Cultura

La informática tiene nombre de mujer: Ada Lovelace

Fuente: Letrero del Espacio Fundación Telefónica

A lo largo de la Gran Vía se encuentra un espacio de exposiciones dedicado a dar visibilidad a aquellas mujeres que han sido relevantes para la historia pero que, tristemente, se han quedado en el olvido o relegadas a un segundo lugar detrás de los grandes hombres de la historia. Hoy, y desde abril de este año, Ada Lovelace es la protagonista de este espacio.

Es un lugar más bien pequeño y allí están reunidas unas ocho personas, tres de ellas, hombres. Llama especial atención la presencia de una niña de siete años que mira todo con ojos de ilusión y que escucha a la mujer que guía la exposición con mucha atención. Su madre la abraza por detrás.

Espacio Fundación Telefónica: Ada Lovelace, la encantadora de números

En el centro de la exposición hay unos cubos iluminados con nombres de personas ilustres como Lord Byron, Charles Babbage, Mary Somerville, Luigi Federico Menabrea y Augustus de Morgan, entre otros. Todas y cada una de estas personas influyeron la vida de Ada Lovelace profundamente.

La luz es tenue y acogedora, todos rodean a la guía, que comienza a hablar sobre la vida de Ada, una mujer que se salió completamente de los cánones establecidos para las mujeres de la época, el siglo XIX.

—¿Cuál creéis que eran los dos propósitos de una mujer de clase alta, como Ada, en aquella época?

La guía lanza la pregunta al grupo y no hace falta que la gente piense demasiado, dos mujeres del grupo dicen a la vez:

—Casarse y tener hijos

Nora, la pequeña de siete años, frunce el ceño y mira hacia la guía, a la espera una explicación. No entiende que las mujeres tengan que casarse con un hombre para ser alguien. Con mucho interés escucha a la guía explicar cómo Ada, a pesar de tener tres hijos y casarse (con el Conde de Lovelace, apellido por el cual se conoce a Ada), su vida fue algo muy fuera de lo común. Las mujeres normales recibían una educación muy básica, aprendían a leer o escribir pero la madre de Ada, Annabella, le interesaban mucho las matemáticas y luchó para que su hija recibiera una educación mucho más allá de lo básico. Ada aprendió a hablar francés y estudió música y aritmética toda su infancia. Mary Somerville, una de sus profesoras y, además, conocida científica del siglo XIC, constituye una gran influencia para la que será la Ada del futuro.

Obviamente, no todos los tutores que tuvo Ada estaban de acuerdo con la educación que recibía. De hecho, uno de ellos, Augustus de Morgan, le comunicó a su madre, preocupado, que Ada pensaba demasiado. Decía que Ada tenía demasiado intelectual para el cuerpo de una mujer y que necesitaría la constitución de un hombre para poder afrontar la fatiga de pensamiento —explica la guía. Nora, que tiene uno de sus dientecitos caídos, abre la boca incrédula y niega con desaprobación

Nora no entiende que a las mujeres no les dejaran estudiar lo que les gustaba solo por ser mujeres. Ella dice, muy orgullosa, que quiere ser profesora y qué si su madre no le dejara ella lo haría igualmente. Todo el grupo ríe con su pequeña aportación y Nora se encoge entre los brazos de su madre, que mira a su hija con orgullo. El grupo se mueve a través de la sala para posicionarse frente a unas urnas, al otro lado de la sala.

En ellas vemos abanicos, plumas, cartas de baile, tocadores portátiles, frascos de perfume o joyeros… Objetos que relatan la vida de una mujer en el siglo XIX. Estos han sido donados por el Museo del Romanticismo de Madrid. Ninguno de ellos perteneció a Ada pero se donaron con la idea de crear espacio más cercano a la vida de Ada, de lo que ella pudo ser y no conocemos. Sin embargo, una de estas vitrinas tiene objetos que destacan entre los otros. Encontramos utensilios  de medicina de la época, cosas que, hoy en día, parece descabellado utilizar. Instrumentos para hacer las sangrías, ese tratamiento médico que consistía en la extracción de sangre y que se usaba  para el tratamiento de dolencias; también encontramos botes de cristal con alguna sustancia química dentro. Todo parece fuera de lugar y despierta la curiosidad del grupo

—Estos instrumentos se encuentran aquí porque al final de su vida, Ada sufrió cáncer de útero y murió con tan solo 36 años 

El grupo se mueve de nuevo, siguiendo las explicaciones de la guía. Se dirige hacia una nueva vitrina en la que se encuentra una máquina de aspecto antiguo, al lado de un nombre: Charles Babbage. Un matemático con el que Ada mantuvo una gran correspondencia y que conoció en una de las muchas fiestas en donde la alta sociedad se codeaba con intelectuales, artistas y científicos. Babbage para entonces estaba trabajando en una máquina que fascinó a Ada.

Se trataba de la Máquina Diferencial, con la que se podían hacer cálculos sin la ayuda humana. Podría decirse que era el tatarabuelo de las calculadoras.

