Testimonio #6

No creo que esté lista para contar mi historia pero creo que es un desahogo el contarlo por aquí. Aún así me es difícil saber qué contar y cómo. Así que empiezo por el principio.
Mis padres eran alcohólicos. No nos confundamos, no eran de beber todos los días pero sí que recuerdo que cuando lo hacían podían pasarse así 3 días. Eso sí, nunca dejaron de ocuparse de mí ni nada por el estilo pero a causa de esto, desde muy pequeña he sufrido de los nervios y he tenido que tomar pastillas pues tenía episodios donde las manos me temblaban mucho. Cuando mi padre llegaba a casa con una bebida de más, eso suponía que, por consecuente, mi madre también lo hacía. Mis padres nunca fueron bebedores normales. Mi padre se ponía violento y mi madre vomitaba todo lo que bebía. A raíz de esto, en mi casa siempre tenía que andar despacio, metafóricamente hablando, pues cuando se ponían así, mi padre se convertía en un maltratador. Bueno, lo era de todas formas.

Hay muchas cosas que recuerdo y me gustaría olvidar pero de las menos humillantes fue una vez en la que estábamos en una tienda de juguetes el día de reyes y yo quería una muñeca (claro está) y mi padre en su borrachera cogió el juguete y lo tiró al suelo gritándome sobre cómo me podía gustar esa mierda y que el no se iba a gastar el dinero en eso, todo esto con la tienda llena de gente y otros niños. Siempre que eso pasaba, la culpa le comía por dentro y terminaba comprándolo pero el daño ya estaba hecho. Cada vez que yo escuchaba a mi padre pegarle a mi madre, yo me escondía en mi habitación y me ponía a llorar, sintiéndome impotente ante la situación. De ahí supongo que nació mi miedo a todo lo que hago, toco y a la vida en general. Hubo muchos más episodios (y peores) pero esos se quedarán conmigo siempre.

Siempre le reproché a mi madre que no se divorciara de mi padre pero siendo de una familia rota ella también, hace poco me explicó que nunca lo hizo porque siempre creía que una familia debía estar unida y que lo hizo sobre todo por mí. Más culpabilidad para mí.

Mis padres entraron a un grupo de Alcohólicos Anónimos cuando yo tenía 8 o 9 años y de vez en cuando me llevaban para escuchar las historias de otras personas, que eran muchísimo más fuertes que las que yo había vivido hasta ese momento. Mi madre lleva limpia desde hace ya más de 10 años pero mi padre sigue recayendo. Su excusa «Yo estoy demasiado mayor para cambiar y es mi forma de ser»

Cuando vine a España en Octubre de 2010, y empecé el instituto en noviembre, me hicieron bullying. Una chica nueva, latina y de color. Era el blanco perfecto para todo tipo de burlas, hasta me llamaban «bicho» en la cara. Por esa época yo tenía acné y, bueno, nunca he estado muy feliz con mi apariencia. Por lo que entré en una depresión. No quería ir al instituto, cuando iba me escondía en el aula de Música porque si salía al recreo me ponía a llorar desconsoladamente y ese fue mi lugar de refugio durante todo segundo de la ESO y un poco de tercero. Unas chicas que supuestamente eran amigas mías, propagaron el rumor de que yo tenía piojos y todos me hacían el vacío, me sentaba detrás de una chica y ella echaba su mesa hacia adelante para alejarse de mí. Todo esto duró hasta tercero de la ESO. Pero mi depresión no mejoraba.

Mi autoestima bajó tanto que cada vez que me miraba al espejo sentía repugnancia y asco. Llegué hasta sentir vergüenza del color de mi piel. Me refugié en mis dos mejores amigos: la música y los libros. Gracias a ellos pude hacer amigos geniales que, aunque eran pocos, eran importantes (y lo siguen siendo). Sin embargo, el daño ya estaba hecho.

En casa, tengo el apoyo incondicional de mi madre pero a mi padre a menudo se le escapan comentarios como «no sirves para nada», «¿Qué vas a hacer con tu vida?», «tienes instrumentos y no los tocas», «eres una fracasada» etc. y cada vez que salgo, me echa en cara el dinero que me ha dejado, por lo que muchas veces decido no salir para evitar la discusión. No es un mal padre pero hay muchas cosas que podría haber hecho en mi juventud que el me negó y ahora que he perdido la pasión, no puedo empezar a hacerlas o aprenderlas porque no puedo. No es un mal padre, eso lo afirmo, pero no todo reside en lo material, y el daño psicológico que me ha causado hasta el punto de pensar que soy una fracasada en la vida, no tiene remedio.

Siendo de padres latinos, ellos no creen que una persona tan joven como yo pueda sufrir de depresión. Fui varias veces al psicólogo pero jamás pude abrirme. Me cuesta mucho expresar todo lo que siento, he sentido y todo por lo que he pasado para llegar hasta este punto.

Llegué a la autolesión, pues hubo un momento en mi vida en el que no sentía nada, y sentir dolor me provocaba satisfacción. También he pensado varias veces en cómo sería la vida sin mí y en cómo nada cambiaría, porque me he autoconvencido de que no he hecho ningún cambio significativo en la vida. Nunca he pensado en el suicidio de forma seria, porque soy una cobarde y porque ante todo, está mi madre y nunca podría hacerle algo así.

Contar esto hace que llore, porque es duro aceptar que tienes un problema. El no creerle a la gente cuando te dice que te quiere o el pensar que vas a estar sola toda tu vida por cómo eres, como te han hecho creer, es jodido. A todo esto, tengo un metabolismo rápido y gano y pierdo peso muy fácilmente aunque siempre estoy delgada. En el instituto llegaban a preguntarme si había ido al baño a vomitar lo que había comido entre risas. Hoy en día, hay días en los que me quiero y otros muchos en los que no. Sigue sin gustarme mi apariencia física. Aunque supongo que me lo tomo con más calma porque «estoy acostumbrada.» Odio las confrontaciones, debido al acné y a que tengo un poco más de vello que el normal, tengo cicatrices de granos por las piernas y toda la espalda y me cuesta mucho ponerme una falda o un vestido sin mirarme y odiarme a mí misma. Tengo los dientes torcidos y, a parte de tener que vivir con los problemas normales de una mujer, tengo que vivirlos el doble por ser una mujer de color.

Sin embargo, me siento más fuerte que antes. Siento que ya no me resguardo en las apariencias y soy simplemente yo, aunque hay veces en las que sea difícil entenderme o entender mi forma de pensar. Puede parecer que sea algo insignificante, pero es un gran paso para mí. Antes me escudaba en ser una muchacha siempre feliz fuera, cuando en casa me sentía miserable. (Ahora lo soy en los dos lugares jajajaja). En fin, tengo miedo de la vida. Y no pasa nada. Lo que quiero decir es que si estáis pasando por algo así, lo único que puedo decir es que algún día acabará. Yo no pierdo la esperanza. Ni tú tampoco deberías. Hay personas que nacieron para ser estrellas y otras para ser estrellados. No seas una estrellada como yo y fuérzate a ser feliz. Poco a poco y a paso lento. Hay tiempo.

Anónima

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