Personalidades

Samanta Villar: «Hay un sesgo en el discurso de lo que es la maternidad»

Fuente: Europa Press
Las Gafas Violetas ha tenido la oportunidad de hablar con Samanta Villar, una periodista que triunfó gracias a un formato muy novedoso, 21 días, que la catapultó al éxito. El año pasado estrenó 9 meses con Samanta, un nuevo proyecto en donde mostró cómo fue el proceso del embarazo de sus mellizos. Samanta, ahora madre, sigue sin tener pelos en la lengua y no tuvo miedo a hacer declaraciones muy controvertidas sobre lo que significa verdaderamente ser madre y, aunque se consiguió con ello mucha crítica negativa, la periodista barcelonesa ha vuelto a hacerlo en su nuevo programa, Samanta y..., que se estrenó el pasado martes y en donde trató la maternidad desde todos los puntos de vista.

¿Qué tal estás, Samanta? La semana pasada te estrenaste en Cuatro ¿cómo te sientes?  

Muy bien la verdad, es un nuevo formato, una nueva apuesta y estoy muy contenta con cómo lo han acogido. Creo que el tema de la maternidad y nuestro enfoque, que es una maternidad fuera del relato único, interesa mucho a la audiencia y demuestra que es un tema que se tiene que tratar todavía mucho más.

Sí, precisamente eso, volviste a hablar de la maternidad y desde puntos de vista muy diferentes, una mamá de trillizos, un hombre transexual embarazado, incluso la maternidad subrogada. ¿Qué historia fue para ti la más impactante?

Una historia de la que estoy especialmente orgullosa es la del hombre embarazado porque era una historia que perseguíamos desde hacía años. Conocíamos casos pero es muy difícil encontrar al hombre que quisiera dar la cara y que saliera en televisión explicando esto porque hay mucho miedo a las consecuencias. Incluso hay hombres embarazados que se esconden los últimos meses de embarazo para evitar problemas con su entorno o incluso agresiones o ataques.

Hablando del tema de la maternidad me gustaría rememorar un poco tu historia. Tu embarazo tuvo lugar gracias a la donación de óvulos y has dicho que como persona pública era tu obligación contar tu experiencia, ¿cómo viviste el proceso de ser madre a través de este método? Porque me figuro que tiene sus momentos difíciles…

Intenté vivirlo con la mínima ansiedad porque eso era algo que me preocupaba mucho. Yo quería ser feliz independientemente de si era capaz de tener hijos o no. De hecho, la primera vez cuando a mi me dicen: “Con tus óvulos es bastante improbable que te quedes embarazada. Tenemos la alternativa de la donación de óvulos” Y yo me sentí afortunada, porque, gracias a la ciencia, por lo menos tenía esa oportunidad. Y siempre he intentado enfocar todo en positivo, si yo ya era una mujer plena antes, si no podía tener hijos yo iba a seguir siendo plena. Y esto me ayudó muchísimo.

En tu libro hablas de un concepto que se llama Duelo genético, ¿qué es exactamente?

Pues el duelo genético es un periodo de dolor por el que pasan muchas mujeres, y también hombres, cuando toman conciencia de que su descendencia no va a llevar sus genes. Entonces, sí que hay una sensación de vacío. Sientes como que eres la única a la que le haya pasado. Y como todo duelo, necesita un tiempo para ser asumido y aceptado y continuar hacia delante. Entonces lo bueno es hablarlo, para que todo el mundo sepa lo que es.

¿Y tú atravesaste ese duelo genético?

Mi duelo genético vino a posteriori, cuando ya me quedé embarazada, empecé a pensar: “No se van a parecer a mi”. Hay situaciones incómodas cuando nacen como cuando toda la familia, que sabe lo de la ovodonación, destaca los parecidos con el padre y sin embargo se hace el silencio respecto a cualquier otro parecido. Al principio es incómodo y doloroso, tienes que aprender a gestionarlo, pero en un momento me di cuenta de que no me parezco ni a mi madre ni a mi padre, yo me parezco más a mi bisabuela, a quien jamás conocí. Entonces te das cuenta de que el parecido es una cosa tan relativa… O sea que se parezcan a una señora, que es mi bisabuela, que nunca conocí o que se parezcan a una donante, que es una señora que nunca conocí, es bastante parecido, ¿no? (Risas)

Fuente: Europa Press

Entonces empiezas a relativizar lo que es la carga genética y a medida que ellos van creciendo las experiencias que vas viviendo con ellos te van enriqueciendo de tal manera que se te va olvidando y sobretodo cuando ya empiezan a imitar tus gestos.

