Frances H. Arnold: premio Nobel de Química 2018

Acabamos la semana especial dedicada a las mujeres que este año han conseguido hacerse con un Premio Nobel. En anteriores entradas hemos hablado de Donna Strickland, Nobel de Física, y Nadia Murad, Nobel de la Paz. Hoy es el turno de Frances H. Arnold.

La Ciencia, madre de todas la innovaciones, es una mujer feliz al recibir la noticia de que este año dos semejantes se han hecho con un premio Nobel en ciencias. Si la semana pasada hablábamos de la física canadiense Donna Strickland y sus avances en materia de herramientas láser, hoy os presentamos a Frances H. Arnold, la química que lo ha conseguido por su trabajo en la evolución dirigida de enzimas.

Arnold ha compartido el premio con los científicos George P. Smith y Gregory P. Winter por ser los desarrolladores de la tecnología de presentación de péptidos y proteínas en la superficie de los bacteriófagos. Los estudios que viene realizando la científica estadounidense desde 1993 unidos a los desarrollos de sus compañeros de galardón probarían que la teoría de la evolución puede ser usada para la producción de fármacos y biocombustibles de manera sostenible con el medio ambiente. 

La información divulgativa publicada por la Royal Swedish Academy of Sciences precisa más a cerca de la posibilidad de copiar sustancias químicas orgánicas como lo hace la naturaleza tras años de evolución darwiniana. Un proceso en que Arnold ha tenido mucho que ver y que conoce bien.

Frances H. Arnold nació en el año 1956 en Edgewood, un Borough situado en la estado de Pensilvania. Cursó estudios de ingeniería, graduándose en la Universidad de Princeton en el año 1979 en mecánica y aeronáutica, para posteriormente doctorarse en ingeniería química por la Universidad de Berkeley en California. Más tarde se convirtió en catedrática de ingeniería química, bioquímica y bioingeniería en el Instituto de Tecnología de California, en el que es especialista en evolución y aplicaciones en ciencia, medicina, química y energía.

Los primeros trabajos de la científica estadounidense se centraron en la síntesis de una partícula conocida como subtilisina, que a su vez es una enzima que dirige a otras proteínas. Se trata de un compuesto que era de uso comercial común y que podíamos encontrar en detergentes, cosméticos, procesados alimenticios, etc. Arnold usó la evolución dirigida para modificar esta partícula y mejorarla. El éxito de los estudios de la científica fueron emulados por otros investigadores convirtiéndose en una herramienta imprescindible para la biotecnología.

En los últimos años, los trabajos de Arnold se han dirigido sobre todo la síntesis de biocombustibles que sean más respetuosos con el medio ambiente, por lo que se podría decir que sus estudios contribuyen a construir “un mundo más verde”.

A pesar de haber dedicado gran parte de su vida a la investigación, Arnold no olvida a su equipo. “El Nobel me lo llevo yo pero somos un grupo que ama lo que hace. Esto lo he conseguido con ellos”, afirmaba la estadounidense en una conferencia de prensa organizada en Caltech.

Además, en esa misma conferencia Arnold pronosticaba un futuro en que más mujeres se harían con premios Nobel científicos. “Hay mujeres brillantes en este campo. Vamos a ver una oleada de premios Nobel de Química para mujeres”. También añadió, “puede que las mujeres hayamos llegado a la química un poco más tarde que los hombres, pero mientras animemos a todo aquel que se quiera dedicar que se quiera dedicar a esto, independientemente de su raza o su sexo, habrá más premios como este para las mujeres”.

Puede que Arnold tenga razón. Puede que las mujeres hayan venido para quedarse en esto de los premios a la investigación científica.

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