Lo que quieren decir cuando te dicen “tú no eres como las demás”

Imagina lo siguiente: una chica y un chico han quedado por primera vez. Digamos que están teniendo su primera cita, bueno, llámalo como quieras. Todo va sobre ruedas, love is in the air y todo eso. Él es majo, agradable, atento y entonces, en uno de esos momentos en donde uno de los dos tiene que soltar algo bonito para que todo sea perfecto, él abre la boca, sonriendo como un tonto, y le dice “¿sabes qué? Me gustas porque no eres como las demás”. Entonces ella sonríe porque, efectivamente, todo es perfecto.

Igual no ha hecho falta que te imagines nada porque es probable que lo hayas visto en alguna película romántica. O es posible que te haya pasado alguna vez. A lo mejor no en una primera cita, a lo mejor no fue exactamente así pero si miras hacia atrás, en en el baúl de los recuerdos, tendrás alguna frase similar. Yo sé que tengo las mías y que me aferraba a ellas como a un clavo ardiendo.

Esa frase tan recurrida, el hacernos pensar que no somos como las demás para hacernos sentir especiales, es algo que usan mucho los hombres a modo de cumplido y que nosotras solemos hacer nuestro para diferenciarnos “de las demás” porque sabemos, desde bien pequeñas, que ser como las demás es malo.

Vivimos en constante competencia con “las demás”. ¿Cuántas veces has ido por la calle comparándote con otras mujeres? Piensa detenidamente cuántas veces en tu vida has comparado tus piernas, tu abdomen, la forma de tu cintura o tu pelo con los de otra. Lo cierto es que las mujeres competimos entre nosotras, nos comparamos y así nos hacemos daño las unas a las otras. 

Es tan común que hasta hay estudios sobre la competitividad entre mujeres. Carmen Alborch, ex ministra, escribió un libro llamado Malas: rivalidad y complicidad entre las mujeres en donde estudia las relaciones históricas entre mujeres. En este ensayo, Carmen defiende lo siguiente:

Nos hicieron creer que éramos enemigas por naturaleza de la misma manera que quisieron que creyéramos en nuestra inferioridad natural.

Pero no, las mujeres no somos malas por naturaleza. No dejes que nadie justifique su machismo bajo la consigna de “es que las mujeres sois malas”. Las mujeres no nos odiamos por naturaleza, va mucho más allá. Es una competitividad aprendida bajo una ideología dominante pero invisible. En un sistema patriarcal que nos divide y nos enfrenta.

Forma parte de los roles tradicionales de género. Desde niñas, los productos culturales reproducen el esquema de mujeres cosificadas por su belleza o atractivo, que pelean por seducir al príncipe azul. Desde el prisma de princesa se entiende mejor esa competencia. —Irene Solbes, especializada en el estudio de los prejuicios y actitudes sociales en la infancia

Así, poco a poco y desde que somos pequeñas el machismo nos cala hasta los huesos. Y mientras a los niños se les enseña a tener éxito profesional y poder, a las niñas se les enseña a tener éxito en el amor.

Es en uno de estos estudios sobre la competitividad entre mujeres en donde se concluye que la forma de hacerlo es a través de una especie de agresión indirecta. Según explica Noam Shpancer, a medida que las mujeres consideran ser valoradas por los hombres se sienten obligadas a competir contra otras. Es decir que nos valoramos en función a la atención que los hombres nos brindan y eso nos lleva hasta aquí, hasta este punto en donde nosotras no queremos ser como las demás.

Entonces, cuando un chico me dijo que le gustaba porque yo no era como las demás, me sentí afortunada. Abracé mi diferencia. Yo no vestía como las demás y mientras a todas les gustaba la música comercial a mi me gustaba el heavy metal, por poner un ejemplo. Me negaba a ser como las demás y me subía a un pedestal inexistente desde donde miraba a mis compañeras con lástima porque los hombres me habían dicho a mi que yo no era como las demás.

Como las demás que solo quieren llamar la atención. Como las demás que son todas unas putas. Como las demás que míralas qué faldas llevan. Como las demás que están todas vacías por dentro. Como las demás que ya sabes que las mujeres son muy malas. Y entonces te pones las gafas violetas y todo cambia.

No digo nada nuevo cuando afirmo que vivimos en una sociedad en donde odiar a las mujeres es lo común. Con comentarios, chistes, actitudes. Incluso entre nosotras mismas. Perpetuamos comportamientos de odio hacia las mujeres cuando afirmamos que no somos como las demás o cuando seguimos compartiendo imágenes con mensajes comparativos y competitivos entre nosotras. ¿Por qué es malo ser una chica normal? ¿Por qué nos empeñamos en rebajar a las demás?

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Recuerda que esa frase sacada del manual de ligar de hombres dice mucho más de la persona que la enuncia que de la persona a quien va dirigida. Quiere decir que es un hombre que se acercó a ti con estereotipos sobre lo que es una mujer común y con una idea sobre lo que es la feminidad, una idea que probablemente sea la hegemónica. Y sobre todo, quiere decir que es una persona que está usando esa idea que tiene sobre la feminidad para subirte a ese pedestal inexistente y hacerte sentir especial rebajando al resto de mujeres.

Lo que debes recordar es que no hay forma correcta o incorrecta de ser mujer. Todas somos válidas. Y mientras el mundo quiere que nos comportemos entre nosotras como Blancanieves y la bruja, el feminismo abre un camino más y narra un cuento nuevo: el de la sororidad. No tenemos que ser idénticas ni diferentes, tenemos que desconstruir nuestros prejuicios hacia otras mujeres porque aunque sea lo que has escuchado toda tu vida, el peor enemigo de una mujer no es otra mujer. El peor enemigo de una mujer es el patriarcado.

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