Noemí Casquet y la revolución sexual

Noemí Casquet quiere liberarnos, a todas y a todos. Cree en una revolución que nos hará libres, que nos permitirá hacer con nuestros cuerpos y con nuestras vidas lo que queramos. Y a esto dedica su carrera profesional, ya sea a través de artículos, reportajes, libros, vídeos en Youtube o posts en Instagram. Es periodista especializada en viajes y sexualidad, escritora y activista. Este fin de semana hablamos con ella sobre sus proyectos e ideas.

Noemí Casquet. Fuente: Facebook

Noemí nació en Barcelona en 1992 y se graduó en Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona. “Durante la carrera, la mayoría de mis proyectos se centraron en el tema de la sexualidad, y una vez acabé mis estudios seguí por ese camino”, cuenta. Este año publicó su primer libro, Mala Mujer (editorial Lunwerg); es directora y co-fundadora de Santa Mandanga, la primera plataforma de educación sexo-afectiva explícita; en su canal de Youtube reúne a casi 300.000 suscriptores, y ha colaborado en medios de todo tipo. Hasta hace poco también llevaba una agencia de comunicación, pero la dejó para centrarse en su carrera. “Hace dos años que empecé con la agencia, e iba muy bien, pero era un trabajo demasiado demandante. Me di cuenta de que no era lo que quería hacer, por mucho que me gustase, así que decidí dar un salto al vacío y dedicarme al 100% a la divulgación de la sexualidad.”

Santa Mandanga es un proyecto que creó en febrero junto a Roberto Garcés: “podría decir que hicimos match a nivel de trabajo, y decidimos iniciar este proyecto, que es la primera plataforma de educación sexual explícita. Tenemos una web y redes sociales. Creemos que hace falta este contenido. Cuando aprendes a cocinar no te ponen fruta de plástico, ¿no? ¿Pero a que en educación sexual, sí? Nuestro objetivo es solucionar carencias en el campo de la educación sexual, que en muchos casos se basa en la pornografía.” La plataforma se basa en una suscripción de 5€ al mes que permiten acceder al contenido, y a 8 nuevos vídeos cada mes. “La idea es que sea asequible para todo el mundo, pero conseguir cubrir los gastos. La gente está respondiendo muy bien al proyecto, por ejemplo estuvimos en el Salón Erótico de Barcelona y fue genial”. 

En su cuenta de Instagram tiene más de 130.000 seguidores, pero el camino ha sido largo y es el tercer perfil que crea en esta red social, ya que le cerraron los dos anteriores. “En mi primera cuenta tenía unos 37.000 seguidores, y de repente me la cerraron, sin darme explicaciones ni posibilidad de recuperarla. No me da rabia por el número de seguidores, sino por las fotos y los textos. Perdí muchísimas horas de trabajo. Y todo por hablar de sexualidad. La segunda cuenta que creé tenía tres fotos sin ningún tipo de contenido sexual, y me la censuraron solo por tener mi nombre y apellido.” Esta última cuenta tiene verificación, por lo que debería ser más difícil que se la censuren. Sin embargo, ya le retiraron una stories en la que se intuía desnudez. “Ahora evito usar palabras como “coño” y “polla”, y hablo de bollos y barras de pan. Ya no digo que soy experta en sexualidad, ¡ahora soy experta en panadería!” Noemí critica que Instagram censure cuentas que divulguen sobre sexualidad pero permitan perfiles que defienden el fascismo o publicaciones que promueven trastornos alimentarios. “Llama la atención que una trabajadora sexual no puede tener cuenta en Instagram, pero Pornhub tenga un perfil con verificación. Creo que deberíamos reflexionar sobre qué intereses tienen estas empresas para hacer lo que hacen.

Fotografía de Carlos Pina. Fuente: Huffington Post

Su carrera ha avanzado progresivamente y su público ha ido creciendo poco a poco, pero también ha habido momentos clave en los que ha ganado repercusión rápidamente. Un ejemplo fue su entrevista en el programa La Resistencia, en abril, en la que Broncano se mostraba sorprendido por la falta de tabúes de Noemí. “Yo a la Resistencia fui a liarla, a generar controversia. El programa me dio mucha visibilidad de repente y me acercó a un público distinto, más gente me buscaba y conocía mi nombre. Pero, más allá de ganar visibilidad, me esfuerzo por ofrecer un buen contenido, es algo por lo que lucho cada día.” Al fin y al cabo, no basta con tener un altavoz para que se nos escuche, sino que también importa qué tenemos que decir. “Yo no quiero imponer mi opinión a nadie, pero sí que quiero que la gente se pare a pensar, que se plantee las cosas. Si tú quieres hacer exactamente lo que te mande el sistema, genial. Pero que sea porque tú quieres, porque lo decidas de forma consciente.

Sin embargo, entre estas entrevistas que dan visibilidad a su trabajo, hay algunas en las que no puede aportar mucha información porque quien la entrevista no busca las respuestas sino alguna excusa para reforzar tópicos sobre el poliamor o la diversidad sexual. “Me he encontrado con muchas luchas de egos, con periodistas que no te van a escuchar porque lo que quieren es hacer los mejores chistes, y al final no importa lo que tú digas. Entiendo que lo hacen porque intentan ascender, así que bueno, aceptas que ese no es momento de divulgar porque no te van a dejar. Hubo una entrevista en la que apenas podía acabar mis frases, solo hacían chistes y más chistes sobre el poliamor.” Uno de los temas que más le cuesta explicar en entrevistas es el del contrato o acuerdo relacional, que consiste en ponerse de acuerdo con la pareja o parejas sobre cómo se quiere que sea la relación. “En cuanto dices contrato, la gente piensa que es como un contrato mercantil, algo fijo y frío, cuando en realidad no es así.”

