La habitación oscura: la exposición de penumbra y esperanza

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Nada más bajar a la planta inferior de La Fábrica, cafetería y espacio artístico madrileño situado en la calle de la Alameda, los cuadros de Paula Bonet impactan, cautivan e inspiran. Una habitación oscura, título atribuido a una serie de óleos de la artista valenciana, es lo primero que se nos presenta en aquella galería de arte que es, a su vez, una librería. Una decoración sobria y estantes repletos de libros de diversa índole nos invitan a conocer el desgarrador mensaje de la artista que busca, a su vez, un hilo de esperanza.

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Paula Bonet, considerada una de las retratistas más importantes del momento, es conocida por obras como Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End, 813: Truffaut o colaboraciones como Quema la memoria, Leéme o No te acabes nunca. En la exposición, complementaria a su nuevo libro La sed, aborda la penumbra y la oscuridad a la que han estado sumidas las mujeres (por el simple hecho de serlo) a través de retratos sombríos al óleo. La propia autora expresa:

»Observando la pintura y analizando los matices de la zona en sombra me doy cuenta de que ese es el lugar en el que he vivido siempre, y que antes de intentar salir a la luz necesito entender qué sucede en esas construcciones que las mujeres hemos levantado en las tinieblas.

Somos más de la mitad de la población pero nuestra representación es irrisoria. Recibimos un trato desigual. Somos el objeto y no el sujeto. Somos sospechosas de cada uno de nuestros actos: se sospechará de nosotras cuando triunfemos en algún campo (“Seguro que detrás está el Señor Tal”) o si conseguimos construir algo de calidad (“Seguro que detrás está la idea del Señor Cual”), se sospechará de nosotras cuando denunciemos una agresión sexual porque la cultura de la violación está tan arraigada que se ha invisibilizado y convivimos con ella en esas tinieblas que nos son tan familiares.

Y lo peor es que como nos sentimos timadas porque la promesa de igualdad que se nos prometió no aparece por ningún sitio, seguimos siendo unas histéricas. Se nos ha educado para que nuestra autoestima dependa directamente de aquello que los hombres piensan de nosotras, y además, si no teníamos bastante con todo esto, esos señores Tales o Cuales sí que existen pero lo más probable es que a pesar de que no nos han ayudado en la ejecución de la idea, han pensado en nosotras como un agujero en el que depositar sus fluidos más íntimos y preciados. Aunque nosotras no hayamos mostrado ningún interés en ver lo blancos y brillantes que son esos fluidos.»

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La exposición invitaba, sin duda, a adquirir el libro La sed, con el fin de profundizar en el trascendental mensaje: ‘‘Es un seísmo, una perturbación, el origen de la luz (…), es la reconstrucción de una historia: la nuestra’’. De hecho, la sala contaba con un sofá y una mesita minimalista con los libros de Bonet, disponibles para ser hojeados, leídos y admirados. Del mismo todo, todas las obras estaban a la venta para todo aquel que quisiera hacer una buena inversión artística.

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Paula Bonet emplea el arte como arma o herramienta para visibilizar a la mujer, denunciar una gran injusticia y reivindicar todo lo que nos corresponde y nos han arrebatado desde tiempos inmemoriales.

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