Lo que Vox te vende como documental es pura ficción

Los más puristas del cine documental te dirán que la película Koyaanisqatsi (1982) de Godfrey Reggio no puede ser considerada como documental. Te dirán que se trata de cine experimental. Que sí, que las imágenes pueden haber sido tomadas de la realidad, pero la manera de montarlas y manipularlas ya podría no serlo tanto. Te dirán que Reggio imprime directamente un significado sobre la imagen. Que la modifica. Que la orquesta y que, por tanto, ya no son tan reales. Y puede ser cierto. Si bien la finalidad del documental de Reggio es mostrar una realidad, está claro que la altera y la presenta de una manera muy diferente. Muy literaria. Muy poética. Reggio coge imágenes muy simples y cotidianas (de tráfico o de gente saliendo del metro), las manipula e imprime sobre ellas un mensaje claro. Lo mismo, pero al revés, hace Vox con los discursos de la lucha de las minorías.

En este caso, Vox coge un discurso muy complejo, estudiado, debatido y consensuado y hace de él una cosa simple y básica. Y, una vez que han hecho tal cosa, altera el mensaje que manda el discurso a su favor y lo convierte en algo que pretende ser dogmático y autoritario. Que atenta contra el resto. Se cree el ladrón que todos son de su condición.

Y para mostrarlo, no hace falta irse muy lejos. Ayer mismo, en un acto celebrado en Torrejón de Ardoz, la presidenta de Vox Madrid, Rocío Monasterio, nos ofrecía un excelente ejemplo sobre esta cuestión. En unas declaraciones que pretendían atacar al Partido Popular por, agárrate las bragas, adoctrinar a “nuestros hijos” en cuestión LGTBI+. La crítica se dirigía contra la candidata al PP en Madrid Isabel Díaz Ayuso, porque durante el gobierno de Cifuentes permitió que se aprobase una “ley” que daba vía libre a que se realizaran talleres LGTB+ en centros educativos de la comunidad.

Rocío Monasterio

Sus declaraciones fueron las siguientes: «Defendió (Díaz Ayuso) una ley que resulta que aprueba, que permite, que los talleres de LGTB, de transexuales, vayan al colegio de nuestros niños y que con ocho años les digan a nuestras hijas que prueben a ser chicos, y a nuestros niños que prueben a ser chicas». Unas declaraciones que alteran la realidad mucho más de lo que lo haría cualquier plano acelerado de Reggio o cualquier escena con efectos especiales de Black Panther.

Nada de lo que dice Monasterio es cierto. O no, al menos, como lo dice. Puede ser que en estos talleres se propongan a los niños actividades o ejercicios en que pensar qué ocurriría si su género fuera el contrario al que han asimilado. O qué pasaría si esto le ocurriese al compañero de al lado. Puede que muchas veces se proponga a los niños cómo les gustaría llamarse si pudieran elegir su nombre. O que nombre del género contrario les gustaría para si mismos. Puede, y solo puede, que en estos talleres se intente que los niños, pura inocencia, se paren a pensar en estas realidades que ahora son más sencillas de lo que serán luego. Con ejercicios que, como niños que son, les hagan caer en la cuenta de lo que realmente son. También que les permitan pensar en las realidades ajenas. Conocerlas, comprenderlas y aceptarlas como corrientes.  

Los talleres de LGTB+ que se pretenden dar en los centros educativos, sobre todo a infantes, son para visibilizar y normalizar situaciones con las que cualquier persona puede tener que lidiar. No pretenden, en ningún caso, que todos los niños sean transgénero, gays, lesbianas, bisexuales, etc. Porque, si algo tiene claro el LGTB+ es que no puedes ser lo que no eres. Por mucho que lo intentes. Por tanto, no buscan adoctrinar ni imponer lo que cada uno ha de ser. Muy al contrario, buscan que cada uno pueda ser lo que es sin que otros le impongan.

Y esto te puede gustar más o menos, pero no puedes cambiar todo el significado de los discursos y acciones que ciertos colectivos llevan a cabo solo para poder usarlo a tu favor. Solo porque atenten contra tu perfecto sistema. No puedes alterar la realidad a tu gusto y de la manera en que tu quieras. Y presentarla a los demás como te plazca para crear tu propio punto. Porque entonces estás engañando. No estás siendo honesto.

Esto solo es un recordatorio más de lo que hace muchas veces la política y sus representantes con tal de conseguir números. No podemos quedarnos solo en el titular o en el mantra político, hay que profundizar en las causas porque, de otra forma, nos engañaran como ciudadanos. Y visto que ellos no tienen escrúpulos, nosotros tendremos que tener determinación. No podemos comernos estos discursos. No debemos comprar como documental lo que no es más que un ejercicio de cine experimental. Pura ficción.

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