Sociedad

8M 2020 | Por un feminismo interseccional

«Queremos cambiarlo todo», la capacidad transformadora del feminismo

“Queremos cambiarlo todo, queremos estar todas, desde la interseccionalidad, entendiendo las diferentes realidades que nos atraviesan a cada una” es uno de los lemas que conforman el manifiesto del 8M de 2020 y que ponen el foco en la importancia de contar con un movimiento por y para todas. Un feminismo interseccional que ponga los cuidados en el centro y termine con las lógicas patriarcales y relaciones de poder instauradas. Porque un año más demostramos que unidas somos imparables. Que si el patriarcado y el capitalismo se llevan tan bien es porque nuestros cuerpos siguen siendo el campo de batalla y las mujeres somos violentadas por el hecho de ser mujeres En este sentido, Ángela Davis expone que “el feminismo eficaz tiene que luchar contra la LGTB-fobia, la explotación de género, clase y raza, el imperialismo y el capitalismo”. Abordar las raíces de las opresiones supone aspirar a una radical transformación social, es decir, trabajar por ese feminismo del 99% como indica Nancy Fraser, que abarca las diversas opresiones que vivimos las mujeres, desde la lucha de clases, la discriminación por orientación e identidad hasta el arraigado racismo institucional.

Este 8M ha vuelto a formar parte de una movilización histórica con la que el movimiento demuestra cada año la capacidad transformadora que tiene el feminismo. Un año más, la afluencia ha sido un exitazo pese a los discursos mediáticos de la ultraderecha y pese al temor al coronavirus. De hecho, decenas de mujeres aparecieron con máscaras denunciando que el virus que nos asesina a las mujeres es el machismo. Tal es así que abrimos este 2020 con datos alarmantes sobre violencia de género. Según datos de feminicidio.net se han registrado 22 feminicidios en España en lo poco que llevamos de año y más de mil asesinadas en la última década.

En la movilización de Madrid escuchamos lemas como “si las mujeres paramos, se para el mundo” con el que se exige visibilización y revalorización de los cuidados y del trabajo no remunerado del hogar, que ha sido realizado de manera histórica por mujeres. Así lo pone de manifiesto el último informe de la Encuesta de Empleo del Tiempo del INE, donde se recoge que las mujeres siguen dedicándole muchas más horas al trabajo no remunerado del hogar y a los cuidados: “La diferencia del reparto de horas entre trabajo remunerado y no remunerado de hombres y mujeres pone de manifiesto el desigual reparto de las tareas de cuidados, educación, trabajo doméstico, cuidado de personas dependientes y las jornadas de trabajo totales más largas que realizan las mujeres”.

El capitalismo mantiene a las mujeres encargándose de los cuidados a la par que la mercantilización de sus cuerpos es una realidad. Nos cosifican y minan nuestra autoestima y salud mental con la imposición de unos cánones de belleza irreales que, para encajar en ellos, tratan de vendernos cientos de productos “milagro”. Esto sucede a tal nivel que se nos enseña que la valía personal de cada mujer depende del nivel de deseabilidad que despierta en los demás o de cuánto encaje en esa imposición de la belleza. De este modo, se produce un negocio redondo para el patriarcado capitalista y se mantiene a la feminidad en la sumisión y falta de autoestima.

Uno de los principales debates que genera divisiones dentro del mismo movimiento tiene que ver con el sujeto político del feminismo, motivo por el cual cientos de mujeres decidieron centrar sus pancartas en pro de la inclusión y los derechos de las mujeres LBT, como “feminismo transinclusivo o no será”. A lo largo de la semana las reivindicaciones por los derechos de las mujeres en el espacio público ya se desplegaban, como fue la concentración convocada por FELGTB con el fin de visibilizar a las mujeres lesbianas, bisexuales y trans, y con el lema “sororidad y feminismo, juntas contra el patriarcado” defienden un feminismo interseccional, ya que existe una doble discriminación: por razón de género e identidad y por orientación afectivo-sexual.

Otro de los puntos clave del reclamo de la huelga recae en la Ley de libertad sexual a través de los lemas “sola y borracha quiero llegar a casa” denunciando el miedo que sentimos las mujeres al volver de noche por el riesgo a que invadan nuestros cuerpos. También se exige el fin del victim blaming o culpabilización de las mujeres tras sufrir violencia sexual con el lema de las Tesis “la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”.

Por otro lado, se destaca la importancia de contar con una coeducación real con perspectiva de género y el fin de los vetos parentales. Nuestra sexualidad sigue siendo un tabú, estando estigmatizada bajo argumentos moralistas y trayendo graves consecuencias que oscilan desde la inculcación de la culpa hasta acabar vulnerando nuestro derecho a tener una salud sexual de calidad. Otro de los puntos claves es la eliminación de los roles y estereotipos de género establecidos y recuperar la memoria histórica feminista invisibilizada bajo el discurso androcentrista instaurado. Para ello, la base principal es la educación con perspectiva de género.

2020 se presentaba como una etapa futurista de coches voladores en la que habríamos conquistado nuestros derechos humanos, sin embargo la realidad dista de esta idea. Numerosas manifestantes mayores llevaban en su pancarta “¡No me creo que aún esté luchando por esta mierda!”. Queda mucho por transformar, porque nos quieren bellas, calladitas, sumisas y compitiendo, pero nos tienen alzando la voz y juntas en una marea violeta imparable. Somos la cuarta ola.

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