Heteronormatividad y monogamia, ¿deseo o imposición?

¿Y si repensar nuestra manera de relacionarnos sea uno de los pasos para terminar ciertas prácticas que alimentan al patriarcado?

Este artículo comenzó escribiendo en el blog de notas pros y contras de decidir amar de una forma subversiva y libre en un ejercicio sobre la búsqueda de mi identidad. Pero el tema da para tanto y tener referentes sobre esto me ha ayudado tan enormemente, que consideré idóneo compartirlo. Bien, partiendo de la base de que llevamos amando de la manera que nos han impuesto desde que nacemos, creo que es necesario un análisis desde la base.

Al adentrarme a escribir sobre relaciones, hay numerosos temas que entran en juego si nos ponemos las gafas violetas. Desde los mitos del amor romántico, la monogamia impuesta, la cultura de la violación, el capitalismo, la heteronormatividad, la maternidad, hasta el matrimonio como sistema social y económico. Intentaré ser todo lo concisa posible y, a la par, trataré de no dejarme (casi) nada en el tintero.

Me encontré en el camino que hay muchas otras formas de querer a alguien que no nos habían contado, diversos modelos de relaciones que no encajan en la norma. En la búsqueda de qué es lo que me servía a mí (que no tiene que ser igual que a otra persona, hay tantas maneras de amar como gente en el mundo y todas están bien si no están impregnadas de toxicidad y sí de empatía y amor sano) me encontré con numerosas autoras que iré citando a lo largo del artículo y que leerlas fue para mí como un abrazo.

Hay que destacar que sin perspectiva de género no podemos hablar de amor, la forma de relacionarnos está directamente ligada con los roles que nos asignan a mujeres y hombres y con la desigualdad sistémica de género. Ya en los setenta denunciaba Germaine Greer que los roles sexuales no dependen de la biología, sino que son creaciones sociales. Y es precisamente por ello que Kate Millet decía “el amor es el opio de las mujeres como la religión el de las masas. Mientras nosotrasamábamos, los hombres gobernaban”.

Para empezar, me detendré en el mito de la fidelidad y exclusividad. Para ello, resulta idóneo plantearnos la cuestión que puso sobre la mesa María Fuentes en ‘Mujeres y Salud desde el sur’: ¿Por qué la monogamia sigue siendo incuestionable y contemplada como el modelo ideal de relación a pesar de la insatisfacción generalizada respecto a ese modelo y la alta incidencia de infidelidad reconocida? Reflexiona, a su vez, sobre los estereotipos y creencias que aparecen sobre lo que debe ser una pareja.

Hay una especie de sensación colectiva que considera que esto no es lo que les habían contado, algo no funciona, sé cómo debería ser, pero no sé qué falla para no conseguirlo.

En muchos casos el modelo de convivencia monógama no responde a las necesidades de la ciudadanía. Brigitte Vasallo expone que la monogamia no es una práctica que se limita a la exclusividad sexual, sino que se trata de un sistema que nos construye de una manera concreta. Así, plantea la cuestión: ¿Por qué un amor excluye a otros amores? A través de sentimientos como la culpa surgen restricciones de la sexualidad que nos autoimponemos y esas emociones están mediadas por lo social, no debemos ser esclavas de lo que sentimos. Lo emocional ha sido atravesado de forma transversal por el patriarcado, por ello nos resulta tan complicado deshacernos de los mitos del amor que generan toxicidades y que tanta ansiedad nos hacen sentir. Por tanto, la exclusividad y omnipotencia del amor no deben ser una obligación, sino que irnos o quedarnos es una decisión. Vasallo explica:

La monogamia es codificada por el amor romántico, es en el que nos han educado.Nos cuentan que sólo una forma de amar es válida y te tienes que adaptar.

Dicha teórica cuenta, además, que existe una jerarquización que sitúa a la pareja por encima del resto de relaciones invisibilizándolas:

Ponemos por encima de todos los demás amores al amor romántico, dejando en un segundo plano el amor al resto de personas de tu red afectiva: amigas/os y familia. Hablamos de sólo amigo, pero no decimos sólo pareja.

En contraposición, el feminismo trabaja para construir relaciones basadas en la libertad y en la deconstrucción de lo que significa ser mujer y ser hombre, para relacionarnos lejos de la normatividad de género, que nos impone un estilo de vida con unos roles inmutables.

Amar lejos del romanticismo patriarcal

En esta línea, Coral Herrera teoriza sobre el amor a través de su liberación de la carga patriarcal en su libro ‘Mujeres que ya no sufren por amor: transformando el mito romántico’, en el que analiza la manera en la que aprendemos a ser hombres y mujeres y a relacionarnos. La autora sostiene que lo romántico es político, que otras formas de relacionarnos son posibles y que ningún amor es ilegal. Además, desmonta la idea de que para amar de verdad hay que sufrir y pasarlo mal. Herrera escribe que sufrimos por amor porque no hemos recibido educación emocional y no sabemos cómo gestionar las emociones. Y ya si hablamos de una educación con perspectiva de género, menos aún.

