Si tan solo la Capitana Marvel no se pareciera al arrogante Iron Man…

Hace pocos días se desató en Twitter una tormenta de críticas que arremetía contra la centrocampista estadounidense Megan Rapinoe. Para quien no lo sepa, Rapinoe es una jugadora de fútbol estadounidense que destaca por su espectacular juego y por cargar a sus espaldas algunas importantes condecoraciones. Precisamente este año, en el mundial de fútbol femenino que se jugó en Francia, la californiana no solo se hizo con la medalla de oro junto con su selección, sino que además consiguió el título de MVP, la bota de oro y el balón de oro por este torneo. También se hizo bastante popular en el mundo a raíz de criticar abiertamente el racismo de los tweets del presidente Donald Trump. O recientemente por “parecerse” al jugador del Arsenal Mezut Özil.

Sin embargo, las críticas que se le concedieron por Twitter no tienen que ver con ninguna de estas cuestiones. El hecho por el que se reprobó a la californiana fue un vídeo de siete segundos que se viralizó en que se puede ver como la centrocampista firmaba un balón a un niño (supongamos un fan) sin siquiera mirarle o dirigirse a él. Por supuesto, la red social se lleno de enérgicas críticas contra la campeona del mundo.

Pronto, a las críticas de enfurecidos forofos del fútbol, trolls y haters corrientes, se le sumaron defensas a la jugadora por parte de otros usuarios. Y, como todo lo que ocurre con las ya famosas controversias de Twitter, el debate se polarizó y se dividió a sus participantes en dos claros bandos cerrados. Por una parte estaban los detractores de Rapinoe, que tienen la consideración de que es una arrogante y una borde. Debe decirse también que existía un perfil claro en este bando, pues solía tratarse de hombres por lo general futboleros. Por otra, los que arremetían contra el primer grupo afirmando que el odio procesado a la centrocampista devenía del hecho de que Rapinoe sea una mujer lesbiana de fama mundial e increíbles habilidades. Es decir, que el grupo de defensores de la estadounidense basaba su defensa en que el odio demostrado tenía su raíz en el machismo y la homofobia.

Por supuesto, cada cual tenía sus motivos para esgrimir sus argumentos. Se hace visible en el vídeo que la actitud de la centrocampista con su fan no es la más humilde y agradable. Pero también puede notarse que los detractores suelen emplear tácticas machistas para recalcar su enfado. Se refieren a ella como «farsante», pues como puede alguien así de desagradable pedir la igualdad. Y, sinceramente, qué tendrá que ver la arrogancia de una persona con la igualdad de derechos o los derechos humanos. Y ya la gota que colma el vaso llega con comentarios similares a los recogidos en el siguiente tweet.

Tweets de este estilo hubo a mansalva. Incluso algunos usuarios afirmaban jugar mejor que Rapinoe a fútbol sin ser profesionales. Lo cierto es que referirse a una campeona del mundo en su modalidad, mejor jugadora, balón de oro y bota de oro de esta manera es, cuanto menos, poco elegante. Recuerda a cuando se criticó duramente al personaje Capitana Marvel por prácticamente los mismos motivos. Se tacha al personaje de Marvel de arrogante y creída, además de poco empática o simpática. Y se atribuía este hecho a que el personaje, de increíbles habilidades y gran poder, parecía tenerselo muy subido. Es decir, la ficticia Capitana recibió exactamente el mismo trato que la real Megan Rapinoe. Por eso, por muchas veces que observe fotografías que comparan a Rapinoe y a Özil, yo no puedo parar de verle parecido con el personaje interpretado por la actriz Brie Larson.

Todo ello me ha llevado a pensar en cómo se están representando hoy en día a los personajes femeninos en pantalla (ya sea grande o pequeña, ya sea ficción o telerealidad). Estamos en la época del #MeToo y de la representación de personajes femeninos empoderados y fuertes. El cine mainstream no para de colgarse medallas sobre lo bien representados y construidos que están sus personajes femeninos. Y la gente no para de aplaudir a Eleven, de Stranger Things, Nairobi, de La Casa de Papel, Cercei, de Juego de Tronos, las superheroínas de Marvel (la propia Capitana Marvel, Shuri, la Bruja Escarlata, Jessica Jones…), Elsa, de Frozen, o a Rey de Star Wars.  Sin embargo, algo sobre la tremenda buena acogida que tienen esta clase de personajes empieza a escamar. También este tipo de representaciones merecen una mirada más minuciosa para sacar el discurso detrás de toda esa diversidad que parece haber conquistado las grandes industrias de creación audiovisual.

