Sociedad

Amor romántico I: Mitos y peligros

En las Gafas Violetas hemos analizado en muchas de nuestras publicaciones la situación de la mujer en el mundo desde diferentes facetas y aspectos. Y el amor romántico es uno de esos temas que queremos tratar. Para ello iniciamos una saga de artículos que tratarán este asunto desde diversas perspectivas. Hoy empezamos con la vertiente histórica y con los llamados mitos del amor romántico y en las próximas semanas podréis leer la continuación.

A largo de nuestra historia, la mayoría de las culturas existentes han diferenciado siempre por un lado, el amor, que era un sentimiento que involucraba la pasión y el deseo físicos, y por otro lado, el matrimonio que siempre se había establecido como un vínculo entre dos personas que viene dado por determinadas convenciones legales, religiosas y sociales y que establecía unos derechos y obligaciones entre la pareja. De hecho, el objetivo de este acuerdo, por lo general, era obtener beneficios económicos como conseguir una determinada herencia de los padres de alguna de las parejas; pasar a compartir bienes, tierras, negocios; procrear para conseguir futuros herederos, etc.

Como bien sabemos en todas estas épocas la mujer era “entregada” al marido; era usada para que las respectivas familias alcanzasen estatus sociales; o se beneficiasen unos de otros, etc. En general, el matrimonio para las mujeres, sobre todo en las culturas en las que no existía el divorcio ha supuesto siempre una atadura. Sin embargo, a partir del s.XIX surgió la trampa definitiva, que fue enmascarar el matrimonio con una felicidad idealizada, al igual que ocurre con otros aspectos, como la maternidad.

A partir del s.XIX empezó a difundirse el llamado amor romántico que unió la idea del amor con la del matrimonio, lo cual pasó a generar una idea que ha perdurado en nuestra sociedad hasta el día de hoy y es que “el objetivo a alcanzar de todo amor es el matrimonio y que en este acuerdo está la felicidad de la pareja”. Esto ha implicado que la sociedad eduque a las mujeres en que el matrimonio les traerá la felicidad, en que una relación amorosa debe consumarse en el matrimonio, etc. Si siglos antes el matrimonio era un acuerdo económico que beneficiaba a hombres y familias, ahora encima se ha convertido en un mito que promete la felicidad, cuando el matrimonio no implica que la relación amorosa mejore, sea idílica, apasionada, o un camino de rosas, todo dependerá de la pareja que esté a tu lado y no de si firmas un documento.

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Este es uno de los llamados mitos del amor romántico y es de lo que venimos a hablar hoy. El amor romántico es una idea que se asienta en el s.XIX pero que se empieza a gestar mucho antes. En los s.XII y XIII aparece el llamado “amor cortés” que fue difundido por los trovadores. Este es el concepto literario en el que se basaban las historias que los trovadores contaban sobre amores prohibidos y amantes secretos que tenían lugar entre nobles. Estas ideas seguirían creciendo con el movimiento del Romanticismo en el s.XVIII hasta llegar al s.XIX y asentar los pilares del amor romántico. Todo esto es creación de la cultura occidental, la cual a través de obras de teatro, literarias, líricas o más recientemente cinematográficas ha ido asentándolo. El ejemplo más claro que podemos tener es la historia de Romeo y Julieta así como todas las versiones que de esta historia haya podido haber. Son historias en donde:

el amor feliz no tiene cabida, sólo el amor amenazado y condenado es novelesco y cinematográfico. Lo que exalta el lirismo occidental no es el placer de los sentidos ni la paz fecunda de la pareja, no es el respeto y el conocimiento del otro, sino el amor como pasión sufriente. 

Pilar Sampedro

Pilar Sampedro está licencia en Psicología por la Universidad de Oviedo y es especialista en Terapia de pareja, Sexología y Mediación Familiar y en su publicación El mito del amor y sus consecuencias en los vínculos de pareja establece las siguientes características del amor romántico: inicio súbito (amor a primera vista), sacrificio por el otro, pruebas de amor, fusión con el otro, olvido de la propia vida, expectativas mágicas, como la de encontrar un ser absolutamente complementario, vivir en una simbiosis que se establece cuando los individuos se comportan como si de verdad tuviesen necesidad uno del otro para respirar y moverse, formando así, entre ambos, un todo indisoluble.

Seguramente más de una o de uno habremos pronunciado frases como “te querré siempre”, “te querré pase lo que pase”, “te quiero más que a nada en el mundo”, “por ti haría lo que fuese”, “daría la vida por ti”, etc. Todas estas son frases que, por muy románticas que suenen, fomentan un amor que parece que debe ser: para toda la vida, incondicional, exagerado y que anteponemos a nosotros mismos.

