¿Y si tampoco me depilo las axilas?

Tenía la mano derecha debajo de mi axila izquierda, apretaba fuertemente y la reacción de mi cuerpo era dar saltos en el baño pensando que con aquella danza se me pasaría el dolor que sentía en mi axila. Tres minutos antes estaba delante del espejo, peinada, vestida y con la mochila ya en la espalda, lista para salir de casa. Sin embargo, me había dado cuenta de que no me había depilado las axilas y era el primer día del año en el que vestía camiseta de tirantes.

En ese momento, tuve tres opciones: darme el visto bueno como estaba y salir de casa a la hora que debía para no llegar tarde; cambiarme de ropa; o, puesto que hacía calor para vestir mangar corta, hacer lo que hice, coger la cuchilla y, sin ningún tipo de cuidado y con prisas, pretender depilarme sin problemas.

Ilustración de Rocío Salazar

Cuando quité la mano, vi el corte que me había hecho. Así que después de limpiar y curar la herida, me vestí con una camiseta de manga corta con la que tapar y protegerla un poco.

Dos años atrás, había decidido dejar de depilarme las piernas y otras partes de mi cuerpo, por razones que quedaron plasmadas en uno de los primeros artículos publicados en Las Gafas Violetas: ¿Y si no me depilo las piernas? En aquel momento hablamos de la depilación a lo largo de la historia de diferentes culturas y de cómo, finalmente, se había establecido en nuestra sociedad el estándar de la mujer sin vello a partir del siglo XX.

Aquel día volví a cuestionarme, esta vez me pregunté: ¿por qué las axilas eran la única parte de mi cuerpo que seguía depilando? Gastaba tiempo, dinero, y como acababa de comprobar, me hacía daño, razones por las que dejé de depilarme el resto del cuerpo. Entonces, ¿por qué todavía depilaba mis axilas?

Solo obtuve un razonamiento: si tenía pelo en esta zona mi olor corporal empeoraría. Era solo una cuestión de higiene pensé. Esta justificación no era válida para el vello de los brazos, las piernas, el bigote, el entrecejo, etc. pero aquí sí, me dije a mí misma. Fue entonces cuando, al igual que hace dos años, decidí darle la vuelta a la tortilla: ¿los hombres que conozco que no se depilan las axilas huelen todos mal? ¿Sudan todos más que otras personas que si se depilan esa zona? ¿Huelen siempre mal? Con aquellos con los que he convivido, ¿todos tienen que utilizar desodorante varías veces al día? La respuesta a todas estas preguntas fue negativa.

A diferencia de lo que popularmente suele pensarse, no sudamos por tener pelo. El sudor es, simplemente, uno de los diversos mecanismos que posee el cuerpo para regular nuestra temperatura interna, siempre alrededor de 37oC. En realidad, el sudor carece de olor y es segregado por las denominadas glándulas sudoríparas, de las que es importante señalar que hay dos tipos: ecrinas y apocrinas.

Las glándulas ecrinas se distribuyen a lo largo de todo nuestro cuerpo, concentrándose, sobre todo, en las palmas de las manos, las plantas de los pies, la frente y las axilas. El sudor que segregan es un 99% agua y no huele ni tiene color. En las palmas y en las plantas estas glándulas están activas continuamente, y solo cuando se produce un determinado estímulo se empieza a segregar sudor en otras partes del cuerpo.

Este estímulo puede ser térmico, es decir, que se produzca un aumento de la temperatura, ya sea de nuestro cuerpo, por ejemplo, cuando tenemos fiebre, o del ambiente; emocional, si se dan situaciones que provoquen emociones intensas, como el miedo; o gustativo, que da lugar a sudores a raíz de comer alimentos picantes.

Si bien la glándula ecrina funciona como un termostato, la función de las glándulas aprocrinas es todavía casi desconocida. Estas se sitúan en la zona de las axilas y de los genitales principalmente, y el sudor que producen de forma continua y en pequeñas cantidades es más espeso y graso. Este no posee olor hasta que al llegar a la superficie entra en contacto con las bacterias que haya en la piel, dando lugar a un olor que en cada individuo será diferente y que en el reino animal sirve para marcar territorio o atraer sexualmente. De hecho, estas glándulas se desarrollan, precisamente, durante la adolescencia con el aumento de la cantidad de hormonas sexuales.

Así el mal olor corporal depende de cada persona, desde la genética que posea, la higiene diaria que mantenga, su edad, hasta la alimentación que realice, etc. y no de la cantidad de vello que haya.

De manera que una vez que vi que esta era la excusa que estaba utilizando, que manteniendo una buena higiene no tendría porque oler mal, y que, en realidad, estaba haciendo con mi cuerpo algo que no quería, decidí que aquel sería el último día que yo agarraba una cuchilla para depilarme las axilas.

Sin embargo, el verano estaba cerca y me imaginaba encerrada en casa sin querer salir por la vergüenza, negándome a vestir con camisetas de tirantes, con miedo de estar en bikini, sin despegar los brazos del cuerpo, entre otros muchos gestos que haría con tal de que nadie se diera cuenta del vello presente en mis axilas. Entonces recordé a todas esas mujeres sin depilar que en su momento me animaron. Desde hacía dos años me fijaba en que había chicas que lucían sus piernas con pelo, ahora me fijé en sus axilas también y en tendencias como teñirlas de colores.

Fuente: Instagram @roxiejanehunt

Otra vez habían sido mis compañeras las que me dieron el valor suficiente para sentirme cómoda y bonita con mi cuerpo tal y como yo deseaba que fuera. Esto me hizo pensar en la importancia de tener modelos de referencia que podamos observar desde la infancia, para crecer teniendo en mente que no hay un único tipo de vida, de cuerpo, de forma de pensar, de orientación sexual, de identidad, etc. Por lo que hay que seguir trabajando para que una mujer, ya sea cis o trans, sin depilar sea algo normal y no un tema protagonista de noticias morbosas y negativas en los medios de comunicación.

Por supuesto, hay muchas personas propensas a tener un olor corporal muy fuerte, que en su caso se solucione con la depilación, o que el vello de determinadas zonas les molesta y crea problemas. La cuestión es que debemos ser conscientes de si solo nos depilamos cuando dejamos de vestir ropa de invierno, cuando nuestra pareja nos va a ver, etc. y reflexionar sobre lo que de verdad queremos. Depilarse o no, como cualquier otra decisión que tomemos en nuestra vida, es legítimo siempre y cuando sea por nuestra salud y nos haga sentir más libres.

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