Operación bikini: deberes en vacaciones

Verano: momento de playa, piscina, de vacaciones, de operación salida… y de operación bikini. Hace unas semanas ya hablamos de los riesgos (y aciertos) de este proceso por el que “debemos” pasar para “lucir cuerpo” en verano. Porque el cuerpo se luce, se exhibe, se mira; y la playa o la piscina se convierten en un escaparate.

Pero en el escaparate tiene que estar nuestra mejor versión, así que cada año vuelve el mensaje de que hay que preparar el cuerpo antes de mostrarlo a la sociedad. No puedes ponerte un bañador sin más, no: antes tienes que acercarte lo más posible al canon de belleza impuesto, adelgazando, depilándote, etc. Algo que debería ser tan sencillo como “Primer y último paso: ponte un bikini” se convierte en toda una operación para cambiar tu cuerpo antes de poder usar esos trozos de tela en público.

¿Cuántas de estas personas se habrán planteado al ponerse el bañador si su cuerpo es o no totalmente válido?

Es cierto que cada vez se trata de consejos más lógicos, que tienen que ver con un estilo de vida saludable que deberíamos seguir todo el año en lugar de aplicarlo de manera temporal. Pero el problema es el objetivo: si la razón para hacer ejercicio y llevar una dieta sana es poder usar bikini sin remordimientos en verano, algo estamos haciendo mal. El culto al cuerpo nos ha llevado a que la apariencia física sea de más importancia que la propia salud.

No es que se nos diga de forma directa “no puedes llevar bikini si no eres de esta manera”, sino que ya tenemos ese mensaje tan interiorizado que no necesitamos que nadie diga nada. No puedo evitar pisar la playa pensando cuántas de las personas (y sobre todo, cuántas mujeres) que veo a mi alrededor han venido pensando, como yo, que aún pueden mejorar su apariencia, que todavía pueden hacer más. Y me gustaría convencerlas y convencerme de que no tenemos por qué hacer nada, que nuestro cuerpo es solo el envoltorio que los demás ven cuando nos miran, pero hay muchos otros aspectos de nosotras que sí que merecen culto y consideración, cuidado y mimo.

Los anuncios nos dicen que si no estamos depiladas no podemos ir a esa fantástica fiesta en la piscina (menos mal que existe esta maravillosa cuchilla), y también nos suelen enseñar cuerpos normativos: delgados y musculosos, sin vello corporal y sin estrías. Y ya está. ¿Cuerpos diversos? Eso lo dejamos para otro día. Pero toda esa gente, después de ver publicidad por todos lados y escuchar comentarios al respecto, va a la playa pensando que su cuerpo no es válido, que necesita mejorar, que tiene que someterse a la siempre presente operación bikini. Y el verano se va, pero esa sensación se queda hasta el verano siguiente.

Y en la playa no se puede evitar oír comentarios como «es que estoy demasiado blanca», «es que me sobran kilos» o incluso «no tiene cuerpo para ese bañador». Ahí están las normas invisibles del bikini haciendo acto de presencia, el canon estético decidiendo quién tiene que sentirse culpable por mostrarse en ropa de baño. Y la bola se hace más grande, y pasan los años y así seguimos. Pero en verano sigue haciendo calor y seguimos queriendo ir a la playa.

No tiene sentido que nos preocupemos tanto por nuestra apariencia física, hasta el punto de privarnos de hacer ciertas cosas que querríamos hacer o incluso poner nuestra salud en peligro, como tampoco tiene sentido que se juzgue a las personas por criterios estéticos. Y, sin embargo, aquí estamos, sumergidas en este mar de sinsentidos cuando lo único que queríamos era darnos un baño en la playa.

Por todo esto, creo que habría que hacer una operación bikini distinta de cara al verano que viene: convencernos de que no hace falta tener una apariencia determinada para poder tomar el sol y darnos un baño con tranquilidad. Estaría bien aprender a aceptar nuestro cuerpo cada día un poco más, con todas sus peculiaridades, e intentar dejar de extender esa idea de que el bikini es solo para un tipo de cuerpo.

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