Donna Strickland, el premio Nobel de física y las espadas láser

Seguimos con esta semana especial dedicada a las mujeres galardonadas con un premio Nobel. Hoy le toca el turno a la canadiense Donna Strickland, ganadora del premio Nobel de física.

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Si a Darth Vader, Anakin Skywalker o Obi-Wan Kenobi les diera por buscar en internet quién creo la espada láser que tanto siths como jedis utilizan, probablemente encontrarían nombres extraterrestres de ingenieros o inventores. Sin embargo, el haz de luz principal, el láser, muy probablemente tendría su origen en los prototipos creados por Gérard Mourou, Arthur Ashkin y Donna Strickland ganadores del premio Nobel de física de este año 2018.

Estos tres norteamericanos han sido galardonados con el Nobel por sus importantes contribuciones al desarrollo de herramientas hechas de luz que han revolucionado la física del láser. La clave de todo el proceso premiado es que los tres científicos consiguieron crear pulsos de alta intensidad ultracortos sin destruir el material amplificador. 

Pero más fascinante que todo el tema de las herramientas láser es que Donna Strickland, una de las integrantes de este grupo de científicos, se convierta en la tercera mujer en conseguir un premio Nobel de física EN TODA LA HISTORIA . Aún más que sea la primera en conseguirlo 55 años después de que Maria Goeppert-Mayer se hiciera con él, en 1963. 

Strickland es una de esas pocas mujeres que se dedican profesionalmente a la investigación científica (según cifras de la UNESCO tan solo un 28% de los investigadores del mundo son mujeres). También es de las pocas personas que ha conseguido convertir lo que más le gusta en su trabajo.

La canadiense cuenta que desde pequeña le gustaba mucho jugar con piezas de Lego. Le gustaba construir e inventar cosas con ellas. A medida que pasaron los años, pasó de jugar con piezas de colores a hacerlo con láser.

Nació en 1959 en Guelph, una cómoda ciudad situada en la provincia de Ontario. Después de jugar con legos y decidir su futuro, finalmente entró en la Universidad McMaster de Canadá donde estudió ingeniería. Posteriormente, en el año 1989, se doctoraría en Óptica en la universidad estadounidense de Rochester. Es aquí donde conoció al doctor Gérard Mourou, con quien comparte el premio nobel.

En el año 1895 fue la principal escritora de un artículo científico en el que se mostraba por primera vez la creación de pulsos láser de alta intensidad, lo que supone la parte central del proyecto por el que les han concedido a ella y sus colegas el galardón.

Desde que escribiera el artículo, ella y Mourou continuaron explorando este campo hasta  crear una técnica propia, la llamada “chirped pulse amplification” (Amplificación de pulso gorjeado) o CPA, que revolucionó el trabajo con láser. Antes del proyecto pionero de los dos científicos, el poder del láser era muy limitado, pues al aumentar la intensidad de los pulsos se destruía el amplificador. Y si el amplificador se destruía…

Pero entre todos los logros que acumula, el mayor de ellos es el de sentir cada día como el primero. La canadiense ha confesado que una parte de sí siempre se fascina con la posibilidad de poder jugar con láser de colores a los que suele comparar con “las luces del árbol de navidad”. También categoriza la investigación a la que ha destinado y destina su vida como “divertida”. Como se dijo antes, ha sido capaz de transformar su verdadera pasión en su trabajo.

Respecto a convertirse en la tercera mujer de toda la historia en ganar un Nobel de física, la canadiense comentó que le parecía extraño, ya que hay muchas mujeres dedicadas a la investigación en campos muy relevantes. Afirmó: “necesitamos celebrar a las mujeres físicas porque están allí fuera… Me siento honrada de ser una de esas mujeres”.

Este ha sido un año histórico para las mujeres científicas en lo que a premios Nobel respecta. Además de Strickland, Frances H. Arnorld ha conseguido hacerse con el Nobel de Química. En toda la historia, tan sólo 12 mujeres científicas han conseguido ser galardonadas.

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