Reseña: Una habitación propia de Virginia Woolf

Una habitación propia nace de una incisiva Virginia Woolf que ya se manifiesta incansable ante su lucha en 1929. A raíz de unas charlas sobre mujer y escritura, da a luz a esta reflexión sobre la condición de la mujer escritora y profundiza sobre su situación. Una duda transgresora aborda a una inconformista y visionaria Woolf. ¿Qué debe tener una mujer para escribir una novela?

Comienza ofreciéndonos la conclusión de su investigación, la resolución de su duda. Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir, afirma. Este libro es un viaje hasta la esperada respuesta, satisfactoria o no, sus causas y sus consecuencias.

Si no habéis leído Una habitación propia, os insto a seguir leyendo de todas formas. No pretendo destripar el libro íntegramente, pues mi intención es invitar a sumergiros en la duda que plantea Woolf y que saquéis vuestras propias conclusiones. La capacidad visionaria de la autora convierte esta obra en un clásico atemporal que se consolida como uno de los textos base del feminismo del siglo XX hasta nuestros días.

La autora propone múltiples situaciones en las que se siente rechazada, discriminada o relegada a un segundo plano por el simple hecho de ser mujer. Actúa como una observadora silenciosa, juzgando cada paso al milímetro, analizando todo aquello que antes había dado por supuesto. «Os propongo, por tanto, haciendo uso de todas las libertades y licencias de una novelista, contaros la historia de los dos días que han precedido a esta conferencia; contaros cómo, abrumada por el peso del tema que habíais colocado sobre mis hombros, lo he meditado e incorporado a mi vida cotidiana.»

 

 

 

 

 

 

 

La narradora encarna la piel de varios personajes que son, en definitiva, la misma persona. «Me hallaba yo, pues (llamadme Mary Beton, Mary Seton, Mary Carmichael o cualquier nombre que os guste, no tiene la menor importancia), sentada a orillas de un río…». Es posible interpretar, pues, la protagonista es la propia Woolf empleando la identidad de las Marys con el pretexto de tomar cierta distancia con la narración. Como si pretendiera ofrecer una experiencia más completa posicionándose fuera, desde la tercera persona.

Comienza narrando un paseo en los alrededores de la Universidad de Oxbridge (nombre ficticio que sugiere la combinación entre Oxford y Cambridge), donde se sienta en un banco y comienza a pensar. Pronto es interrumpida por un guarda de seguridad de la universidad que le informa que las mujeres no tienen permitido caminar por el césped. Así pues, trata de visitar la biblioteca, pero descubre que solo puede entrar si está acompañada de un hombre o posee una carta de recomendación. Mary aprecia las diferencias sustanciales en cuanto a la educación y el trato entre los diferentes géneros. Como es evidente, se disgusta.

Mary descubre que durante las comidas los comensales reciben platos diferentes en función de su género. «La cena estaba lista. Aquí estaba mi sopa. Era un simple caldo de carne. Nada en ella que inspirara la fantasía.»  Mientras que las mujeres tomaban sopa y luego un poco de carne con verduras y patatas y agua, los hombres tenían acceso a un festín, con vino incluido.

«¿Por qué los hombres bebían vino y las mujeres agua? ¿Por qué era un sexo tan próspero y el otro tan pobre? ¿Qué efecto tiene la pobreza sobre la novela? ¿Qué condiciones son necesarias a la creación de obras de arte?» Históricamente, el género femenino nunca poseyó los mismos recursos. En tal caso, era el marido quien gestionaba el dinero y, además, la esposa podía contar como un objeto más bajo la posesión del marido. ¿Cómo puede una mujer tener dinero para escribir si no es considerada un ser humano independiente siquiera?

Mary visita el Museo Británico para consultar libros. En su búsqueda encuentra un ejemplar titulado La inferioridad mental, moral y física del sexo femenino, escrito por un hombre. Los hombres no paran de escribir sobre las mujeres. Mientras, las mujeres que hablan sobre mujeres, desde una visión obviamente más realista, son muy escasas porque no lo tienen permitido. «¿Tenéis alguna noción de cuántos libros se escriben al año sobre las mujeres? ¿Tenéis alguna noción de cuántos están escritos por hombres?»

Pronto evoca y crea una hipotética hermana de Shakespeare llamada Judith. Explica que, aunque ella hubiera tenido el mismo talento de su hermano, habría sido imposible que triunfara dado su género. Cabe añadir que la creación de Judith ha sido objeto de múltiples estudios a lo largo de los siglos XX y XXI y un motivo o tema dentro de la cultura popular. Por ejemplo, el grupo The Smiths le dedica una canción.

Más tarde en la novela analiza que, a lo largo de los siglos previos, las mujeres que tuvieron la oportunidad de escribir pertenecían a la élite social, aunque carentes de tantos privilegios como los hombres de su mismo estamento. Toma el ejemplo de Aphra Behn o Jane Austen, entre otras. Ellas tuvieron la posibilidad de tener una habitación propia, es decir, el privilegio de tener su propio espacio, intimidad y, en cierto sentido, alguna libertad intelectual. El dinero era una condición totalmente necesaria. Del mismo modo, trata con naturalidad la existencia de las relaciones entre mujeres. Que una experiencia literaria real contempla la realidad de algunas mujeres que se aman entre sí. Innovador y revolucionario, sin duda.

La extensa reflexión de Woolf concluye con la necesidad de hacer saber que el oficio de escritor puede ser ejercido por cualquier persona, independientemente de su género. Que se debe coexistir en armonía sin excluir ni oprimir. La autora se posiciona a favor de la igualdad de oportunidades. Merece la pena luchar aunque sea complejo.

«Llegará la oportunidad y la poetisa muerta que fue la hermana de Shakespeare recobrará el cuerpo del que tan a menudo se ha despojado. Extrayendo su vida de las vidas de las desconocidas que fueron sus antepasadas, como su hermano hizo antes que ella, nacerá. En cuanto a que venga si nosotras no nos preparamos, no nos esforzamos, si no estamos decididas a que, cuando haya vuelto a nacer, pueda vivir y escribir su poesía, esto no lo podemos esperar, porque es imposible. Pero yo sostengo que vendrá si trabajamos por ella, y que hacer este trabajo, aun en la pobreza y la oscuridad, merece la pena

Virginia Woolf busca las raíces la opresión y las razones de la relegación de las mujeres a un segundo plano. Se pregunta dónde se desdibujan los límites entre géneros y, ante todo, insta a las mujeres a escribir. Esta travesía personal de la autora se convierte en el viaje común de todos los lectores. Woolf consigue externalizar su intimidad, sus preocupaciones y sus temores y los difunde. Siembra dudas y hace florecer respuestas.

Es tu turno para formar parte de este periplo atemporal. ¿Vienes?

 

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