 

Sí, es como si el concepto de carga genética tuviera casi más peso social que genético…

Lo que pasa es que como creces pensando que tus hijos se van a parecer a ti asumes eso como una idea y cuando tomas conciencia de que eso no va a ser así es un impacto, es normal. Es como perder cualquier otra cosa en tu vida.

 

Y sobre el tema de la donación de óvulos, recuperando esa parte más concreta, ¿por qué crees que es un tabú el hecho de que las mujeres donen óvulos si la donación de semen no lo es?

Pues, fíjate, es una buena pregunta. No sé yo si no es tabú para los hombres, eh. Yo he conocido casos que se ha llevado en secreto la donación de esperma, yo no sé si lo asumiría…

¿Podría ser porque las mujeres tienen un número más limitado de óvulos? Es muy habitual la expresión “como puedes regalar a tus hijos”

Yo no creo que haya un tabú superior en cuanto a la ovodonación respecto a la donación de esperma. Yo creo que quizá se habla de la donación de esperma, pero no se habla del receptor de ese esperma, ¿entiendes?

Antes de quedarte embarazada, como la mayoría de mujeres que no desean tener hijos, sufriste de los típicos comentarios instando a tener hijos. A mi hay uno que me gustó mucho y que aparece en tu libro que, además, sale de la boca de tu abuela materna que es el de “es que no todo en la vida es el trabajo”. ¿Qué piensas sobre esa afirmación?

Pues hay que hacer mucha pedagogía todavía. Yo creo que primero las mujeres tenemos que creernos que la vida sin hijos es maravillosa, que la vida sin hijos es lo mejor que te puede pasar en la vida también, ¿sabes? Cuando nos lo creamos habrá menos comentarios. Creo que falta por normalizar muchas cosas. Incluso, hace poco una mujer me decía: “oye pero si hubieras decidido no tener hijos ¡qué egoísta!” Y yo le decía: “Pero, ¿eso es ser egoísta? No, eso es ser dueña de tu vida.

«Primero las mujeres tenemos que creernos que la vida sin hijos es maravillosa»

Existe una especie de conflicto con esto, porque o bien te desarrollas profesionalmente o bien tienes hijos, porque supuestamente, no se puede compatibilizar lo uno con lo otro, ¿estás de acuerdo?

No todos los casos son iguales pero sí es cierto que los hijos van a absorber mucho tiempo y, por desgracia, en la proyección profesional hay momentos en los que vas a regalar horas a la empresa, ¿sabes? Entonces cuando tú decides no regalar horas porque tienes otra prioridad ya dejas de ser una candidata interesante. Cuando sean los hombres los primeros que abandonan el trabajo cuando los niños tienen décimas de fiebre y no las mujeres las que lo hagamos, entonces ya el empresario no tendrá elección. Hay que cambiar varias cosas al mismo tiempo para que llegue un momento en el que la crianza no interfiera en tu progresión profesional.

¿Y tú crees que las mujeres, que están a punto de ser madres, son conscientes de hasta qué punto ser madres les coartará su desarrollo profesional?

No, no, yo creo que no. De todas maneras también viene con la edad. Yo creo que cuando llegas a estar entre los 35 y los 40 empiezas a notar los techos de cristal, los profesionales. Los hombres suelen estar en los puestos más remunerados y como suelen ser los que eligen a nuevos candidatos, te das cuenta de que ellos generan unos espacios de comodidad entre ellos, y se sienten más cómodos entre hombres a veces… O sea, hay unos techos de cristal y solo te das cuenta cuando lo vives muy de cerca o en tus propias carnes.

