Abarcar el VIH desde el feminismo

Brevísimamente dejaré claro algunos conceptos ya sabidos sobre el VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana). Durante los primeros años de infección, la persona infectada no desarrolla ninguna enfermedad, pero va disminuyendo en su cuerpo la cantidad de unos linfocitos específicos que nos ayudan a afrontar las amenazas que recibe nuestro organismo (se denominan células T, mayoritariamente CD4). Así, la infección puede llegar a un estado tardío (entre unos 5 y 12 años de media), donde sí se desarrolla la enfermedad, lo que llamamos sida.

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En esta época donde el feminismo  —por fin— está presente en muchísimos ámbitos; cuál es mi sorpresa que al realizar una investigación sobre las consecuencias de la prevalencia de la mujer en el ámbito de las infecciones por transmisión sexual (ITS), observé que, en comparación a los hombres, se disponen de menos publicaciones al respecto y se deja de lado ciertos hechos que se deberían abordar con mayor relevancia.

En el caso del VIH, según estudios mundiales de ONUSIDA, los casos de infección son equitativos entre hombres y mujeres. En Occidente vivimos con una tasa inferior en los casos femeninos, pero hay que focalizar nuestra atención en el colectivo de las mujeres por varias razones. Si analizamos con detenimiento cómo se gestiona a nivel social la libertad sexual de las mujeres, podemos destacar que muchas de ellas no son conscientes del riesgo que corren. ¿En cuántas relaciones se dejan de lado los condones sin realizar pruebas diagnósticas de ninguna ITS con anterioridad? Se han realizado pocos estudios de la infección por estado civil o formas de relación de pareja. Además, ¿Cuántas mujeres se han infectado a través de una pareja que les era infiel?

Si no somos conscientes del riesgo, no somos conscientes de que podemos estar infectados. Muchas mujeres no ven los riesgos a los que se exponen porque, ante el tabú en el entorno de la sexualidad que a muchas se les inculca, no pueden. El amor no protege contra el VIH ni su derivación hacia el sida, las pruebas diagnósticas y la erotización del  uso de preservativos; sí. Se debe empezar a crear comunicaciones sociales específicas para ellas, para empoderarlas y que atiendan a su sexualidad de forma individualista para el control de su salud y de su disfrute sexual.

El virus, pese a tener la misma capacidad de infección en cualquier persona en situaciones habituales, no dispone siempre de la misma facilidad de entrada al organismo. El tipo de papel que desarrollamos en el sexo (principal vía de transmisión hoy en día) es una variante esencial para entender la importancia de que las mujeres accedan a las pruebas de diagnóstico. Las mucosas vaginales tienen una capacidad de absorción mayor que las del pene y el esperma dispone de mayor carga viral (cantidad de virus) que los fluidos vaginales. Además, los roles receptivos, ya sean llevados a cabo por mujeres como por hombres, son las formas con más riesgo de una transmisión efectiva del VIH. Por estas razones, es una pena que las asociaciones que nos dedicamos a la prevención sobre ITS recibamos más visitas de hombres que de mujeres en nuestros centros.

La violencia contra las mujeres es otro condicionante a tener en especial consideración. En cualquier relación de riesgo, si se le suma la acción de forzar a una persona a mantener relaciones sexuales, el riesgo aumenta en un  40%. Cualquier caso de violación es, de facto, considerado de mayor riesgo. No podemos dejar de lado esta situación y debe tenerse en cuenta por todos los agentes implicados en la atención de la víctima, ya que hoy en día existe el PEP (Profilaxis Post Exposición), un tratamiento para frenar la infección en personas con posibilidad de haberse expuesto al virus, efectivo en un elevado porcentaje, sobre todo, si se realiza dentro de las 72 horas siguientes. Es un tratamiento actualmente aceptado en España, disponible en cualquier hospital con un área de medicina interna de enfermedades infecciosas y adecuado para cualquier persona que haya tenido una relación de riesgo, pero en casos de violación es imperativo que se ofrezca junto con la píldora anticonceptiva de urgencia.

Dentro de esta misma línea, se debe incorporar a los procedimientos el ofrecer la prueba diagnóstico del VIH y otras ITS a todas las mujeres víctimas de violencia de género o trata de personas. La reincidencia en la que las relaciones son consumadas en contra de su voluntad, hace factible que cualquiera de ellas dispongan de mayor posibilidad de infección.

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El  VIH es un microorganismo que afecta a todos por igual, pero es necesario que la transversalidad de género llegue también al marco de la prevención de todas las ITS. Sin una estrategia socio-sanitaria específica para ellas donde se les explique los riesgos y todas las formas efectivas  —y actualizadas— para evitar la infección, ninguna mujer estará en igualdad de condiciones frente al VIH.

Sobre el autor:
Rubén Alexandre es técnico de prevención del programa SexPoint del Comité AntiSIDA de Coruña (CASCO). SexPoint es mucho más que un lugar de encuentro al que acudir para recibir información sobre cualquier infección de transmisión sexual, en el también realizan la prueba rápida de detección de VIH y trabajan desde el ámbito de la educación sexual acudiendo a centros cívicos, penitenciarios o de estudios. En definitiva, se trata de un lugar seguro, libre de prejuicios y con profesionales preparados para seguir cualquier protocolo de actuación que sea necesario.

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