El mito de la belleza: más vivo que nunca


Uno de los sistemas más eficaces para mantener la dominación masculina es terminar con el amor propio de las mujeres a través de este mito

“Para presumir hay que sufrir”, “las mujeres deben trabajar para ser bellas”, “no llores que estás fea” ¿Cuántas veces hemos escuchado este tipo de refranes que se quedan tan calados en nuestra psique? Ya en 1990 Naomi Wolf alertaba sobre el mito de la belleza. Sin embargo, parece que no hemos aprendido nada cuando este mito está más vivo que nunca. El bombardeo publicitario que lanza mensajes hirientes sobre nuestros cuerpos y la presión social por encajar en los cánones estéticos ligados a la feminidad es descomunal y cruel. Conlleva que las mujeres sintamos ansiedad si salimos a la calle sin depilar, sin maquillar o sin las tendencias del momento en nuestros cuerpos, trayendo así como consecuencia la anulación personal y, por tanto, la falta de control sobre nosotras mismas.

Estuve buscando “El mito de la belleza” de Wolf por todas las librerías de Madrid y webs de libros descatalogados. Cuando me topé con la imposibilidad de localizarlo probé a buscar en bibliotecas. Fue entonces cuando conseguí una copia y me sentí como quien encuentra una reliquia. Me parecía inconcebible que fuese tan complicado dar con la herramienta que ayudaría a deconstruir los mitos que tenemos tan interiorizados. Necesitaba leer información que reafirmara lo que ya me temía: que el pudor que sentimos si no salimos “perfectas” a la calle no es normal. Soy consciente de que no es fácil aprender a ser libre de la noche a la mañana, pero análisis como el de Naomi ayudan a entender y desaprender los mensajes hirientes que recibimos por todos los medios.

El mito de la belleza, indica Wolf, genera una caída en el amor propio de las mujeres y elevadas ganancias para las empresas. Veinte años después de la publicación de la autora, cada vez son más las empresas relacionadas con la belleza que se enriquecen a costa de inseguridades (clínicas de cirugía, cosmética, tiendas fast fashion…).

Tal es así que España es el país europeo donde más operaciones estéticas se realizan al año y el quinto a nivel mundial. Además, el 80% de la clientela son mujeres, siendo las cirugías estéticas más realizadas en nuestro país la colocación de prótesis mamarias, las liposucciones, los liftings o estiramientos, aunque la obsesión por la belleza llega a límites que no imaginaríamos, véase la cirugía estética con reconstrucciones vaginales, que están creciendo de manera considerable. Se trata, pues, de una nueva versión del dolor exigida por la belleza que se propaga cada vez más. La cirugía plástica tiene un interés económico que influye de manera directa en la construcción de un papel social para las mujeres que les exige sentirse feas.

Wolf concluye su análisis considerando que se trata de una manipulación consciente de mercado que se enriquece a costa de las inseguridades de las mujeres. Estas crean beneficio de millones de euros y el fugaz desarrollo de poderosas industrias como la dietética, cosmética o la mencionada cirugía plástica. “Surgidas del capital originado a partir de las ansiedades inconscientes y que a su vez son capaces de explotar, reforzar y estimular la alucinación en una espiral cada vez mayor” indica la escritora.

En la misma línea, Betty Friedan en ‘La Mística de la feminidad’ apuntaba que las mujeres son manipuladas para ser convertidas en dinero hasta el punto de hacerlas perder su identidad. En cuanto a esto, Naomi se llegó a preguntar ¿por qué no se dice nunca que la verdadera función que cumplen las mujeres como aspirantes a bellezas es comprar más cosas para el cuerpo? Lo cierto es que si se nos mantiene en la condición de odio a nosotras mismas, de fracaso constante, hambre e inseguridad propias de la aspirante belleza, compramos más cosas.

Cuando Laerte, una ilustradora transexual, decidió comenzar a vestir con ropa femenina apreció una diferenciación muy clara. Declaró que los hombres tienen el poder y son dueños de la calle, el espacio público, mientras que las mujeres no pueden porque no están en su mundo, están en el mundo de los hombres y tienen que cuidar más su aspecto.  “Los hombres salen a la calle tal cual como si fuera suya la calle, las mujeres tienen que arreglarse porque ese espacio no les pertenece” Y en efecto, cada vez son más mujeres las que se sienten inseguras si salen a la calle sin maquillar, las exigencias e imposiciones sobre los cuerpos femeninos cobran protagonismo.

