Usar agresiones sexuales para vender políticas es cultura de la violación

La cultura de la violación es un problema social que afecta especialmente a las mujeres. Básicamente se trata de una cultura en que la violación es aceptada y normalizada debido a actitudes sociales sobre el género el sexo o la sexualidad. No es un problema recogido en un área geográfica específica, sino que es de carácter global. Algunos ejemplos comunes asociados a dicha cultura de la violación serían la culpabilización de la víctima, la cosificación sexual, la trivialización de la violación o la negación de esta.

No es un fenómeno que crezca aislado. De hecho, tiene una amplia correlación con otros factores sociales y conductuales. Pero su nacimiento se enmarca dentro del patriarcado y el amplio sistema social-cultural que despliega. La cultura de la violación sería uno de los mecanismos del patriarcado para establecerse y desarrollarse. 

Foto recogida de Eldiario.es

Denunciar y desmantelar la cultura de la violación siempre ha sido uno de los temas centrales de la agenda feminista, debido a que supone una fuerte privación de la libertad femenina. Especialmente preocupantes son algunas cifras que se lanzan, como la que recoge la ONU en que estima que el 35% de las mujeres de todo el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual. También afirma en ese mismo informe de cifras que algunos estudios nacionales demuestran que hasta el 70% de las mujeres habría experimentado algún tipo de violencia física y/o sexual por parte de su compañero sentimental. 

En nuestro país, si bien la lucha feminista siempre habría estado preocupada y centrada en estas cuestiones, se ha desarrollado una especial sensibilidad y un controvertido debate en torno a la cultura de la violación desde que tuviera lugar el primer fallo en el caso de «La Manada». Aquel que solo condenaba nueve años y por abuso sexual a los perpetradores del crimen. Desde este momento, además, se ha empezado a hablar mucho más de las violaciones grupales en los medios de comunicación.

Y no es para menos si tenemos en cuenta que según datos presentados por el proyecto de Feminicidio.net, Geoviolencia Sexual, habrían tenido lugar 125 violaciones grupales desde 2016 (hasta comienzos de julio de 2019), de las cuales 34 habrían ocurrido en lo que llevamos de años. 

Pantallazo de Geoviolencia Sexual, proyecto de Feminicidios.net

Aunque las violaciones grupales empiecen a tener espacio en los medios, la mayoría de casos realmente no tienen un buen tratamiento o pasan muy inadvertidos. Algunos tienen una mención breve y solo aquellos con detalles escabrosos consiguen tener mayor visibilidad mediática. Todo porque este tipo de crímenes siguen siendo tratados con cierto amarillismo y contribuyendo al periodismo de espectáculo.

El último caso mediático, o que ha gozado de un más extenso desarrollo en medios, ha sido aquel sucedido a principios de mes en Bilbao en que seis hombres de entre 18 y 36 años presuntamente violaban a una mujer de 18. El caso ha tenido tirón real debido a la nacionalidad de los presuntos agresores, que han resultado ser de origen magrebí. Y la polémica ha venido orquestada de manos de la formación política Vox y su particular denuncia de los hechos. 

Titular de  eldiario.es

No solo sus principales líderes se han manifestado al respecto en redes sociales, sino que en la página web oficial de la formación se ha publicado un post en que dejaban clara su postura frente a los hechos e incluso proponían algunas soluciones.

En la entrada se recogían unas declaraciones realizadas por el líder de la formación Santiago Abascal. El político afirmaba que «todos los partidos políticos y medios de comunicación callan y silencian la verdad: los españoles de a pie están indefensos ante las manadas de salvajes que violan a las mujeres». En el resto del post se clarifica que por «manada de salvajes que violan a mujeres» se refieren a aquellos inmigrantes que han cometido esta clase de crímenes (tanto legales como ilegales).

También en el mismo post Abascal señala a los claros culpables de poner en riesgo a las españolas. Serían «las políticas progres, el efecto llamada y las ayudas sociales a la inmigración». Y como responsables directos «aquellos que se empeñan en diluir nuestras fronteras».

Y para evitar que hechos como el ocurrido en Bilbao vuelvan a suceder, Vox propone los siguientes puntos:

  • Expulsión de los inmigrantes ilegales a sus países de origen.
  • Expulsión de los inmigrantes que, aun estando de forma legal en el territorio español, hayan cometido delitos graves.
  • Revisión de los tipos penales para combatir las mafias de la inmigración ilegal, así como quienes colaboran con ellas.
  • Poner fin al efecto llamada con una política migratoria que desincentive la llegada irregular.