Y, efectivamente, a las mujeres nos han educado en el miedo y la culpa, si disfrutamos de nuestro cuerpo y empoderamos nuestra sexualidad, seguimos siendo juzgadas y estigmatizadas bajo argumentos moralistas que nos sitúan en un rol pasivo. Los medios, en un ejercicio de violencia simbólica, te dictan que tu fin último es agradar a los hombres a través de la belleza. Lejos de aprender a desear, hemos aprendido a ser deseadas.

Debido a influencias culturales y religiosas la sexualidad femenina sigue siendo tabú. Todo esto nos ha llevado al desconocimiento de nuestro cuerpo, de forma que el coitocentrismo y falocentrismo siguen protagonizando nuestras relaciones en un sistema que ha regido que debemos satisfacer a los hombres por encima de una misma. Gloria Arancibia en “Placer y sexo en la mujer” expuso:

Los genitales son unazona inexplorada para la gran mayoría de mujeres y cuando hablan de ellos los describen como poco estéticos.

Desde pequeñas la heterosexualidad y la monogamia han sido la norma. Se da por hecho que te va a gustar un chico, que vas a ser monógama y que, por supuesto, tu sexualidad se limitará a la reproducción: serás madre, que es tu función. Nos han dictado que estamos incompletas sin otra persona, reforzando ese mito de la media naranja que nos hace seres dependientes y echa por tierra la emancipación por la que tanto luchamos desde el feminismo. Al patriarcado le interesa mantenernos en la monogamia heteronormativa, relegadas en el espacio privado de la casa y la procreación. Aunque ¡ojo! esto no quiere decir que no exista poliamor neoliberal y machista que siga los patrones del falocentrismo e hipersexualización de las mujeres disfrazada de liberación sexual.

Por otro lado, es preciso analizar el lenguaje que utilizamos con nuestras relaciones. Con expresiones como “eres mía” (título de numerosas canciones sobre amor), “soy sólo para ti”, etc, disfrazamos de romanticismo lo que posiciona a las parejas como propiedades privadas en vez personas que comparten caminos de la mano de forma consciente. Hay que destacar que los celos tienen mucho que ver con este factor de propiedad privada. Por el contrario de lo que se suele creer, estos no son sinónimo de amor, crean toxicidad para la pareja e inestabilidad emocional para la persona misma: lleva a chantajes, control, miedos, reproches e incluso violencia sobre las mujeres particularmente por la desigualdad de género y las relaciones de poder en un sistema androcentrista.

No obstante, está en nuestra mano hacer una decodificación personal y deconstruir los mitos del amor romántico dañinos como el de “el amor todo lo puede”, que lleva a aguantar lo iniguantable y deja de lado la realidad, y es que si duele no es amor. Para querer libremente es necesaria una introspección por parte de todas las personas implicadas. Soy consciente del nivel de trabajo propio que conlleva esto, sé que deshacerse de lo que te llevan repitiendo por activa y por pasiva no es tarea sencilla. El psicólogo Carlos Yela (citado en “Morder la manzana”) analizaba:

Cuando algo no funciona en nuestras relaciones, lo habitual es ponernos en cuestión, nuncacuestionar los mitos. Y quizá deberíamos hacer lo segundo.

Hay muchas formas de querer a alguien y de relacionarnos, no creo que haya una fórmula mágica ni una teoría absoluta sobre cómo debe ser el amor ni sobre cómo ser felices con él. Lo que sí considero fundamental es dejar las cadenas que oprimen nuestra sexualidad y nuestras emociones y vivirlas de una manera inclusiva, diversa y libre.

Extebarría en “Más peligroso es no amar” asegura que “las personas con miedo a sí mismas huyen de la felicidad porque temen ser marginadas y rechazadas si se atreven a experimentar otras cosas”. Si tratamos de deconstruir el machismo que tenemos interiorizado, seremos capaces de relacionarnos lejos de los sistemas violentos de dominación. Decía “La Otra” que “dicen que da miedo la libertad, no sentirla nunca más miedo me da…Te quiero libre”. #AmarNoEsPoseer

Fuente: @nadiamartinphoto
Sobre la autora: 
Nadia Martín, graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Ha formado parte de la Asociación de Mujeres Profesionales en Medios de Comunicación, Off Magazine, La Provincia y FN Noticias. Formación en "Feminismo y políticas de igualdad‟ por la escuela Clara Campoamor, en "Periodismo y género‟ por El País y en Violencia de Género por el Instituto de Género de la UC3M. Actualmente realizando el Máster en Estudios Interdisciplinares de género. Y llevando a cabo el proyecto fotografía feminista www.nadiamartinfoto.com

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