Mujeres sumamente competentes anuladas y cosificadas, peleando contra sus cuerpos, contra el paso del tiempo, contra su naturaleza, en definitiva, a través de dietas, operaciones, etc. Naomi expone “los trastornos en la alimentación han ido aumentando en progresión geométrica y la cirugía plástica se ha convertido en la especialidad médica de más rápido desarrollo” Prosigue afirmando que estamos en medio de una violenta reacción contra el feminismo, que utiliza imágenes de belleza femenina como arma política para frenar el progreso de las mujeres. Es el mito de la belleza. Se trata de la versión moderna de una actitud social vigente desde la revolución industrial. Al liberarse las mujeres de la mística femenina de la domesticidad, el mito de la belleza vino a ocupar su lugar y se expandió para llevar a cabo su labor de control social.

Entonces, sincerándonos con nosotras mismas ¿nos sentimos libres las mujeres? Hoy, el mito de la belleza está más ligado a la resistencia a la liberación de las mujeres de lo que jamás pudiéramos imaginar. La belleza vive profundamente en nuestra psiquis, ahí donde la sexualidad se combina con la autoestima y puesto que se la define muy últimamente como algo que te otorgan desde el exterior y que siempre te pueden quitar, decirle a una mujer que es fea puede hacer que se sienta fea, que actúe con fealdad, que sea en todos los sentidos fea, cuando sentirse belle es lo que mantiene su integridad.

Además, el mito de la belleza no está exento de racismo en una sociedad donde la supremacía blanca es la norma. Desiré Bela-Lobedde, bloguera y escritora, declaró en una reciente entrevista que se trata de violencia estética infligida sobre nuestros propios cuerpos. Más concretamente, manifiesta que sufre una presión enorme en cuanto al pelo afro puesto que no encaja en el canon de blanco, eurocentrado, “que lo que premia es la piel cuanto más blanca, más clara mejor y el pelo cuanto más liso o alisado, mejor” comenta. Asegura que para lograr encajar acaban sometiéndote a tratamientos agresivos con productos muy peligrosos a nivel de salud que a Desirée le llevaron incluso a quemarse el cuero cabelludo. Vemos cómo las imágenes de las mujeres según el mito de la belleza tienden a disminuirnos y convertirnos en estereotipos.

“Lo más importante es que la identidad de las mujeres debe apoyarse en la premisa de la belleza, de modo que las mujeres se mantendrán siempre vulnerables a la aprobación ajena, dejando expuesto a la intemperie ese órgano vital tan sensible que es el amor propio”.                    —Naomi Wolf

Y sí, yo, que me he mirado al espejo con rechazo al verme acné, que continúo maquillándome para salir, que me aliso el pelo, que me depilo… Soy consciente de que todos mis gustos se han creado en una construcción patriarcal. Que son consecuencia de este mito que tenemos tan interiorizado y que quiero recalcar para decirles que no se trata de martirizarnos, sino de tomar consciencia sobre lo que hacemos y entender que si no logramos sentirnos seguras con nuestro vello y nos acompleja, es resultado de un sistema opresivo.

Noelia Morgana en su último poemario invita a aceptar y respetar el momento en el que nos encontremos “no siempre se está preparada para todo lo que te gustaría estarlo y ello no te exime de estar inmersa en esa deconstrucción en la que viertes tantos litros de amor al día”. Se trata de respetar el proceso en el que estamos teniendo clara la dirección a la que queremos ir y empoderarnos.

Si no conseguimos liberarnos de este mito, como de muchos otros, habremos fracasado como sociedad.

Ilustración realizada por Tessa Impresa ( IG: @tessaimpresa)

Sobre la autora: 
Nadia Martín, graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Ha formado parte de la Asociación de Mujeres Profesionales en Medios de Comunicación, Off Magazine, La Provincia y FN Noticias. Formación en "Feminismo y políticas de igualdad‟ por la escuela Clara Campoamor, en "Periodismo y género‟ por El País y en Violencia de Género por el Instituto de Género de la UC3M. Actualmente realizando el Máster en Estudios Interdisciplinares de género. Y llevando a cabo el proyecto fotografía feminista www.nadiamartinfoto.com

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