Este proceso de crear personajes femeninos más fuertes y con mayor protagonismo no empieza de la noche a la mañana, aunque así lo parezca. Tampoco es tan distante en el tiempo. Todo surge de la creación de personajes que, a priori, parecen contraponerse a los arquetipos clásicos de mujer desarrollados desde el cine clásico de los cuarenta/cincuenta. Allá por aquellos entonces (que en realidad es algo que se prolongó en el tiempo) había, a grandes rasgos, dos tipos de mujeres: el ángel, ama de casa, buena esposa y elemento decorativo u ornamental, y la femme fatale, la mujer que intenta salir de lo establecido y por ello es castigada duramente.

Durante lo que sigue, el cine y las series se han dedicado a reproducir estos patrones pero evolucionándolos al mismo tiempo que lo hacía la sociedad. De tal forma que podría decirse que a partir de los ochenta/noventa empiezan a aparecer arquetipos de representación que, si bien se alejan de estos dos primeros patrones y muestran personajes femeninos algo más fuertes y completos, no son más que una variación de los mismos adaptada a tiempos más modernos en que la mujer se incorpora con fuerza al mercado laboral y la vida social.

Hay dos ejemplos que me parecen particularmente interesantes. Por un lado, el falso arquetipo de amazona, la mujer guerrera que lucha con fiereza desafiando el status quo establecido y que se vale por si misma. Al final este tipo de mujeres tienen motivaciones increíblemente femeninas, como defender a sus hijos, marido o allegados, pero no desde la percepción de proteger al débil o al querido, sino desde la óptica de la obligación maternal. Al fin y al cabo, el sentimiento y necesidad de proteger a otros es algo que parece nacer del adn femenino, y así se muestra en esta clase de personajes. Ni que decir tiene que estas mujeres nunca gozan de un protagonismo absoluto y siempre lo comparten con personajes masculinos mucho más fuertes en torno a los que orbitan. 

Cartel Terminator 2: el juicio final.

Por otra parte, el arquetipo de superwoman. La mujer que es capaz de conciliar su vida profesional con la vida familiar. La que es capaz de sacarlo todo adelante sin ayuda de nadie porque ese parece ser su superpoder. Claro está, este tipo de personajes llevan impregnados un discurso de «mujer tienes que ser capaz de hacerlo todo sola. Tener niños, cuidarlos, cuidar de tu marido y además traer el pan a la mesa. Que no se te escape nada».

Hay otros como el de la mujer poderosa que se ve obligada a masculinizar su conducta o aquella que en pos de labrar una vida profesional debe renunciar a todo lo que tenga que ver con formar un hogar o establecer una familia, por lo cual siempre sentirá un profundo vacío.

Aunque es visible que estos últimos «arquetipos» femeninos siguen existiendo en pantalla, también lo es que existen otros muchos que han superado estas fronteras y que han conseguido una construcción y evolución sin precedentes.

Puede parecer, en un análisis superficial, que estos personajes han conseguido la panacea de la representación. Se valen por sí mismas, tienen sus propios objetivos, hacen las cosas porque lo deciden, porque es lo que está bien y porque es lo que consideran justo u oportuno. Además parecen personajes profundos y completos, y gozan de protagonismo real. Pero, de nuevo, cuando uno de los personajes femeninos se sale de lo establecido y cruza ciertas fronteras, la crítica se alza contra ellos. Nadie piensa que lo que hace Eleven pueda estar bien o mal, porque al final del día es una mujer que se preocupa por todo el mundo y solo quiere salvar a sus seres queridos de una forma amable y bondadosa, acercando la reminiscencia de esa fuerte necesidad femenina de protección ajena. Sin embargo, todo el mundo parece tener algo en contra de Capitana Marvel porque es una persona arrogante, menos empática, agresiva y que nunca sonríe. ¡Como se atreve! ¿No se supone que es la buena de la película? ¿Entonces por qué demuestra cualidades claramente negativas? ¿Tenemos que aguantar a personajes así solo porque son mujeres? Si un hombre fuera así…

Pues lo son. El claro ejemplo lo tenemos dentro de la propia factoría de Marvel. Iron Man es un tío arrogante, creído y chulo, que no pierde ocasión para vacilar a alguien o señalarle alguno de sus defectos. Por supuesto no es así por azar. De hecho es un personaje muy bien construido. No solo se trata de una persona que es rica y disfruta de comodidades desde que tiene uso de razón, sino que es muy inteligente, ha conseguido hacerse poderoso y famoso y, por si fuera poco, ha salvado el mundo un par de veces. Además de todo eso, que en muchas ocasiones le llevan a mirar con superioridad a las personas, parece que en otras ocasiones tiene complejo de inferioridad y usa estas tácticas para evitar mostrar un lado vulnerable o quedar desarmado frente al resto. Como sea, lo lógico es que Iron Man sea arrogante y creído, no un Capitán América más. Puesto que las personas somos complejas y estamos supeditadas a nuestra propia experiencia vital y los factores externos que la moldean o alteran, no deja de ser consecuente que un persona con este trasfondo muestre este tipo de características. 

