Rosalind Franklin y la invisibilización de la mujer en la ciencia

El ADN (ácido desoxirribonucleico) es la molécula donde se halla toda la información genética de un ser vivo, y las cadenas de ADN se aglomeran formando los conocidos cromosomas que se encuentran en cada una de las células del cuerpo. En 2001, gracias al Proyecto Genoma Humano, impulsado en Estados Unidos, se pudo determinar completamente la estructura del ADN, pero ya en 1962, el biólogo, James Dewey Watson, y el físico, Francis Crick, recibieron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina al confirmar y demostrar que la forma que adoptaba el ADN era la de una doble hélice.

Hoy en día, son muchas las personas que alguna vez habrán oído hablar del modelo de doble hélice del ADN o modelo de Watson y Crick, pero, seguramente, pocas personas conozcan a Rosalind Franklin, la mujer sin la que nada de estos importantes avances habrían sido posibles.

James Dewey Watson, Francis Crick y Rosalind Franklin

A lo largo de la historia existen infinidad de obras de arte, libros, películas, descubrimientos e inventos realizados por mujeres cuya autoría fue adjudicada a un hombre, llevándose este todo el reconocimiento y quedando el nombre de todas esas mujeres olvidado. Este fenómeno no es exclusivo del ámbito de las ciencias, pero cuando se da en este, se conoce como efecto Matilda. Fue descrito por primera vez por la activista feminista y sufragista, Matilda Joslyn Gage, quien en su ensayo de 1870, La mujer como inventora, denunció la invisibilización de la mujer y el robo de sus méritos. No obstante, el término lo acuñó en 1993, la historiadora, Margaret Rossiter, en honor de Matilda Joslyn Gage, y aplicándolo, en particular, a la negación sistemática que se daba de la mujer en la ciencia. Rossiter observó que las mujeres eran mucho más vulnerables al denominado efecto Mateo, aquel por el cual un científico afamado obtendrá más recursos y reconocimientos que cualquier otro que no lo sea, a pesar de que sus contribuciones a las ciencias sean semejantes. Por ello, aplicando una perspectiva de género, Rossiter decidió que era importante destacar el factor del género en esta cuestión.

Matilda Joslyn Gage y Margaret W. Rossiter

Un claro ejemplo del efecto Matilda es Rosalind Franklin. Nació en 1920, en Londres y destacó en los estudios con notas excepcionales desde pequeña. De su pasión por la aritmética en el colegió, pasó a estudiar química en el instituto, hasta unirse al laboratorio de fisicoquímica de la Universidad de Cambridge. En 1950, recibió una beca para trabajar en el King’s College en el departamento de biofísica del Consejo de Investigación Médica dirigido por John Randall, y se unió al equipo formado por Maurice Wilkins y Raymond Gosling que en aquel momento estudiaban el ADN. Rosalind Franklin empezó a trabajar con Gosling, a aplicar sus conocimientos de química, cristalografía de rayos X y mucha paciencia para lograr una fotografía en detalle del ADN, algo que no había sido posible antes. Esto provocó una fuerte enemistad con Wilkins, quien se sentía cada vez más desplazado del proyecto.

Hasta entonces la teoría sobre la estructura del ADN era que este tenía forma helicoidal, pero en 1951, Rosalind Franklin dio numerosas conferencias refutándola. Es durante estas conferencias que Watson y Crick se interesan por su trabajo. Al año siguiente, gracias a la maestría de Rosalind Franklin se tomó la denominada foto 51, en la cual se podía ver con gran detalle la estructura del ADN, aportando así las primeras pistas de que este era una doble hélice. El afamado científico y cristalógrafo John Desmond Bernal dijo que eran “las fotografías por rayos X más hermosas que se han tomado alguna vez de una sustancia”.

Fotografía 51

Mientras que a manos de Crick llegaron numerosos reportes y documentos donde se encontraban los cálculos y descubrimientos de Rosalind Franklin, Watson realizó una visita al King’s College donde Wilkins, sin permiso de Rosalind Franklin, le mostró la fotografía 51. Con toda la información obtenida, Watson y Crick empezaron a trabajar para confirmar la forma de doble hélice del ADN, y fue en febrero de 1953, cuando, en un bar, ambos afirmaron haber encontrado el secreto de la vida. En marzo de 1953,  Rosalind Franklin ya había escrito numeroso ensayos que envió a la revista Nature sobre los nuevos avances en cuanto a la investigación de ADN, sin embargo por acuerdos entre los laboratorios, los artículos de Watson y Crick, afirmando el nuevo hallazgo, se publicaron en primer lugar, quedando los textos de Rosalind Franklin en segundo plano y aparentando ser un simple apoyo teórico.

De tal forma que el modelo de la doble hélice ha pasado a la historia como el descubrimiento de Watson y Crick, además, el Premio Nobel que se les otorgó, en 1962, lo compartieron con Wilkins. Posteriormente, en 1982, otro compañero del equipo de Rosalind Franklin, Aaron Klug, ganó el Premio Nobel de Química al haber continuado su investigación.

Rosalind Franklin falleció a causa de un cáncer de ovario en 1958, por lo que nunca fue ni propuesta para los Nobel ni pudo pelear para que se compartiera con ella aquellos que sus compañeros ganaron después. No ha sido hasta la década de los años noventa cuando se le empezó a otorgar diversos reconocimientos póstumos tales como placas, edificios, esculturas, premios y becas que llevan su nombre. Destacan el Premio BIO Rosalind Franklin para aquellas mujeres que destaquen en el ámbito de la biotecnología, el programa de Becas Rosalind Franklin de la Universidad de Groningen para que investigadoras pueda convertirse en profesoras universitarias, el Premio Rosalind Franklin del Instituto Nacional del Cáncer para mujeres que investiguen en este campo, etc.

Rosalind Franklin

Si bien es cierto que son muchos lugares y universidades del mundo donde se puede encontrar el nombre de Rosalind Franklin con el debido reconocimiento a sus trabajos, a los libros de texto y a la cultura general los nombres que han pasado han sido los de Watson y Crick. Esto solo irá cambiando cuando editores de revistas, jefes de departamentos, jurados de premios, etc. empiecen a reflexionar sobre la paridad entre hombres y mujeres que haya a su alrededor; y cuando en las escuelas se enseñe a las niñas que pueden ser médicas y científicas y se las muestre que su rol no es ser solo musas sino también artistas y creadoras.

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