España, un país feminista en Estado de Emergencia

España es el quinto país más feminista del mundo y no, esto no es propaganda de ningún político intentando justificar su machismo, es el resultado del último estudio realizado por el Instituto Georgetown para la mujer, la paz y la seguridad, en 2018. En él se evalúa la inclusión y bienestar de la mujer en el ámbito escolar, laboral, político, judicial y social.

Es cierto que hoy en día casi todo el mundo en España considera obvia la incorporación de la mujer al mundo laboral, pero también es cierto que según el informe realizado por Gestha (el sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda) los hombres cobran un 30% más que las mujeres. De hecho, a principios de 2019, la brecha salarial se incrementó en cien euros, es decir, que los hombres ya cobran casi 4.900€ más que las mujeres. Y cabe destacar que a partir de los 16.000€ anuales se acentúa la desigualdad entre sexos, ya que el número de hombres que reciben sueldos entre los 50.000€ y los 80.000€ es el doble que el de mujeres y si pensamos en altos cargos con sueldos de 140.000€ solo una de cada cinco personas es mujer.

De tal forma que sí, en nuestro país las mujeres pueden trabajar, pero eso no quiere decir que todo se haya conseguido ni que se deba dejar de luchar.

Es cierto que a pesar de ese techo de cristal es posible encontrar en España, referentes en casi cualquier ámbito. Periodistas, científicas, artistas, políticas… cualquier niña que ande en busca de un modelo que la inspire para decidir qué quiere ser de mayor tiene un amplio abanico muy digno en el que fijarse. No obstante, ¿dónde están estas mujeres?

Según la última edición del Proyecto de Monitoreo Global de Medios, que cada cinco años estudia los medios de comunicación de 100 países distintos para responder a la pregunta ¿quién aparece en las noticias?, la respuesta es que, desde luego en España, las mujeres no. Solo en un 30% de las noticias el sujeto protagonista es una mujer, salvo si se analiza en particular la sección de sucesos violentos y crímenes donde como víctimas aparecen en más del 50% de las noticias. Y en calidad de fuentes expertas sea el que sea el tema, solo en un 9% de los casos se consulta a una mujer.

De tal forma que sí, en España contamos con grandísimos referentes femeninos, pero si no se los muestra, ni las futuras generaciones los llegan a conocer y percibir como tal, es imposible que aspiren a ser algo que no han conocido.

Es cierto que la mayoría de mujeres en nuestro país salimos a la calle diariamente en múltiples ocasiones y nos vestimos y divertimos como queremos. Sin embargo, el acoso callejero es algo que forma parte del día a día. Según la organización Stop Street Harassment, el acoso callejero se definiría como “las interacciones no deseadas en el espacio público, motivadas por el género real o el percibido, orientación sexual o expresión de género, que hace a quien es acosado sentirse, irritado, enojado, humillado o asustado”. Y solo 12 países poseen una legislación específica contra este tipo de violencia, de los 189 que firmaron la Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer.

Es más, entre 2018 y 2019 se han denunciado 115 agresiones sexuales múltiples de las que 66 son violaciones, siendo 32 de ellas en lo que llevamos de este año que todavía no ha terminado, lo que según los datos obtenidos y analizados por el proyecto de Geoviolencia de Feminicio.net implica un total de 231 agresores para esas 66 violaciones.

Seremos el quinto país más feminista del mundo, pero algo está fallando y los datos hablan por sí solos. Es por ello que el pasado mes de julio la Plataforma Feminista de Alicante emitió un manifiesto declarando un estado de emergencia feminista y lanzando la propuesta de organizar manifestaciones el 20 de septiembre por toda España bajo lema: ¡Hagamos la noche violeta!

Fuente | Emergencia Feminista

Así pues, el pasado viernes, a las ocho y media se congregaban en la capital madrileña las suficientes personas como para llenar toda la Plaza de Sol y un poco la entrada de las muchas calles que desembocan en ella. No hacía falta recorrer toda la plaza para darse cuenta enseguida de la heterogeneidad de las personas presentes y la sintonía que había entre ellas.

Chicas adolescentes que cantaban bien alto “¡Sola, borracha quiero llegar a casa!”; una mujer anciana que junto a sus compañeras intentaba hacerse oír al grito de “¡Violencia machista, violencia terrorista!”; una madre y sus hijas que coreaban la consigna de “¡De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue cueste lo que cueste!” y muchos hombres que se sumaban al enorme rugido que inundaba Sol y decía: “¡No es no, lo demás es violación!”.

No eran ni las nueve todavía cuando comenzó a llover de tal forma que fueron segundos los que tardó la plaza entera en quedar ocultada bajo cientos de paraguas. Parecía que algunas personas comenzaban irse para resguardarse de la lluvia cuando se escuchó el siguiente canto: “¡No está lloviendo Madrid está llorando!”. Los pasos se frenaron e impactadas por aquella frase muchas personas volvieron a donde estaban y sumaron sus voces. La lluvia se convirtió entonces en la protagonista de muchos lemas creativos y pronto se escuchó: “¡Voy a luchar, aunque me tenga que mojar!”.

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En España se realizaron 265 convocatorias por todo el territorio. Además, a la iniciativa española se sumaron manifestaciones desde Francia en París y Latinoamérica en Argentina y Colombia, lo que no deja de ser una demostración más de la capacidad del feminismo de traspasar fronteras.

Fuente | Emergencia Feminista

Aquella noche España se tiñó de violeta tal y como se deseaba, pero ahora queda afrontar el próximo reto: todos y cada uno de los días del año en los que se debe seguir luchando. Más aún en las circunstancias en las que se encuentra la ciudadanía española de bloqueo político y auge de ideologías que pretenden invisibilizar la lucha feminista.

Tras un siglo de historia, el feminismo sigue en pie cada día, pasando de generación en generación y no piensa callarse ante aquellos que no quieren dar nombre a una realidad como es la violencia de género. Porque gritar es la única opción cuando ya no quedan minutos de silencio.

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