A continuación os mostramos los mitos del amor romántico.mitos_amor_romantico

Fuente: Revista InDependientes

Los primero ocho mitos junto al mito de la fidelidad y al de la pasión eterna (creencia en que el estado de enamoramiento apasionado debe ser eterno), que en la imagen no aparecen, configuran los 10 mitos fundamentales del amor romántico, pero los tres últimos también son importantes pues suponen comportamientos y actitudes muy arraigados en nuestra sociedad.

Cada uno de estos mitos supone un conjunto de efectos negativos, y a continuación comentaremos los primeros ochos, que consideramos que son los mas relevantes y veremos además, cuáles serían las alternativas saludables para mantener una relación:

      1. El mito de la media naranja”. Aceptar este mito implica que muchas personas no sean capaces de romper pensando que no van a volver a encontrar al amor de su vida. Supone pensar que no seremos capaces de amar de nuevo y supone hacer sacrificios durante la relación ya que hay que conservar a la pareja con la que se supone debemos estar. Contra esto debemos ser conscientes en primer lugar, de que somos personas completas, que nuestra felicidad no debe depender de nadie y que somos quienes decidimos si compartimos parte del camino de nuestra vida con alguien. Esto implica que debemos tener como objetivos vitales ser felices haciendo lo que nos gusta, estudiando, practicando nuestros hobbies, estando con las personas con quienes nos divertimos y queremos y que si tenemos una pareja, esta será solo una parte de nuestra vida, y no nuestra vida entera.
      2. El mito del emparejamiento” implica pensar que la heterosexualidad y la monogamia son las únicas formas de vivir nuestra vida en pareja, lo cual trae numerosos conflictos a aquellas personas que no entran dentro de estos establecimientos sociales. Para ello debemos por supuesto aceptar que existen numerosas orientaciones sexuales y formas de amar. Para ello lo mejor es hablar con nuestra pareja, ser sinceros con lo que queremos de verdad, pero por supuesto respetando los acuerdos que se establezcan. Si con tu pareja estableces una relación monógama ese acuerdo no debe violarse, al igual que si establecemos una relación abierta o poliamorosa debemos exigir que se den una serie de condiciones y cuidados para que ambas partes disfruten.
      3. El mito de la exclusividad” implica creer que no se puede tener ojos para nadie más que para nuestra pareja. Es normal que nos exciten otras personas o que otras personas nos llamen la atención, eso no significa que queramos o deseemos menos a nuestra pareja, siempre y cuando haya respeto. Esto de nuevo entra en conflicto con aquellas personas poliamorosas, es decir, que pueden amar a varias personas a la vez y mantener varias relaciones, ya que no es algo aceptado socialmente. De nuevo volvemos a que lo esencial es que dejemos claro con nuestra pareja qué es lo que nos gusta o esperamos de una relación y que de nuevo sea lo que sea que se acuerde entre los dos que se respete.
      4. El mito de los celos” este es uno de los mitos más peligrosos que puede haber ya que su creencia y la idea de “si tu pareja es celosa es que te quiere” termina fomentando actitudes represivas, egoístas, de posesividad, desconfianza e incluso de violencia. Contra esto proponemos la compersión. La compersión, es el estado completamente opuesto a los celos y es un estado empático de felicidad y deleite experimentado cuando otro individuo experimenta felicidad. Lo que significa que siempre que haya confianza y respeto no deberían darse situaciones de celos. Remarcamos que en una relación debe haber cuidados hacia la otra persona, y si los hay, situaciones como salir de fiesta, tener amigas o amigos del sexo opuesto o dormir en casa de alguien no deberían suponer ningún conflicto. Si tu pareja es celosa y te reprime determinadas actitudes, o si tu pareja te genera inseguridades pensando que no eres suficiente y puede dejarte por otra persona, lo mejor es hablarlo. Una relación debe ser un pilar en el que apoyarnos y no una cuerda floja que nos desestabilice y nos haga sufrir.
      5. El mito de la equivalencia” que es la creencia en que amor (sentimiento) y enamoramiento (estado más o menos duradero) son lo mismo, es uno de los mitos que más frustración suele generar en las personas. Debemos ser conscientes de que el estar enamorado es un estado en el que se generan una serie de hormonas, reacciones químicas y sensaciones que con el tiempo se van mitigando. El que una pareja deje de sentirse así no implica que haya menos amor, menos deseo o que vaya mal. Toda relación pasa por diferentes fases, fases que dependiendo de la pareja y de las personas serán muy distintas. Por lo general, si una relación progresa bien el sentimiento de amor se irá haciendo más profundo y la confianza debería ir aumentando. Dependiendo de las personas el que después de unas semanas, unos meses o unos años se deje de sentir “mariposas en el estómago” no implica necesariamente que esa relación vaya mal. En estas situaciones debemos pensar que que ni ese estado es eterno, que no pasa nada pues surgirán nuevas experiencias y sensaciones, pero sobre todo pensar que ni siquiera toda relación o amor es eterno, simplemente debemos disfrutar el tiempo que pasemos en pareja y que dure lo que tenga que durar.
      6. El mito de la omnipotencia”. No debemos pensar que el mantener una relación en sí solucionará los problemas. El amor por sí solo no es la solución a nada, y puede incluso generar muchos más problemas. Por ello es importante que en una pareja ambos se responsabilicen de la relación, ambos se apoyen y trabajen por mejorar; y que siempre haya cuidados y comunicación. Una persona que nos genera confianza, que nos apoya y escucha siempre es una ayuda, pero esta persona no tiene que ser necesariamente una pareja, y además, que pasemos a tener una relación con alguien no implica que nos vaya a aportar todo esto. Tenemos que ser independientes y buscar ayuda en personas que nos aporten verdadera felicidad.
      7. El mito del libre albedrío o de la concepción mágica del amor” este es también muy peligroso pues debemos ser conscientes de que todas las personas vivimos inmersas en una sociedad y como tal debemos reconocer que en cualquier aspecto de nuestra vida siempre habrá unas presiones biológicas, sociales y culturales. El problema de este mito es principalmente la culpabilización. Es decir, que en vez de analizar las causas que llevan a que en una relación surjan determinados problemas, las personas lo que terminan haciendo es culparse por lo ocurrido. Actitudes machistas, de violencia verbal o física, de menosprecio, de chantaje, de manipulación, de celos, o engaños, etc. se conciben como un problema personal, sin que se pare a analizar las razones sociales, educativas, etc. Un ejemplo podría ser cuando una persona engaña a su pareja y esta se culpa de que su pareja le haya engañando pensando en cosas tales como: no soy lo suficientemente guapa,  estoy gorda, no hemos tenido el suficiente sexo, etc. Ante todo debemos tener claro que la sociedad nos influye en todo y más en lo relacionado con el amor, las relaciones en pareja o el sexo.
      8. El mito del matrimonio” es el que comentábamos al principio, y volvemos a remarcar que una relación amorosa no culmina en el matrimonio. Ni el matrimonio en sí aporta más amor, pasión o confianza. El que una pareja pase a compartir más aspectos de su vida, que pasen a vivir en la misma casa y a experimentar la misma cotidianeidad sí puede consolidar una pareja, pero todo esto se puede dar perfectamente sin casarse, sin firmar ningún documento ni tener ninguna ceremonia. Respecto a esto Pila Sampedro comenta: Sin la idealización del amor-pasión es bastante probable que nuestros escépticos y cada vez más laicos jóvenes no se unirían ni por lo civil ni por la Iglesia para crear una familia. En todo caso, tendrían más claro que el matrimonio para pagar el piso o la luz a medias, construir una célula económica o tener hijos o mantener relaciones sexuales es más una cuestión de contrato y no tanto una unión romántica o pasional.

