Conociendo a Ray: la transexualidad en el cine

El mes pasado, por el Día del Orgullo, en Las Gafas Violetas recomendamos distintas películas que de una forma u otra acercaban al público personajes que pertenecían a algún colectivo de las siglas LGTBIQA. En su momento hablamos de la película Tomboy, que estrenada en 2011 cuenta la historia de Michael, un niño trans de 10 años, que al mudarse a un nuevo barrio puede presentarse y socializar como un niño, que es como de verdad se siente y desea ser, ya que nació con sexo femenino y hasta el momento había vivido como Laure.

Mientras que Tomboy plantea el descubrimiento de la identidad de género desde la infancia, el personaje que nos muestra la película Conociendo a Ray está en la etapa adolescente. Ray es un joven trans de 16 años, que desde pequeño sabe que es un chico y que su cuerpo femenino no le corresponde, por lo que decide que quiere terminar sus estudios en otro instituto y empezar el tratamiento hormonal que le permita poder ser quien de verdad es. Sin embargo, la historia, lejos de centrarse en el proceso de transición que se da con el tratamiento hormonal, muestra cómo el entorno familiar de Ray asimila su decisión.

Él vive con su madre, Maggie, su abuela, Dolly, y la novia de su abuela. No obstante, como bien dice Dolly, personaje interpretado por Susan Sarandon, ser lesbiana no implica tener la mente abierta, y tanto a ella, como a la madre de Ray, interpretada por la actriz Naomi Watts, les cuesta afrontar la situación.

Esta película refleja la dificultad de acceder al tratamiento hormonal, los problemas de necesitar el consentimiento paterno, las dudas de una madre sobre si eso es lo que quiere su hijo o está solo confuso por la edad, los obstáculos diarios a los que se enfrentan las personas trans, desde el bulling, hasta la falta de reconocimiento, etc. Incluso a través de las dudas del personaje de la abuela se habla sobre la diferencia entre género y preferencia sexual, pues como bien explica su madre, Ramona no es una chica a la que le gusten las chicas, no es lesbiana, es Ray, que es un chico trans y hetero, porque le gustan las chicas.

Se revela de forma cercana el día a día de tapar el pecho femenino con vendas para que no se note, la frustración de tener la menstruación, el que se usen artículos y pronombres femeninos en vez de masculinos, y cómo poco a poco su familia acepta que Ray siempre fue y será Ray y el paso que va a dar no significa que pierdan a su hija y nieta.

Por una parte, esta producción cinematográfica acertó en la forma de presentar al personaje de Ray, ya que recibió el asesoramiento de la organización sin ánimo de lucro GLAAD, dedicada a como dicen en su página web, “promover imágenes veraces y objetivas de la comunidad lésbica, gay, bisexual y trans (LGBT) en los medios de comunicación para eliminar la homofobia y la discriminación basada en la identidad de género y orientación sexual”. Pero por otra parte, fue la elección de la actriz Ellen Fanning para hacer el papel de Ray lo que el colectivo LGBT no consideró acertado.

Ellen Fanning y Elliot Fletcher

Desde hace años el colectivo trans reivindica que los papeles de personajes trans no los interpreten siempre personas cisgénero, y en el caso de Ray, muchas personas defendieron que el actor trans Elliot Fletcher habría sido idóneo. Precisamente Fletcher aparece, junto a otras muchas actrices y actores trans, en la campaña que se lanzó el año pasado, 2017, Why Hollywood needs trans actors.

En esta campaña no solo se reclamó mejores papeles para el colectivo trans, sino que la representación que se haga de ellas y ellos en la pantalla sea respetuosa, sin caer en el morbo, ni en el mero travestismo, y que suponga una oportunidad precisamente para las actrices y actores trans, quienes en ocasiones son rechazados para estos papeles por “no parecer suficientemente transexuales”. Esto se debe a que muchas veces no se busca simplemente mujeres y hombres trans, sino a personas que cumplan con el estereotipo y la imagen que la sociedad tiene del colectivo, es decir: mujeres con la nuez muy marcada, con voz grave, músculo, o hombres afeminados, con pecho, curvas, etc.

De tal forma que si bien la industria cinematográfica cada vez ofrece una mayor variedad de personajes homosexuales más allá de los estereotipos del gay amanerado, la lesbiana camionera, o transexuales en espectáculos en oscuros bares, todavía queda mucho camino por recorrer en que se normalice la presencia de este tipo de papeles, y otros muchos, más allá del cine independiente. Porque aunque hablemos de ficción, el entorno audiovisual que nos rodea influye desde la infancia en la forma en que percibimos el mundo, al igual que el musical o el literario, y es importante que niñas y niños de todo el mundo crezcan con modelos e historias en sus cuentos, series y pelis favoritas que les enseñen que hay muchos tipos de personas, y que no tienen que sentirse extraños, mal o recluidos por no encajar con un determinado rol, estereotipo, sexualidad o género, sino que tienen libertad para ser y sentir cómo quieran.

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