Encuentra a una mujer que tenga cerebro. ¿Todas tienen vagina?

De nuevo, paseando entre las redes encontré algo que se hizo bastante viral y, no, no se trata de la ruptura entre Liam Hemsworth y Miley Cyrus. Se trata de este tweet que, aunque se publicó el nueve de agosto, sigue circulando y es fácil encontrar con asiduidad (supongo que todo depende de la esfera/burbuja de redes sociales en que tú te encuentres, pero al menos en la mía lo es).

Se trata de una imagen de una fachada (el lugar no puedo saberlo) en que pone «Find a woman with a brain. They all have vaginas», que traducido al castellano es «Encuentra una mujer con cerebro. Todas tiene vaginas».

[Un mensaje bastante desafortunado por la alta dosis de transfobia y misoginia que lanza. Aunque es bueno hacer un anáisis más profundo de la cuestión.]

Quiero entender que el mensaje se lanzó con buenas intenciones… Probablemente el destinatario son aquellos hombres que se embarcan en relaciones sentimentales con mujeres de las que solo buscan su cuerpo, en un ansia por jugar con el envase y olvidarse del contenido, como un gato que prefiere jugar con la caja que contiene el juguete nuevo que le ha comprado su compañero humano que con el juguete mismo.

Puede comprenderse también que es un mensaje contra la cosificación absoluta del cuerpo de la mujer en que se reivindica que una mujer es mucho más que carne destinada a la manipulación masculina. Que detrás de cada una de ellas hay mucho más que la satisfacción de la mirada y el deseo sexual de los varones. 

Por último, puede entenderse como una crítica a la manera en que se enseña a los hombres a relacionarse en el campo afectivo-sexual, criticando una sociedad que les enseña a necesitar y ambicionar el sexo y desatender el resto de aspectos de la vida que comprenden las relaciones en pareja.

Analizado así parece que se trata de un potente mensaje feminista, pero la realidad es otra. Todo lo que he mencionado anteriormente lo he sacado de un esfuerzo por entender el mensaje como yo quería, no de él mismo. Sin embargo, por la forma del mensaje, dista mucho de que se comprenda así sin dicho esfuerzo. Como hemos analizado anteriormente en este medio, la forma es muy relevante a la hora de hacer llegar un discurso. Y en este caso, la forma concreta de este mensaje hace que se malogren todas las (posibles) buenas intenciones que puedan tenerse a la hora de lanzarlo por varios motivos.

Realmente todas las mujeres tienen cerebro. No todas las mujeres tienen vaginas.

Todos los seres humanos tenemos cerebro con independencia de nuestro género. No vamos a entrar aquí a analizar si los cerebros masculino y femenino son diferentes, pero el caso es que si eres mujer tienes cerebro. Es un hecho natural y científico.

Sin embargo, no todas las mujeres tienen vagina. Puede ser que la mayoría de las mujeres que hay en el mundo la tengan, pero existe un porcentaje de ellas con genitales distintos a estos: las mujeres transgénero. Estas mujeres tendrían pene y seguirían siendo mujeres.

Teniendo esto en cuenta se abren dos caminos de cara al mensaje lanzado: o bien está equivocado, o es completamente tránsfobo al no considerar la existencia de aquellas mujeres que no tienen vagina.

Encontrando al espécimen perdido.

Al hacer uso de la palabra «find» («buscar»), el mensaje deja claro que es necesario encontrar algo entre una multitud. Lo que hace es animar a los hombres a hallar, de entre todas las mujeres con vaginas (todas las del mundo, según el propio mensaje), aquellas que tengan cerebro (entendido como inteligencia). En realidad propone al receptor descubrir un espécimen perdido entre una multitud: la mujer inteligente. Y para ello se debe buscar entre el resto: las mujeres que solo pueden aportar su vagina es decir, actividad sexual. Cuando lo evidente es que esto no es así.

Enfrentamiento femenino.

Debido al motivo anterior, el mensaje caería en la dinámica de enfrentar a las mujeres. Algo habitual en el sistema patriarcal que nos rige es la tendencia que existe a enfrentar a las mujeres para que se declaren enemigas entre ellas y no culpen de nada al resto. Es algo que se ha promovido desde la educación reglada, la que te dan en casa, la que se aprende de la propia experiencia y la que nos llega de los productos masivos audiovisuales o la lectura.

Dentro de esta especie de cultura del confrontamiento femenino, el más común es el que enfrenta a dos (o más mujeres) por un hombre. Es decir, aquel en que las mujeres deben pelear entre ellas por conseguir el favor masculino.

Este mensaje promueve dicha cultura al establecer que existen ciertas mujeres superiores a otras por tener cerebro (entendido como inteligencia), mientras que el resto tienen solo vagina (entendido como dote sexual). En la búsqueda que se sugiere al varón, las mujeres tendrán que demostrar que tienen algo más que ofrecer que actividad sexual, teniendo, al mismo tiempo, que validar que sus compañeras no lo tienen.

La realidad es que todas y cada una de las mujeres tienen mucho más que ofrecer al mundo que su cuerpo. Todas tiene cerebro y sus propias capacidades. Y no tienen que validarse o demostrar que tienen algo más que el resto.

Y mucho menos deben hacerlo mediante el enfrentamiento entre ellas para validar su posición respecto a un hombre.

La mujer no se encuentra. La mujer existe.

Y no existe para que un hombre la localice y la haga suya. La mujer existe como individuo con todos sus derechos y capacidades. Una mujer siempre es mucho más que sus genitales, al igual que un hombre lo es. Y no se debería justificar la necesidad de validarlo respecto a nadie o nada. Muchos años de lucha feminista han dejado claro que las mujeres son más que caras bonitas o cuerpos que se usan. O, al menos, ya debería haber quedado claro…

Recapitulando, que en realidad no se trata de un mensaje feminista, ni positivo. En realidad es la misma misoginia de siempre con altas dosis de transfobia. Es una muestra más de que vivimos en una sociedad regida por un sistema patriarcal que, una vez más, sitúa al hombre como cazador y la mujer como presa. Solo que en esta ocasión advierte al hombre en que debe fijarse para conseguir la presa de mayor calidad. Y encima es capaz de vender esa advertencia tan misógina como feminismo.

 

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