Cabe destacar que es normal no aceptar los mitos en los que creemos, que hemos experimentado o con los que vivimos actualmente, pero con esta publicación no se pretende juzgar a nadie, sino solo llevar a la reflexión. El objetivo es que conozcamos todas las creencias sociales con las que convivimos y que pueden hacernos daño sin que lo sepamos o que nos demos cuenta demasiado tarde.

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En las próximas semanas trataremos el amor romántico y su relación con la violencia de género; propuestas, actividades y soluciones para prevenir el amor románico y educar en la igualdad desde las escuelas; además de cómo afecta especialmente a los jóvenes y cómo los medios de comunicación fomentan estos mitos. Os esperamos las siguientes semanas para seguir leyendo sobre este asunto que afecta de manera estructural a nuestra vida diaria.

Pd: Desde las Gafas Violetas os recomendamos el libro Claves feministas para la negociación en el amor de la antropóloga especializalaza en etnología y feminista Marcela Lagarde. En este libro podréis ver cómo las mujeres definimos nuestra identidad; cómo la sociedad nos educa para definirnos de una manera determinada en cuanto a las relaciones en pareja, en concreto en la sociedad occidental; reflexiones para deconstruir el amor como subordinación y dominio; y sobre todo informarnos y formarnos para ser libres e independientes en todos los aspectos que la sociedad impone que atañen a la mujer.

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