Cinco mitos sobre las lesbianas


En un mundo como el nuestro es normal ver etiquetas por todas partes. Las etiquetas que adquirimos nos dan una serie de cualidades y características que compartimos con todos aquellos que se incluyen dentro de ellas. Algunas veces, somos nosotros mismo quienes decidimos adoptar una por sentirnos identificados con ciertos rasgos comunes o pensar que correspondemos a un colectivo determinado. Por ejemplo, uno decide etiquetarse como homosexual al darse cuenta de que le atraen las personas de su mismo sexo. Otras, en cambio, nos son impuestas por la sociedad al pensar que podemos encajar en ellas. Por ejemplo, cuando te etiquetan de “puta” por enseñar tus pechos en una red social. Algunas etiquetas son altamente insultantes para las personas que las portan. Otras, que no deberían, acaban siendo utilizadas como insulto. Lo que todas las etiquetas comparten es, precisamente, que engloban una serie de cualidades y características que, como he dicho antes, se identifican con las personas que forman parte del grupo concreto y que, en la mayoría de las ocasiones, son más bien prejuicios creados en torno dicha marca. Por ejemplo, se piensa que todos los funcionarios son unos vagos porque algunos de ellos lo sean o que todas las lesbianas juegan a fútbol. Cada persona es un mundo y el hecho de que haya personas que se parecen no quiere decir que sean todas iguales.

Estos prejuicios provocan que se creen una serie de mitos fruto de los estigmas sociales en torno a las personas portadoras de esta etiqueta. Un buen ejemplo sería el último mencionado: el de las lesbianas. Son muchos los mitos y estereotipos que se disponen alrededor de la figura de las lesbianas y que provocan que se las encasille o que se dude de su sexualidad si no se cumpliese alguno de estos cánones. La mayoría de ellos están ligados a los roles de género y los roles heterosexuales de pareja, puesto que al vivir en una sociedad heteropatriarcal las relaciones se disponen siguiendo como modelo el heterosexual.

Por ello, hoy nos ponemos las gafas violetas para analizar cinco mitos que se crean en torno a la etiqueta de lesbiana y que se generalizan para todas las personas que se engloban o pretenden englobarse dentro de esta marca. 

  1. Las lesbianas siempre son masculinas. 

Mucha es la gente que cuando ve una mujer que viste con una estética masculina (pelo corto, ropa reconocida como de hombre o más musculadas) tienden a calificarla directamente como lesbiana. Y es cierto que muchas chicas homosexuales presentan esta estética e, incluso, se podría decir que tienen actitudes físicas que la sociedad atribuye a los hombres, como determinadas maneras de caminar, de coger cosas, etc. 3577018506_3b478fdd94_b

Existe algo que se conoce como expresión de género (la manera en que nos presentamos al mundo) y que no tiene porque estar relacionada con el género con el que nos identificamos o nuestra sexualidad. La sociedad dicta que hombres y mujeres deben comportarse de acuerdo a unos roles de género. Todo el que se salga de su rol está manifestando una expresión de género diferente. Esto es lo que ocurre con las lesbianas consideradas «masculinas». Sin embargo, y como he dicho antes, la expresión de género y la sexualidad no tienen porque estar relacionadas. Así, se dan casos en que hombres y mujeres no se identifican con algunas partes del rol que se les asigna y, por el contrario, sienten mayor afinidad con el opuesto. Los roles se presentan como constructos muy cerrados y ha quedado más que probado que imponen características a las personas con las que estas no se sienten cómodas y para las que tienen que fingir. Algunos, cansados de pretender lo que nos son, deciden adoptar actitudes más reconfortantes pero que, socialmente, no les corresponden. La consecuencia de esto es que haya mujeres consideradas masculinas y hombres considerados femeninos.

Por eso, es erróneo pensar que las lesbianas siempre son masculinas. Hay heterosexuales masculinas y lesbianas femeninas, porque hay mujeres que sienten mayor afinidad con el rol opuesto.

