Kate Millett: feminismo radical y arte

Mañana, 6 de septiembre, se cumplen dos años del fallecimiento de Kate Millett, escritora, cineasta, escultora y activista feminista, y una de figuras más relevantes del feminismo radical de los años 60 y 70. Para ella, la desigualdad de género se encontraba tanto en la esfera pública como en el ámbito privado, incluyendo las relaciones íntimas entre hombres y mujeres. La desigualdad es política porque nace de las relaciones de poder. La voluntad de conectar las experiencias personales con estructuras y problemas sociales más amplios caracterizó al feminismo de la segunda ola, con su lema “lo personal es político”.

Kate pertenecía a la Organización Nacional de Mujeres (National Organization of Women: NOW) y formó parte del grupo de feministas radicales New York Radical Women, fundado en 1967 y disuelto en 1969.

A día de hoy, los estudios de género están presentes en la mayoría de universidades, son un tema frecuente en las tesis y trabajos de fin de grado y cada vez más centros ofrecen masters en esta área. Casi medio siglo atrás, Kate Millett fue la primera en hacer una tesis doctoral sobre género en todo el mundo: defendió Política sexual en 1969 en al Universidad de Columbia. En ella, proponía que el sexo es una categoría política como son la clase y la raza, y que el origen del patriarcado es histórico y social.

Según la autora, nacida en Minnesota en 1934, el patriarcado es una forma de gobierno bajo la cual todo el poder y las instituciones están en manos de hombres, y las mujeres quedan relegadas a ciudadanas de segunda, oprimidas psicológicamente. Afirma que el mundo, tal y como lo conocemos, es un mundo de hombres. Millett habla de cómo la discriminación acaba siendo interiorizada, y defiende que hay que luchar por esas partes de nuestra esencia que han sido erosionadas por el patriarcado, como el sentimiento de valía y la autoestima.

Cuando estudiaba en Oxford, quedó profundamente impactada por El segundo sexo de Simone de Beauvoir: “el libro confirmó todas mis percepciones sobre el mundo.” Años después, cuando volvió de Japón tras dos años allí se topó con La mística de la feminidad de Betty Friedan. Afirma que el feminismo cambió su vida como persona y como artista, y que el ver que otras mujeres veían las cosas como ella le dio energía para seguir luchando.

Kate Millett junto a una de sus esculturas, titulada «Kitchen Lady»

Para Millett, la relación entre los géneros es política porque es una relación de poder. Las distinciones y características asociadas a los sexos tienen una base social y no biológica. La autora analiza el fundamento cultural y político de estas distinciones, que establecen un sistema de diferenciación jerárquico que mantiene la supremacía masculina.

Asimismo, en Política sexual analizó la obra de autores como Norman Mailer y Henry Miller, criticando los ejemplos de misoginia que encontraba. Inició así la crítica literaria feminista, demostrando que se puede aplicar la perspectiva de género al análisis literario. El debate continuó de la mano de otras feministas radicales como Germaine Greer.

Kate Millett reveló que era bisexual en la revista Times. Aunque reconoció que fue duro aceptar que le gustasen las mujeres y que tuvo problemas con su familia e inseguridades respecto a sí misma, ese momento difícil cambió su vida y la hizo mucho más libre para escribir lo que quería. Sin embargo, encontró dificultades dentro del propio activismo feminista y LGTB: por un lado, a algunas feministas radicales les preocupaba la “amenaza violeta” (un grupo de activistas que protestaban por la exclusión de las lesbianas del movimiento), y por otro, algunas militantes del otro extremo la criticaron por no comprometerse con el lesbianismo. “El dicho, tan inflexible como un edicto fascista, es que la bisexualidad es una forma de evadir la cuestión”.

Kate Millett junto a una de sus esculturas

Poco a poco fue desvinculándose de la vida pública y retirándose a su granja en el estado de Nueva York donde se dedicaba a restaurar edificios y vender árboles de Navidad. Siguió escribiendo y publicó otras obras, como Flying (1974), una especie de autobiografía; Going to Iran (1981), sobre su deportación del país por unirse a la lucha por los derechos de las mujeres del país; y The Looney-Bin Trip (1990), sobre su experiencia en un centro psiquiátrico irlandés cuando dejó su tratamiento con litio, que había iniciado para sobrellevar su trastorno maníaco-depresivo (conocido también como trastorno bipolar).

En esa misma granja fundó la Women’s Art Colony Farm, un espacio para jóvenes artistas femeninas. A Millett le fascinaba el intercambio de ideas entre creadoras, y quería crear un entorno en el que las mujeres pudiesen trabajar liberadas de estigmas sociales, y producir y hablar sobre el arte producido por mujeres. Se trataba al mismo tiempo de una colonia artística, una comunidad feminista y un experimento social. En 2012 se convirtió en una organización sin ánimo de lucro y cambió su nombre a Centro Millett para las Artes (Millett Center for the Arts).

Kate Millett se casó dos veces: con el japonés Fumio Yoshimura en 1965, a quien dedicó el libro de Política sexual y del cual se divorció en 1985; y con la fotógrafa canadiense Sophie Keir, con la que estuvo casada hasta su muerte. Falleció de un ataque cardíaco en un viaje a París, dejando tras de sí una larga vida dedicada al arte y a la lucha feminista.

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