La depresión posparto: un trastorno invisibilizado e infradiagnosticado

Un embarazo simboliza muchos cambios para la persona que lo experimenta. Por supuesto, tiene un importante impacto en tu vida. Se trata de un evento que cambia tu presente y, de alguna forma, condiciona tu futuro. Ya no serás la misma persona. Ahora hay alguien nuevo que depende de ti. Mucho. Muchísimo. Los embarazos también implican un importante cambio físico. No solo se engorda o se te hinchan los tobillos, sino que el cuerpo se enfrenta a un fuerte cóctel hormonal que afecta al funcionamiento del cuerpo y la mente.

Tal es el grado en que estos procesos químicos cambian a las personas que llegan a provocar verdaderos problemas durante, pero sobre todo después del parto. En torno al 80% de las personas que atraviesan un parto sufren lo que se denomina como baby blues. Se trata de una tristeza transitoria que aparece durante los primeros días después de dar a luz. No se conocen exactamente las causas que lo provocan, pero suele atribuirse a los importantes cambios hormonales anteriormente citados. Todo ello unido al estrés que supone tener un hijo y la ansiedad que provoca estar a la altura. Es decir, los factores socioculturales también juegan un rol importante, según afirma la bióloga Irene García Perulero. 

El baby blues suele tener una duración de un máximo de quince días. Si tras este periodo de tiempo los síntomas se prolongan e intensifican puede que se trate de otra cosa. Puede que la tristeza posparto fuera en realidad una depresión. La temida depresión postparto que afecta a un 15% de los embarazos.

Este trastorno lleva a la persona a sentir una sensación de extrema tristeza, ansiedad y cansancio. Aunque los síntomas son muy parecidos a los del baby blues, estos son más graves y se prolongan más en el tiempo. Además, pueden añadirse factores de riesgo como la posible necesidad que puede experimentar la persona de lesionarse o dañar al bebé. También pueden notar una importante falta de apetito. En los casos más graves se sufren incluso alucinaciones.

Otra diferencia que guarda con el baby blues es que la depresión posparto no remite sola. Mientras la tristeza posparto acaba por desaparecer en dos semanas, la depresión debe ser tratada por profesionales mediante vías y tratamientos médicos pues, de no hacerlo, podría prolongarse, aseverarse y tener peligrosas consecuencias. Consecuencias como problemas de salud y alimenticios para el enfermo, insomnios, problemas o dificultades en su capacidad para relacionarse.

En opinión de la bióloga antes mencionada Irene García Purulero, la depresión posparto puede prevenirse. Y no solo debe hacerse en el momento del parto, sino mucho antes. La bióloga afirma que gran parte de la culpa de estas depresiones no recae sobre los cambios hormonales, sino sobre los socioculturales. Afirma que debe procurarse a las personas que van a tener un hijo un entorno seguro. Según ella deberían reducirse las intervenciones a veces innecesarias sobre el embarazo, como es el caso de algunas cesáreas, inducciones o partos instrumentales. También ayudaría que dicho entorno seguro se extendiese al área laboral. Debería permitirse que estas personas se desprendieran de la ansiedad que produce el riesgo de ser despedida o la preocupación de dejar a su bebé de 16 meses a cargo de alguien. Es innegable que las condiciones económicas y emocionales influyen sobre la salud las personas embarazadas. La bióloga añade además que es posible que las depresiones posparto estén infradiagnosticadas porque, según sus afirma en un artículo para El País, “a las madres no nos hacen mucho caso”.

En ese mismo artículo recomienda el contacto piel con piel con el bebé y una mayor proximidad con este. También que es necesario que el entorno de la persona enferma aporte todo el apoyo emocional posible. Todo esto como medidas complementarias al tratamiento psicológico adecuado y necesario.

Por su parte, la artista francesa Emma Clint en su cómic Vacaciones denuncia la falta de reconocimiento y apoyo social a las madres. Critica que muchas veces se tacha como un trastorno provocado por las hormonas del embarazo y, como tal, no se ofrece una solución hasta que es demasiado tarde. Sin embargo, la artista se apoya en los mismo argumentos que Irene García e insiste en que la depresión está más, o totalmente, condicionada por los factores socioculturales que presionan a la mujer, crean entornos hostiles y generan ansiedad.

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Por último, es importante señalar el importante prejuicio social al que estaba sometido este trastorno y la consecuente invisibilización de este. El rechazo al bebé o la fuerte sensación de tristeza y angustia que sufrían las madres estaba asociado a una mala práctica de la maternidad. Es por ello que muchas mujeres lo escondían y pasaban en silencio, o no eran tomadas en serio. Lo cuál, como se ha visto, solo agrava la situación. Sin embargo, como con el resto de enfermedades y trastornos que afectan a la salud mental, cada vez hay una mayor concienciación acerca del tema. De hecho, famosas como Adele se atreven a confesar públicamente haber pasado por la situación. La cantante afirmaba en una entrevista para Vanity Fair que “no hablé con nadie sobre eso, era muy reacia”, pero que al final comprendió que debía ponerle solución. También anima a las nuevas madres a que hablen de cómo se sienten y compartan su experiencia, pues puede “salvarles la vida”.

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