¿Quién es víctima y quién verdugo?

Ciudadanos asiste a la marcha del orgullo tras haberse dejado claro que no podían y la polémica está servida. No solo la asistencia al evento fue controvertida sino que además miembros de Ciudadanos, encabezados por Inés Arrimadas (o Rosa Parks, como le gusta llamarse ahora), afirmaron haber sido agredidos e insultados por un montón de fascistas gays que les impidieron reivindicar como el resto. La realidad es que sus pactos con Vox, un partido que se muestra de manera reiterada en contra de los derechos del LGTB+, han enfurecido al colectivo que bien avisó a Ciudadanos de que no eran bienvenidos. Como, a pesar de todo, Inés adora presentarse en cumpleaños a los que no le han invitado, hicieron acto de presencia. Y el resultado fue una sentada multitudinaria contra ellos que, por lo visto, acabó con insultos y lanzamientos de agua. Repito que ellos, los de Ciudadanos, piensan que es porque los LGTB+ son unos fascistas. Pero bien podría ser que si no te han invitado a una fiesta, la gente no tenga ganas de ser muy amable contigo. Y si pactas con el diablo, luego no puedes pretender entrar en el cielo como si nada.

Sea como sea, el partido naranja ha conseguido exactamente lo que quería. ¿Reivindicar los derechos del colectivo LGTB+? ¿Reclamar su legítimo lugar como manifestantes dentro del Orgullo? No, nada de eso. Lo que han conseguido es una buena polémica que les convierta en las víctimas, al tiempo que ensombrece la lucha LGTB+. Y, mientras tanto, las agresiones a las verdaderas víctimas de todo esto, los propios integrantes del colectivo, son sistemáticamente ignoradas por medios de comunicación. ¡Y en pleno orgullo!

Por supuesto, el debate en redes sociales y, especialmente en Twitter, está siendo intenso en las jornadas sucesivas. Y en eso andaba yo ayer, leyendo polémicas sobre políticos en Twitter, cuando dí con el siguiente tweet y el vídeo que contiene.

Se trata de unos cortes de vídeo realizados sobre algunas ponencias en el contexto de unas jornadas desarrolladas en Gijón los pasados 3, 4 y 5 de julio de nombre «Política feminista, libertades e identidades». Y la verdad es que ver estos recortes junto a la polémica de Ciudadanos en pleno mes del Orgullo, me ha hecho plantearme muchas cuestiones. Y una de ellas es la poca visibilidad que existe de la transexualidad y el transgénero en la sociedad. Y también la poca empatía y ganas de entender a este tipo de personas. Lo que más me apena es que esto ocurra incluso dentro de los movimientos que deberían ampararlas y protegerlas, como son el LGTB+ y el feminismo.

Como esto es una revista feminista, voy a centrarme en el segundo. Resulta que existen unos sujetos transexuales/transgénero que deberían estar reconocidos dentro de la categoría que se establece como sujeto político central de la lucha feminista. Se trata, claro está, de las mujeres transexuales, que defienden que se enfrentan a la opresión patriarcal tanto como sus compañeras cis. Sin embargo, existen ciertas corrientes del feminismo, como el radical, que deniegan sistemáticamente la participación de estas mujeres dentro de la lucha por considerar que corrompen la noción de género y la desvirtúan, lo que impide la organización política y la lucha colectiva en última instancia.

Este tema, la lucha entre el transfeminismo y el feminismo radical (con conductas TERF), es uno de los principales conflictos que se desarrollan hoy en el seno del feminismo. Es importante saber por qué, ya que de una forma u otra afecta a la lucha.

Empezando por los básicos, el feminismo radical defiende que una mujer, desde su nacimiento y por causa biológica, pertenece a una categoría oprimida a la que nadie querría pertenecer. El transfeminismo piensa que las personas nacen con una identidad innata a reivindicar. El primer tipo de feminismo aboga por la abolición total de las diferencias estructurales entre los géneros, es decir, su resultado último sería la abolición del género en sí. Mientras tanto, el transfeminismo aboga por abolir lo binario y permitir que existan tantos géneros como identidades. Piensan también que el género no es bueno ni malo como tal, sino que es una cualidad más personal e individual, una categoría que cada persona percibe. Las feministas radicales no piensan que esto sea así. Para ellas, el género, entregado a cada persona desde su nacimiento en función a sus genitales, es una manera de opresión. Según feministas como Anna Prats, te lo atribuyen cuando naces y con él una categoría de inferioridad y sumisión respecto al hombre, con la consecuente opresión que esto conlleva.