  1. ¿Cuál de las dos es el hombre de la relación?

Parece que la gente hetero no sabe concebir las realidades sociales si no es comparándolas con su propia condición. Un ejemplo claro de que vivimos en una sociedad heteropatriarcal es el pensamiento extendido de que en una pareja de dos mujeres una de ellas cumple las funciones que un hombre debería desempeñar en una relación heterosexual. Es muy frecuente que la gente se haga preguntas de este estilo y es muy frecuente no saber qué contestarles. Supongo que a

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Foto de Juan Buchelli

 estas alturas de siglo todo el mundo está familiarizado con el término pareja lésbica y su significado. Por si acaso, lo recuerdo. Una pareja lésbica es aquella que está formada por dos MUJERES. Esto quiere decir que no hay hombres dentro de esta relación. Por tanto, si os preguntáis cuál de las dos “hace de hombre” la respuesta es muy sencilla: las dos son mujeres. Si por otro casual lo que buscáis es preguntar “quién lleva los pantalones” en la relación, es decir, quien ejerce de sujeto dominante eso ya es otra cosa (aunque quizás una relación no debería ser jerárquica y atribuir a uno de los dos integrantes el dominio sobre ella).

Aunque la respuesta a esta cuestión es muy clara (ninguna hace de hombre porque son dos mujeres) a mi siempre me gusta responder preguntando ¿qué es exactamente lo que se supone que hace un hombre dentro de una relación heterosexual? Y creo que es una pregunta que muchos deberíamos hacernos.

  1. Todas las Lesbianas juegan al fútbol

De nuevo está relacionado con los roles de género. Es falso. No a todas las lesbianas les gusta el fútbol y lo practican. Y, por contra, no todas las mujeres que juegan a fútbol son lesbianas. La explicación es simple y responde a una lógica muy básica. No a todas las personas les gusta el fútbol y, por consiguiente, no lo practican. Las lesbianas son personas.

Jugadoras de la Liga Femenina Iberdrola. Foto cogida de la página oficial de La Liga

 

  1. “Eres lesbiana porque nunca te has acostado con un hombre”

También espero que a estas alturas de siglo haya una buena familiarización con el término lesbiana, que se refiere a aquellas mujeres que sienten atracción física y romántica únicamente por aquellas personas de su mismo género. Puede entenderse que la sexualidad sea fluida pero no creo que las personas tengan una sexualidad definida por su experiencia sexual. Así, existen ejemplos de lesbianas que han experimentado con hombres y siguen siendo lesbianas, o de mujeres que, por reprimirse y encerrarse en el armario, no tienen experiencias sexuales con mujeres pero saben que son homosexuales.

Si una mujer de repente se diera cuenta de que se siente atraída por los hombres sería bisexual, es decir, una persona que siente atracción por su género y los distintos. 

  1. Las lesbianas no follan, las lesbianas solo hacen “manitas”

Un claro ejemplo de falocentrismo. El falo-centrismo se refiere a que el órgano “viril” del hombre, el pene, se convierte en el centro de la sexualidad al configurarse como elemento fundamental e imprescindible. Esta «hegemonía testicular» provoca que las mujeres aprendan a interactuar, sentir y experimentar el sexo bajo la presencia de dicho órgano ya sea real o mediante un artilugio o juguete penetrativo (un consolador, por ejemplo). De ahí que se considere que la actividad que determina si una relación sexual lo es o no sea el “mete-saca” del falo en vagina. Sin embargo, deberíamos tomar conciencia de que la práctica sexual es todo un universo y que son muchas las maneras que existen de estimular a las mujeres y hacerlas llegar al orgasmo. Como bien nos explica Mónica Geller en Friends son muchas las partes erógenas en el cuerpo de la mujer y, de igual manera, muchas las formas de estimularlas. El “mete-saca” solo es una posibilidad más. Por ello, se pueden mantener relaciones sexuales placenteras sin recurrir a él y es por eso que las lesbianas follan y no hacen »manitas.»

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