Y siguiendo con esta idea del desarrollo laboral ¿por qué crees que cuando una mujer no quiere tener hijos, porque desea desarrollar su carrera o simplemente porque no desea tenerlos, lo primero que hace la gente es cuestionarla y criticarla?

Porque existe el mito de que la mujer completa es la mujer con hijos. Eso es lo que nos han contado toda la vida y, sin embargo, no nos cuentan que la mujer sin hijos es igual de completa. Y yo creo que ese mito lo que te genera es un miedo al futuro. A mi me pasó el arrepentirme del futuro de no haber tenido hijos y es un miedo infundado. Porque si yo he elegido ser periodista, ¿por qué no me pregunto “¿Y si elijo no ser bailarina? ¿Me arrepentiré en el futuro?” (Risas) No, porque tú vas decidiendo lo que te apetece en ese momento entonces, ¿por qué te tienes que arrepentir de nada en el futuro?

«Existe el mito de que la mujer completa es la mujer con hijos […] ese mito lo que te genera es un miedo al futuro»

Con tu libro, con estas declaraciones que haces sobre la maternidad, y la semana pasada con tu programa “Samanta y la maternidad” queda claro que pretendes desmitificar un poco lo idealizada que está la maternidad en la sociedad. ¿Qué te parece si te digo unas frases típicas que se dicen en torno a la maternidad y les damos un toque de realidad?

Sí, sí. Claro.

Pues, la primera es «ser madre es lo mejor que te va a pasar en la vida”

Ser madre tiene que ver con vivir el amor. Entonces, vivir el amor es lo mejor que te va a pasar en la vida. En eso estoy totalmente de acuerdo, pero el amor se puede vivir de muchas maneras. No es verdad que el amor hacia los hijos es lo mejor que te va a pasar en la vida, aunque sí que es cierto que es maravilloso pero vivir enamorada de tu pareja y de tu profesión también lo es.

La siguiente es «solo conocerás el amor verdadero cuando seas madre»

No, no lo creo. Además, me parece muy peligroso. Lo que sí que es cierto es que el amor hacia los hijos es un amor muy duradero y muy fiel, por lo menos en los próximos 20 años, sabes que no se va a romper, ¿no? A no ser que pase alguna desgracia. Y eso es una seguridad que no tienes con nada más, eso es cierto. Pero qué va. El amor verdadero se conoce antes, durante y después de ser madre.

Otra muy común, «primero se es madre antes que mujer»

No, eso es fatal. Uf. Eso personalmente… A mi me parece insano. Yo creo que uno tiene que ser feliz con él mismo. A mi no me gustaría establecer esa dependencia con mis hijos. Yo creo que hay que encontrar un hueco para todo. Obviamente los niños tienen que estar atendidos y hay muchas veces que renuncias a cosas que te gustarían porque ellos tienen sus necesidades pero cuando sus necesidades están cubiertas…tú tienes también las tuyas. Si no luego vienen todas las depresiones, las culpabilidades… Todo el desbordamiento de la maternidad. No, no, no. Hay que pedir ayuda. Tienes tantas necesidades como mujer que necesitas que te ayuden en la crianza, es la única clave.

Y la última, «ser madre es el mejor trabajo del mundo»

(Inspira) Yo entiendo por qué lo dicen… Cuando tú quieres a un niño y cuando llegas a casa empiezan “Ay, mamá, mamá y te quiero mamá”, eso es maravilloso. Cuidar a unos niños que luego te devuelven amor, es muy buen trabajo. Pero, no nos olvidemos, es un trabajo 24h al día, 7 días a la semana, ¡sin descanso! Eso es lo más bestia…Y sobre todo cuando no duermen por la noche,  eso es… Horroroso. Y claro, ¡sin remuneración! Ojo, eh. ¿De qué trabajo diríamos que es el mejor del mundo con esas condiciones? ¡De ninguno! (Risas)

Después de todo esto, ahora que vemos cómo es ser madre de verdad, ¿por qué crees que muchas mujeres no hablan sobre esta realidad?