Reproducción de un fragmento de la Máquina Analítica de Babbage

—Para entonces en la época había personas que se llamaban «calculistas», que se dedicaban a hacer operaciones matemáticas de todo tipo y sacaban unas tablas que se publicaban en libros para que la gente que las necesitara los adquiriera. El problema era que esto lo hacían personas, así que los cálculos podía tener errores y eso, a la hora de hacer una construcción importante, podría ocurrir que todo se fuera al traste

Charles Babbage comenzó con esta máquina, que fue financiada por el gobierno británico, pero su gran proyecto fue la Máquina Analítica, que nunca llegó a realizar. Es precisamente gracias a este invento que comienzan las grandes aportaciones de Ada.

—Babbage fue a Turín a dar una conferencia sobre su máquina y allí Luigi Federico Menabrea escribió un artículo en francés, el idioma internacional de la época. El artículo llegó a manos de Ada y ella lo tradujo al inglés

Pero Ada no se limitó a solo eso, también hizo numerosas anotaciones y explicaciones sobre la máquina. Se trataron de unas notas explicativas que acabarían triplicando en cantidad al texto original y que harían que se convirtiera en uno de los documentos más importantes de la historia de la computación. Ada, sin saberlo, trabajó en lo que sería el primer programa informático de la historia.

El grupo se encuentra ahora más cerca de la guía, queriendo oír más sobre la extraordinaria vida de Ada. La guía habla sin parar, explica el funcionamiento de la máquina de forma muy burda y saca de su bolso unas tarjetas perforadas. Este sistema era el que usaba la máquina para poder funcionar sin la intervención humana y sería el sistema que utilizarían también los primeros ordenadores en los años 50. Nora está anonadada y mira con la boca abierta, en uno de los vídeos que muestra la guía, cómo funcionan esas tarjetas dentro de la máquina. Sin embargo, todos miran a Nora. Ninguno de ellos, siendo adulto y comprendiendo la historia completamente parecen entusiasmarse tanto como ella ante la idea de que una mujer pudiera crear todo ese sistema, tan complejo y revolucionario para el momento.

—Ella, cuando publica su artículo, lo hace sin su nombre, solo pone sus iniciales, A. A. L.,  ¿alguien se imagina por qué firma con sus iniciales?

De nuevo, Nora se queda muda y espera a que alguien conteste esa pregunta que, por su inocencia, ella no puede responder. Las mujeres del grupo hablan por ella. El problema era que Ada era una mujer y no podía firmar con su nombre porque, de hacerlo, su trabajo no se tomaría en serio. Y, aunque la guía asiente, ella comenta que eso no es solo cosa del pasado.

—¿Creéis que esto de que las mujeres tengan que firman sus escritos con sus iniciales sigue pasando a día de hoy?

La mayoría de las personas del grupo niegan con la cabeza. Eso es cosa del pasado. Sin embargo, y tristemente, no es así. Hay un ejemplo muy conocido, el de J.K. Rowling. La guía explica que la escritora de la archiconocida saga de Harry Potter fue, también, uno de estos casos. Su editor le pidió que quitara su nombre porque, de no ser así, la gente sabría que los libros habían sido escritos por una mujer y que no se venderían. Estamos hablando de los años 90. 

Así, Ada muere sin reconocimiento alguno. Sería cien años después cuando Alan Turin, el que es considerado el padre de la informática, recogería la figura de Ada y de Babbage y realizaría su tesis sobre Ada, hablando sobre la máquina y, en base a los cimientos que sentó ella en su época, ahonda todavía más en las posibles funciones de esta máquina. De esta manera, y aunque muchos biógrafos dicen que, en realidad, las anotaciones de Ada no son de ella sino de Babbage, las aportaciones visionarias de Ada Lovelace comienzan a tener, por fin, reconocimiento.

La exposición termina y Nora abraza a su madre, las dos dan vueltas por la sala, una vez más, deteniéndose para observar las vitrinas y leer los letreros. Es una bella escena. Una madre que enseña a su hija las mujeres que lucharon contra viento y marea para revolucionar la historia. Ellas podrían ser una pequeña representación moderna de Ada Lovelace y su madre, quizá. Annabella, como la madre de Nora, quiso que su hija aprendiera cosas que una niña normalmente no aprende. 

Fuente: Letrero del Espacio Fundación Telefónica

Las mujeres son las grandes ausentes de los libros de texto, pues se aprende sobre los grandes hombres de la historia y sus hazañas, pero no se enseña a los niños y niñas que la primera persona programadora de la historia fue, de hecho, una mujer. Los descubrimientos de Ada no tuvieron la repercusión que se merecían y, durante mucho tiempo, incluso fueron olvidados. Quizá, si  la ciencia hubiera escuchado lo que Ada tenía que decir, la informática, tal y como se conoce hoy, sería completamente diferente. 

Es por eso importante que existan espacios como este para combatir la invisibilización que han sufrido y que todavía sufren sistemáticamente las mujeres, es importante que las niñas de hoy en día crezcan teniendo referentes femeninos en quien fijarse y es importante que las madres y los padres de estas niñas vayan con ellas a lugares como este. Es importante que las niñas como Nora se vean representadas porque, de no ser así, las niñas no podrán convertirse en algo que no pueden ver.

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