¿Qué significa que somos la Cuarta Ola feminista?

Cada 8 de marzo millones de mujeres salen a las calles para visibilizar las reivindicaciones del movimiento feminista. Muchas no van a trabajar, unas no realizan compras y otras cuelgan los delantales en sus casas. Mujeres jóvenes, mayores, negras, blancas, de clase alta, media, baja o sin hogar, transexuales, con diferentes creencias y orientaciones sexuales, todas nos movilizamos como una ola por una misma causa: lograr una sociedad igualitaria donde podamos ser libres.

Desde la época de la Ilustración, en cada país y región, las mujeres han ido alzando la voz contra las desigualdades que observaban que les afectaban a su día a día. Antaño decenas o centenares de mujeres se concentraban en plazas para clamar por sus derechos. Hoy, en pleno siglo XXI, nos comunicamos entre continentes, conocemos historias de mujeres que viven en la otra punta del mundo y cada vez que en algún rincón del planeta se logra un avance, todas lo sentimos.

En 2018, desde España, apoyamos fervientemente las movilizaciones que hubo en Argentina para lograr que se legalizara la práctica del aborto. Desde Estados Unidos, llegaron los gritos de apoyo cuando se logró realizar en España, el paro general de trabajo, cuidados y consumo. En India y muchos países de África, miles de mujeres se sumaron al movimiento estadounidense del #Metoo.

¡Estamos conectadas, nos escuchamos e impulsamos!

Somos fuertes porque aunamos tres siglos de historia que nos precede. Somos la Cuarta Ola, pero, ¿esto qué significa? El movimiento feminista, visto especialmente desde Europa y Estados Unidos, tradicionalmente, se ha dividido en las siguientes etapas.

1ª OLA

Esta se ubica entre el siglo XVIII y principios del siglo XIX. El movimiento de la Ilustración supuso numerosos cambios sociales, como la creencia en que el conocimiento eran la forma de alcanzar el progreso de la población y uno de los más importantes: la Revolución Francesa, que sentaría las bases de la democracia moderna y la soberanía nacional. Sin embargo, estos avances no estaban pensados para las mujeres, ya que ese acceso a la educación por el que se abogaba, las excluía.

Es entonces, en 1791, cuando Olympe de Gouges escribe la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana que remarcaba la presencia de la mujer y sus derechos frente a la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, escrita en 1789 por la Asamblea Nacional francesa. Un año después, en 1792, Mary Wollstonecraft escribió la Vindicación de los derechos de la mujer.

Fue una época de luchar porque la mujer fuese legalmente igual al hombre, en cuanto a los derechos a la libertad, la propiedad, la seguridad, la justicia y frente a cualquier sistema administrativo. Además, de lograr su acceso a la educación y participación en política.

2ª OLA

Esta primera oleada de pensadoras y feministas que tan fuerte golpeó durante el siglo XVIII se iría acallando, hasta que apareció el movimiento sufragista a lo largo del siglo XX. De Francia nos movemos a Estados Unidos. En 1848, en la villa de Seneca Falls, en el estado de Nueva York, hombres y mujeres se reunieron para firmar la Declaración de Seneca Falls, escrita por Elizabeth Cady Stanton.

Esta criticaba que la defensa de derechos que se planteaba en la Declaración de Independencia, por la que nacen las Trece Colonias norteamericanas, no contaba con las mujeres. En es este documento se pedía que pudieran votar, asumir cargos públicos y tener bienes propios sin tener que transferirlos a su marido o ceder su gestión.

En resumidas cuentas, se recogían las peticiones de la Primera Ola, pero exigiendo reformas mucho más profundas para que la mujer gozase de los mismo derechos civiles, económicos y jurídicos que los hombres, centrándose en el voto femenino. Destacaron feministas como Emmeline Pankhurst en Reino Unido, Paulina Luisi en Latinoamérica, Clara Campoamor en España, Clara Zetkin en Alemania o Susan Anthony en Estados Unidos.

