a sus víctimas construyendo la ilusión de que el abuso es “algo especial” o un “juego secreto”. De hecho, suele creerse que en estos abusos sexuales hay necesariamente penetración u otras prácticas sexuales consideradas de gravedad pero la realidad es que los abusos, dado que forman parte de este “ juego secreto” entre el abusador y víctima, se dan de una forma muy paulatina. Suelen darse los tocamientos y las masturbaciones. Solo se da el coito vaginal en un 4,9% y el anal en un 2,7% de los casos. Son actos progresivos y fruto de un abuso de poder.

“Una progresión que desarma al niño o niña que pudo no hablar en un primer momento porque no supo reconocer lo que estaba pasando, y se calla más tarde por la culpa y la vergüenza de no haber sabido reaccionar y por el convencimiento, azuzado por el propio abusador, y muy común entre niños, niñas y adolescentes que han sufrido esta violencia, de que los responsables de lo que está pasando son ellas o ellos mismos”

MITO 5: Los efectos de los abusos sexuales son casi siempre muy graves

Falso. No todos los menores que han sido víctimas de abusos sexuales reaccionan igual. Es cierto que las personas que han sufrido abusos sexuales en su infancia o adolescencia son más proclives a tener problemas relacionados con un consumo excesivo de alcohol y drogas, sufrir tendencias suicidas o desórdenes alimenticios, entre otros. Pero verdaderamente, la gravedad de los efectos depende de una gran cantidad de factores (frecuencia de los abusos, la relación con el abusador, la intensidad de los abusos…).

Save the Children ha elaborado una tabla en donde recogen los efectos a corto plazo del abuso sexual en menores y adolescentes, de esta manera, y aunque sabemos que no necesariamente todas las víctimas reflejan estos efectos, se trata de una forma de que las personas puedan detectar a tiempo cuando un menor está siendo víctima de estos abusos.

Dada la falta de formación en este ámbito están surgiendo informes como el ya mencionado y también organizaciones sin ánimo de lucro dedicadas a la educación de adultos para la prevención y detección de abusos sexuales en menores, como Darkness to Light. A través de su página web ofrecen pautas y vídeos educativos para que los adultos sepan detectar y actuar en estos casos ya que se ha observado que uno de los principales problemas reside en la falta de educación sexual en las escuelas así como en los padres, madres y educadores que no saben detectar ni actuar en estas situaciones.

Queda un largo camino para la concienciación sobre los abusos sexuales a menores pero una forma de empezar es desde aquí, aportando datos y desmitificando esta situación que sufre uno de cada cinco menores. Solo a través del conocimiento podemos empezar a prevenir y detectar estos casos  y, así, dar comienzo a una formación dirigida al empoderamiento de los niños y las niñas a través de la educación sexual y afectiva desde edades tempranas, que ha demostrado, en aquellos países en los que se ha implementado, ser efectiva y reducir a la mitad las probabilidades de abusos sexuales

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