Es decir, que para evitar que violaciones grupales sucedan dentro de las fronteras de nuestro país, la formación de Abascal propone cerrar las fronteras a la inmigración e, incluso, expulsar a los inmigrantes legales, si se diera el caso.

La entrada acaba afirmando que «las violaciones grupales sucedidas en los últimos meses han sido perpetradas, según los pocos datos ofrecidos por los medios de comunicación, por individuos procedentes del Magreb y Europa del Este». Así, consiguen reestablecer la relación entre la política migratoria que plantean y las violaciones grupales porque, de otra forma, una cosa no conseguiría tener relación con la otra.

Lo que se puede apreciar aquí es un claro ejemplo de correlacionar cosas que no tienen ninguna clase de causalidad. Las violaciones grupales son crímenes que tienen su base en la cultura de la violación antes mencionada y su origen en el sistema patriarcal. Sin embargo, el post pretende hacer creer que el origen de dichos delitos es la inmigración específica que sucede dentro del Estado español (y concreta, incluso, las nacionalidades específicas que serían culpables).

Consigue reforzar esta idea de relación entre hechos con los supuestos datos recogidos en un informe de la Universidad Autónoma en que un 30% de los imputados por violaciones múltiples serían españoles, mientras que el 70% restantes serían extranjeros. Estas cifras no son ciertas, y sobre ello ya existe un artículo de maldito bulo al respecto, que fue publicado a principios de mayo de este mismo año.

Pantallazo del artículo de Maldito Bulo

Recapitulando, lo que tratan de hacer desde Vox es establecer una relación inexistente entre hechos y, para ello, utilizan cifrar falsas y datos de dudosa fiabilidad (pues no se ofrecen vínculos o enlaces a nada que pueda justificarlo). Y todo para poder vender su intransigente política migratoria que apuesta incluso por expulsar aquellos inmigrantes con nacionalidad que hayan cometido delitos graves (lo cual tiene pocas papeletas de poder sostenerse en base a la legalidad española).

Es disfrazar una estrategia política racista y populista de apoyo a una víctima y a las potenciales víctimas del futuro que pasa por ignorar la realidad detrás de este tipo de delitos. Las violaciones grupales no son fruto de una nacionalidad o la condición de inmigrante, sino de siglos de historia patriarcal. En consecuencia, lo más probable es que el cierre de fronteras y la prohibición o expulsión de inmigrantes no acabe con él. Tampoco esta medida asegura la mayor seguridad de las mujeres españolas respecto a las agresiones de los diferentes tipos de violencia machista. 

Algo que sí tiene sentido dentro de la entrada publicada en la web oficial de Vox es que «si de verdad queremos proteger a las mujeres, hay que hacer frente al problema con honestidad y realismo». Hay que reconocer el verdadero lugar del que proviene este tipo de violencia para así poder desarrollar mecanismos que ayuden a paliarla.

Para eso, frente a los cuatro puntos que sugiere Vox y que presenta como verdaderas soluciones a las violaciones grupales, propongo cuatro estrategias que se recogieron en un artículo publicado en El País para frenar la cultura de la violación, verdadero problema de base de las violaciones grupales:

  • Educar en el consentimiento, no solo en el plano sexual, sino en todos los aspectos de la vida.
  • Reconocer que ellos son imprescindibles para desmantelar esta dinámica. Educar a los varones en que el problema del machismo es también suyo y que juegan un papel fundamental para desmantelar la cultura de la violación. Deben formarse y educarse, llegar a deconstruirse, para poder avanzar en este término. También tienen que luchar para que sus congéneres no caigan en estas dinámicas.
  • Extender la idea de que agredir no es sinónimo de poder. 
  • Y, fundamental, legislar a favor de las víctimas. En nuestro país urge realizar medidas en la legislación referente a los delitos sexuales y, además, se hace imprescindible que existan figuras especializadas en estos aspectos legales, como también hay, por ejemplo, jueces especializados en materia mercantil.
Foto de Albert García publicada en El País

La cultura de la violación es peligrosa y deja muchas víctimas a su paso. Es imprescindible para conseguir que desaparezca y que dejen de existir personas afectadas que se reconozcan con franqueza los motivos por los que se origina. Utilizar un hecho como el sucedido en Bilbao para vender una intransigente política migratoria de manera populista desvirtuando el crimen de su verdadera base es, en este caso, cultura de la violación.

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