Lo mismo puede ocurrir con Capitana Marvel. Literalmente podríamos estar hablando del superhéroe más poderoso de toda la factoría con un background que claramente hace comprensible su manera de actuar. Por tanto, su supuesta soberbia y egocentrismo (cosa que aún podría discutirse si es o no así) podrían ser claramente lógicos y consecuentes a la construcción de su personaje. Me arriesgaría a decir que incluso estas características son las que le aportan aún más profundidad y la acercan al realismo. Si Capitana Marvel fuese como la Wonder Woman de Patty Jenkins no sería un personaje ni la mitad de interesante, ni profundo. Pasaría mucho más inadvertida dentro de un grupo de superhéroes del que, reitero, podría ser el más poderoso.

No quiero decir con esto que dichas características (la soberbia, el egocentrismo, el narcisismo,…) sean agradables o que haya que aplaudirlas. Se tiene todo el derecho a decir me cae mal Capitana Marvel porque es egocéntrica, u odio a Iron Man porque por mucho que tenga motivos es un idiota creído. No son cualidad positivas que deban alabarse nunca. Creerte mejor que el resto y utilizarlo como arma arrojadiza no es bueno. Pero hay personas que, por el motivo que sea, realmente son así, y dichas cualidades negativas no impiden que en otros aspectos sean grandes personas o realicen acciones positivas. Porque otra cosa que se explotaba mucho en el cine clásico de Hollywood era el hecho de que los personajes eran o buenos o malos, o todo o blanco o todo negro, cuando en realidad, para poder aproximarte a construcciones reales tienen que salir a relucir matices.

Sin embargo, parece que si eres una mujer no puedes pertenecer a los grises o, al menos, no puedes tener grises demasiado oscuros. Ni tan siquiera Jessica Jones puede permitírselo. La arrogancia y el sentimiento de superioridad son características que tradicionalmente han formado parte de lo considerado masculino. Por eso, que una mujer haga gala de ellas tiene una mala consideración, pues estaría actuando de manera incorrecta. Y al comportarte de manera no adecuada pierdes el derecho a reivindicar cualquier cosa. A pesar de que tu comportamiento no tenga relación con la causa. En el caso de los personajes masculinos estos hechos no suelen tener reprobación, pues tampoco es como si se pusiera sobre estos la presión de demostrar lo valido o no que es.

Y sobre ese eje gravita la cuestión. La representación femenina cada día es mejor. Los personajes femeninos son más complejos y gozan de mayor protagonismo real. Además suelen ser bastante más independientes. Sin embargo, se ha llevado el empoderamiento femenino  y su representación en el audiovisual (mainstream) por un camino bastante cómodo, que realmente no irrite al espectador medio, y que de nuevo marca dónde debe situarse la mujer dentro de un status quo en que no es, ni de lejos, la cúspide de la pirámide. Por eso, cuando aparecen personajes como Capitana Marvel que, muy levemente, desafían el correcto lugar que debe ocupar la mujer empoderada, o que se comportan de una manera anormal para lo establecido, las quejas llueven.

Y su representación directa y real, palpable, la encontramos en el caso expuesto sobre Megan Rapinoe. Esta bien que seas la mejor en tu campo, un icono gay-feminista, que te enfrentes a Donald Trump y se van a aplaudir todos los gestos que hagas en esta dirección. Siempre y cuando no tengas taras. Siempre y cuando seas el maldito Dalai Lama. Pero ojo, si demuestras soberbia, prepotencia y egocentrismo, todo lo demás quedará totalmente anulado y perderás el derecho a ser bien considerada. ¿Es que acaso la Capitana Marvel se cree Iron Man? ¿Desde cuándo Megan Rapinoe es ahora Cristiano Ronaldo? No son tan importantes. Al fin y al cabo, da igual lo que se haga, nunca se deja de ser mujer.

El sabor de boca que dejan esta clase de controversias es aquel que dicta que ellas solo son divas en busca de atención, mientras ellos son máquinas, mastodontes, genios y figura.

Algo que me gustaría matizar antes de terminar el artículo es que cuando me refiero a representación en el audiovisual es a la que se realiza dentro de los grandes circuitos de creación de contenidos y desde las grandes industrias y empresas que lo conforman, y cuyos productos tienen una gran penetración en los mercado dirigidos al espectador medio y masivo. Por supuesto existen circuitos y canales alternativos con otro tipo de representación, pero no es el caso que analizo. 

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