Muchas no saben que lo que sienten es normal. Se sienten culpables, se creen que son malas madres por estar hundidas pensando ”madre mía yo no quiero esto ahora mismo” Creen que la culpa es de ellas por no sentir lo correcto, que son malas personas. Es que es muy fuerte. Y otras que ya asumen que no son malas personas pero no quieren decirlo para que no les ataquen las demás. Entonces lo que hacen muchas es ahorrarse problemas. Por eso de la misma manera cuando yo he empezado a decir estas cosas y otros personajes públicos que han empezado a usar estos términos ¿cuántas mujeres habrán dicho “menos mal que alguien dice esto en público porque pensaba que era la única”?

¿Cómo podemos solucionar este problema?

Hablando, hablando. Hay que hablar mucho más de la maternidad, desde una visión realista y poliédrica. Hay muchas maneras de vivir la maternidad, eso es lo bueno, que las hablemos todas.

«Hay que hablar mucho más de la maternidad, desde una visión realista y poliédrica»

Después de tus declaraciones que hiciste sobre la realidad de ser madre hubo muchas personas que salieron “a la defensa” de la maternidad y que te hicieron comentarios muy feos, de hecho, arrancaste con esos mensajes tu nuevo programa ¿Recibiste tú personalmente algún comentario de tu entorno cercano?

No, no, al contrario. Mi madre no para de enviarme mensajes: “me está parando todo el mundo por la calle felicitándome y diciéndome que tienes toda la razón” (Risas) ¡Y que gracias por decirlo en televisión! Y, además, fíjate. Con las más críticas, yo luego me siento a hablar con ellas y todas, al final, te dan la razón y te dicen “No, no, si es que hay momentos que te desesperas”. ¡Pues ya está! ¿Por qué no vamos a decir esto en público? Parece que si hablas mal de la maternidad dejas de querer a tus hijos y eso no es cierto.  ¡Son estupendos! ¡Los quieres con locura y son lo más bonito del mundo! Pero es que claro, tienen necesidades las 24h del día y hay un momento en el que ya no das más de ti. Y ahí es donde digo yo… Esto no mola tanto como decían. Pero ahí es clave pedir ayuda y delegar. Eso es fundamental, compartir la crianza.

Entonces la gente de tu entorno reaccionó muy bien pero, ¿cómo reaccionaste ante ese aluvión de críticas negativas? porque al fin y al cabo estabas diciendo algo que era real por mucho que se intente decir lo contrario

Sinceramente, estas críticas a mi no me generan ninguna sensación porque las veo tan alejadas de la realidad que es que ni me indignan. Es como si tú vienes y me dices “el cielo no es azul” y yo me quedo mirando y digo “¿qué le pasa a esta chica?” No es normal, ¿sabes? (risas)

De hecho yo recuerdo que hubo mujeres que decían que a ellas nadie les había impuesto ser madres, refiriéndose a lo que comentaste sobre que te habían comido el coco y demás, ¿crees que la maternidad es algo que se les impone a las mujeres?

Hay mucha presión social hacia las mujeres para que tengan hijos y hay un sesgo en el discurso de lo que es la maternidad. Entonces llegas pensando que es lo mejor que te va a pasar en la vida y nadie te ha hablado, o no con la misma intensidad, de la parte más dura y difícil de la maternidad que tiene unos sinsabores que también está bien que los hablemos.

Bueno, para terminar, ya que has dicho que culturalmente hay un discurso en el que se nos omite la verdad más escabrosa sobre ser madre y demás… ahora que te ves en el papel de madre y que has observado estos problemas educacionales en la sociedad, ¿cómo te planteas entonces la educación de Damiá y Violeta?

Con total libertad, como a mi me gusta vivir. Yo les voy a dar a ellos toda la información y que sean ellos quienes tomen sus decisiones, quiero que sean personas independientes y con criterio propio y si ese criterio pues no coincide con el mío, pues me fastidio. Y punto. (Ríe) Yo quiero que vivan su vida, que tomen sus decisiones libremente y claro, para ello es necesaria toda la información, no que estén medio engañados.

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