3ª OLA

Sin embargo, estas posibilidades de progreso quedaron truncadas con la Segunda Guerra Mundial y las dictaduras implantadas en muchos países, que frenaron a la sociedad, en general. Tras ella aparecieron intelectuales como Simone de Beauvoir o Betty Friedan que supusieron una voz entre el silencio que había, una vez que el movimiento sufragista había desaparecido. Comenzaron a difundir su pensamiento sobre cómo la mujer que se había insertado de forma masiva en el mercado laboral durante la guerra, en tiempos de paz, volvía a ser relegada a las labores del hogar. A lo que se sumaba una mayor presión en cuanto a cánones de belleza, feminidad y roles con los que cumplir, fruto de la difusión de estos a través de medios de comunicación, como la televisión.

El inicio de esta Tercera Ola, que abarcaría los años 60 y 70, quedaría marcado por un feminismo liberal que buscaba la inclusión de la mujer en el mercado laboral y comenzaba a reflexionar sobre su sexualidad. No obstante, en una época marcada por el movimiento hippie, la lucha contra guerras, como la de Vietnam y auge de la llamada contracultura, surgirían los “feminismos”.

Ante un feminismo que a lo largo de su historia había sido blanco, heterosexual y de clase media, se sumaban cuestiones raciales, de clase y de orientación sexual. Mujeres negras, obreras y lesbianas clamaban ahora por su visibilidad dentro del movimiento y la libertad de la mujer a todos los niveles y escalas sociales: lo económico, político, sexual, educativo, la natalidad, la maternidad, el físico, etc.

Aparece así un feminismo interseccional, es decir, consciente de que el género, la etnia, la clase o la orientación sexual son categorías no biológicas sino construidas socialmente y que por lo tanto podían deconstruirse y modificarse. Y protagonizado por mujeres, como Kate Millett, Gloria Steinem, Rita Mae Brown, Linda Burnham, Alice Walker y Bell Hooks, entre otras muchas.

4ª OLA

Es posible observar que la metáfora de la ola que va y viene encaja perfectamente con los momentos de auge y estabilización del feminismo. Así tras los ochenta y los noventa, cuando se pensaba que ya todo estaba logrado, surge la Cuarta Ola. Con la llegada de Internet y auge de las redes sociales, el feminismo pasa a difundirse a niveles mundiales.

Desde hace años hemos podido conocer que más allá de este feminismo europeo y estadounidense, también se lleva luchando años desde África, Asia, etc. Son muchas las jóvenes que hoy en día leen los libros de Malala Yousafzai, Chimamanda Ngozi Adichie y Nawal El Saasawi.

Si anteriormente hablábamos de un feminismo interseccional ahora se caracteriza por ser transversal. Ya no son solo mujeres con hijos o universitarias las que lideran el movimiento, hoy podemos ver en las manifestaciones a mujeres de todas las edades, desde 70 años hasta los 15. Más allá de las ideologías, mujeres de todo el espectro político reflexionan sobre la situación de la mujer y actúan en sus ámbitos. Y, recientemente, más que nunca, los hombres se suman a la lucha de forma activa y siendo conscientes de su lugar en el movimiento, desde adultos a adolescentes.

 Es un tsunami que clama porque se hagan efectivas todas las conquistas pendientes que en anteriores años ya lucharon nuestras antepasadas.

Es una ola que acoge toda la herencia anterior y ahora añade las reivindicaciones acerca de la masiva cosificación del cuerpo femenino desde la publicidad y resto de medios audiovisuales; la prostitución; la práctica de los vientres de alquiler; la trata de mujeres; y la pornografía como nefasta escuela para la educación sexual.

Se exige libertad para ser dueñas de nuestro cuerpo sin que nadie lo abuse, acose, viole o asesine. Reflexionamos sobre las formas más sutiles de machismo y violencias simbólicas practicando la sororidad a donde sea que vayamos.

Hemos penetrado en las raíces de la sociedad actual, porque para cambiar el mundo no hay solo que pensar nuevas cosas, sino crear nuevas formas de pensar y repensar hasta la más pequeña de las acciones en nuestra vida diaria.

De nuevo salimos a las calles, no para celebrar que somos mujeres simplemente, sino para conmemorar una lucha que todavía no ha terminado.

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