La “mala mujer” de la que habla en su libro es la que se siente libre, la que hace lo que quiere con su cuerpo y no siente que deba explicaciones a nadie. Esa imagen de “mala” ahora está cambiando. “Cuando estaba en el instituto, un profesor preguntó quién se masturbaba. Casi todos los tíos levantaron la mano. Yo también lo hice, y recibí miradas raras por parte de mis compañeras. Ahora no, ahora hay incluso apología de la masturbación. Tenemos que disfrutar los tiempos que estamos viviendo, porque hemos tenido que luchar mucho para llegar hasta aquí.” Pero no todo es perfecto: “la liberación sexual está genial, pero veo un problema. Parece que muchas veces se está reduciendo el sexo solo al orgasmo, y el sexo es mucho más. Sí, un satisfyer te da orgasmos genial,es pero yo disfruto mucho más cuando me comen el coño.” Noemí considera el sexo como una forma más de comunicación, y se lamenta de que la educación sexual sea tan escasa. Esa preocupación es el impulso de su carrera profesional. “Mi objetivo máximo es la liberación, y hacer llegar esto al mayor número de personas posible. Hay muchas más opciones al margen de lo que nos dicen desde el sistema, y yo quiero visibilizar esas realidades. Quiero dedicar mi vida a la divulgación de la sexualidad, lo voy a hacer hasta que me muera, así que espero que sea tarde.” El libro, publicado en abril, está teniendo una respuesta muy positiva. “Una chica en el Salón Erótico de Barcelona me enseñó que se había tatuado el título en el brazo, y flipé. Hay gente que me cuenta que gracias a Mala mujer ha salido de relaciones tóxicas. Me encanta ver que ha sido algo útil, me siento muy afortunada.”

Fuente: Facebook

Noemí deja claro siempre que cuando habla lo hace desde su experiencia de mujer cis, y que hay muchas realidades diferentes a la suya. “Soy muy crítica dentro del movimiento feminista. Creo que nos olvidamos de que hay mucha diversidad. No hay que hablar solo de la mujer cis. Algo que tampoco me gusta es que parece que se da de lado a los hombres, cuando también tienen que participar en el cambio que buscamos. Además, ellos tienen encima una losa enorme llamada masculinidad que tienen que quitarse. Creo que deberíamos ser inclusivas en el discurso, tener en cuenta todas las realidades y géneros. Veo peligroso que se repitan discursos sin que nadie los critique ni cuestione, así es difícil que evolucionemos.” 

Creó un formato televisivo llamado Sex Riders con el que viajó por el mundo investigando cómo se trataba la sexualidad en cada lugar. Es un proyecto que retomará en un futuro, pero gracias al que aprendió muchísimo. “La antropología sexual es un tema que me fascina. Dentro de eso, tengo especial interés en las sexualidades ancestrales. Temas como la retroeyaculación, el squirting (o eyaculación femenina) o la multiorgasmia, aunque se vean como algo nuevo, ya se estudiaban en el siglo IV a.C. en el tao y el tantra.  El kamasutra, por ejemplo, no se cuestiona si existen o no el punto P o el punto G, sino que te muestra qué posiciones son las mejores para estimularlos. Ahora la ciencia está dedicando más atención a esto, se buscan nombres técnicos y concretos, pero esto lleva milenios siendo una realidad.

Afirma que el mayor reto de toda su carrera ha sido hablar de sexo. “Llevo ocho años dedicándome a esto, y no es fácil. Hay demasiados tabúes, la tradición tiene mucho peso y el sistema no quiere que hablemos de esto. No les conviene que tengamos conciencia, quieren que sigamos el juego y no nos salgamos de ahí. Me han criticado por salirme de lo que se suele hablar dentro del tema del sexo, por hablar de sexualidades alternativas… También por hablar de sexualidad sin ser sexóloga. La gente asume que si hablo de sexo es porque tengo muchísimas relaciones sexuales, y no porque pase horas investigando sobre el tema.” En esto, no ve una diferencia de género. «No creo que para un hombre sea más fácil hacer divulgación sobre sexualidad, porque los hombres no suelen hablar de temas como la eyaculación precoz, la disfunción eréctil, la gestión emocional o la comodidad en sus relaciones, hablan de la cantidad de relaciones que tienen y ya está. Al final, hay muchas más mujeres divulgando sobre este tema; por algo será.»

A pesar de los obstáculos que se encuentre, Noemí tiene claro que esto es lo que quiere hace. Quiere hacer crecer esa revolución que nos hará libres. “Espero que esa revolución nos lleve a hacer con nuestro cuerpo lo que queramos, a darnos cuenta de que hay un sistema con unos roles prediseñados en los que no tenemos por qué entrar. Si eres una mujer con 35 años, verás anuncios de Clearblue porque ya te toca quedarte embarazada. Si eres un hombre de 30, anuncios de coches y elementos que demuestren tu poder adquisitivo. Quiero crear conciencia de esto, de que nos están imponiendo un estilo de vida que no tenemos por qué seguir. Yo veo el sistema como una pirámide. Quienes tienen el poder están en la cima, pero nosotras somos la base. Y si la base se tambalea, la pirámide se puede caer.” 

Desde su “rinconcito de Youtube un poquito cutre” (tal y como lo describe en sus vídeos) pero muy necesario, desde sus redes sociales y desde todos los medios posibles, Noemí Casquet habla de sexualidad, de diversidad, de viajes, de activismo, de poliamor y, sobre todo, de revolución.

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