También piensan las feministas radicales que la opresión sistemática del patriarcado viene por el control que se efectúa sobre la vagina y el embarazo. La concepción como tal. Algo que las mujeres transexuales no pueden llegar a comprender por no tener vagina y, por tanto, no tener la capacidad de dar a luz a nadie. Según las feministas radicales, ya por esto una mujer trans no podría ser sujeto del feminismo, pues no estaría oprimida de entrada. De hecho, su introducción como sujeto de esta lucha podría, según ellas, llevar a un feminismo capaz de blanquear la violencia machista. Asimismo, afirman que las mujeres trans son poco más que hombres disfrazados de mujeres que vienen a ocupar sus espacios seguros y sus luchas, como caballos de troya infiltrados y traidores. Algo que además alegan las feministas radicales es que la manera en que la mayoría de las mujeres transexuales tienden a expresar su género lleva a la reafirmación y perpetuación de los roles y estereotipos de género opresores atribuidos a la mujer. Sobre todo cuando las mujeres trans realizan una transición completa.

Y sobre todo esto yo tengo una opinión muy clara. Las feministas que piensan que lo que he mencionado en el anterior párrafo es correcto deberían hacer autocrítica para darse cuenta de lo increíblemente tránsfobas que son y el daño que hacen a muchas hermanas y la lucha feminista como tal.

Primero, porque no hay nada más machista y patriarcal que valorar a una mujer por su cuerpo. Las feministas radicales se llenan la boca de críticas contra el sistema por despreciar y oprimir sus genitales o forzar a las mujeres a usar su cuerpo de una determinada forma y no con libertad. Todo esto es cierto y ocurre pero, ¿acaso no es eso mismo lo que están haciendo con las mujeres trans? El culmen de todo esto llega cuando llaman a las compañeras trans hombres disfrazados de mujeres u hombres con vestidos y, en definitiva, niegan su existencia como mujer. Una mujer trans no es un hombre disfrazado que viene a ocupar tus espacios o a liderar tu lucha. No, es una mujer que sufre la parte que le toca de este sistema patriarcal en el que vivimos.

Por otra parte, me parece tremendamente injusto que se tache de traidoras a las mujeres trans por adecuar su expresión de género a los roles y estereotipos asumidos por la sociedad para las mujeres. Es evidente que todo esto es opresor, pero las personas trans buscan la validación social para ser leídas, vistas y tratadas con su verdadero género. Lo cual no ocurre en nuestra sociedad a menos que transformes tu físico. De hecho el feminismo radical nos regala ejemplos de ello al decir que una mujer trans con barba no es realmente una mujer. Claro, no sentir disforia de género o haber sido capaz de superarla es un claro indicativo de que mientes sobre tu identidad…

Quiero también dedicarles unas palabras a ciertas mujeres que forman parte del colectivo LGTB+, las lesbianas. Lo digo por unas palabras que dice en el vídeo Anna Prats, en que dice que a las lesbianas las tachan de tránsfobas si no les gusta un pene femenino. De hecho, si te paras a pensarlo lo es. De lo contrario voy a empezar a pensar que te gustan las personas en función a los genitales que presentan. Es decir, que valoras más la naturaleza del cuerpo de una persona que a la persona en sí. ¿No te suena de algo esto? ¿No te huele a patriarcado? Porque todo este cuento del fundamentalismo biológico a mi desde luego me lo parece. 

Ya que la he vuelto a mencionar, otra cosa que dice Anna Prats, que rechaza la etiqueta TERF, es que «como personas debemos apoyar que el colectivo trans no sufra discriminación, pero la raíz de su discriminación es distinta a la nuestra y por tanto no se debe tratar desde el feminismo». Lo mismo podría decirse de la raza y no creo que debamos expulsar del feminismo a las mujeres de color o ignorar los problemas añadidos que tienen por esta cuestión. Además, poco queréis tu y tus compañeras apoyar al colectivo trans cuando visiblemente hacéis mofa y burla de compañeras trans o, directamente, negáis su existencia afirmando que en realidad son hombres. Quizás estás señoras TERF quieran empezar a utilizar la expresión confusión de género para referirse a estas personas…

En fin, yo creo que a las cosas hay que empezar a llamarlas por su nombre. Inés Arrimadas no es una víctima, es un verdugo. No son hombres disfrazados, son mujeres. Serán feministas, pero desde luego son unas tránfobas opresoras sin escrúpulos.

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