Personalidades

Por un Orgullo crítico, un feminismo transversal y un PSOE sin transfobia

Hoy, Día Internacional del Orgullo, recordamos aquel 28 de junio de 1969 cuando en un pub de Nueva York saltó la chispa de la revolución por los derechos del colectivo LGTB en los llamados disturbios de Stonewall. Y como todos los años, el movimiento feminista, en la amplia diversidad de organismos y personas que lo componen en distintos países del mundo, alza la voz por sus mujeres lesbianas, bisexuales y… ¿y ya? ¿y las mujeres trans dónde están?

En España, precisamente en pleno mes de celebración del orgullo se le ha planteado esta pregunta al PSOE, actualmente en el gobierno junto con Unidas Podemos, cuando el 9 de junio publicó un documento titulado “Argumentos contra las teorías que niegan la realidad de las mujeres” procedente de la Secretaría de Igualdad y firmado por cuatro personalidades del partido, entre ellas la vicepresidenta Carmen Calvo.

Documento difundido el 9 de junio de 2020

Con solamente cuatro páginas, los autores del documento pasan de realizar una explicación de la diferencia entre sexo (características corporales, biológicas y fisiológicas, que definen y diferencian a los humanos) y género (construcción social que en nuestra sociedad diferencia a hombres y mujeres y crea desigualdades por los distintos roles, estereotipos, funciones, expectativas, oportunidades y espacios que se asignan a cada uno) a exponer razonamientos que avalan el rechazo de las mujeres trans dentro del feminismo y a la legislación, en general, de los derechos de las personas trans.

Tras esta introducción, en la segunda página encontramos el apartado titulado “La manipulación interesada de la Identidad sexual o de género”, en el que se explica cómo “determinados movimientos” que “están ganando terrero”, como si se tratase de una amenaza a la altura del COVID-19, utilizan interesadamente la identidad de género y eso pone en riesgo el “concepto jurídico y sujeto político mujer”. Esto empeora cuando en la tercera página se proponen algunos “riesgos prácticos” de este uso de la identidad de género, donde podemos leer cosas como:

“¿Cómo afecta a la ley de violencia de género? ¿Podría un hombre maltratador señalar que se siente mujer y por tanto no poder ser juzgado por este delito?

Este planteamiento se encuentra a la misma altura de aquellos que piensan que la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género no debería existir por el abuso que hagan de ella las mujeres que realicen denuncias falsas; que el salario mínimo vital solo provoca que la gente no quiera trabajar; que el matrimonio homosexual acabaría con la existencia de las familias heterosexuales; o que legalizar un aborto seguro y público tendría como resultado que las mujeres se dedicasen a abortar cada fin de semana que tuviesen relaciones inconscientemente.

Además, otro error que se repite a lo largo del documento es la expresión “se siente”. En este argumentario se considera la identidad de género un sentimiento y deja claro que un “sentimiento” no puede tener efectos jurídicos en frases como:

“No se trata de cuestionar si una persona se siente hombre o mujer, independientemente de su sexo biológico o el aspecto físico que quiera manifestar, sino cómo se traslada un sentimiento y su expresión – especialmente cuando no se mantiene estable en el tiempo – al ordenamiento jurídico y qué implicaciones tiene hacerlo”

“¿Cómo se reconoce y acredita jurídicamente la expresión puntual de un sentimiento?”

Tras leer esto uno puede pensar, tal y como ha dejado claro la cómica y presentadora trans, Elsa Ruíz, que al PSOE se le debería caer la “S” de socialista del nombre. Pues bajo un aparente paraguas feminista se difunden pensamientos tránsfobos que solo socaban la dignidad de las personas trans al equiparar su reivindicación con un sentimiento, un capricho puntual, algo confuso que no es estable en el tiempo y que puede utilizarse de formas retorcidas en asuntos tan graves como la violencia de género.

Sin embargo, lejos de este documento tránsfobo que ha enfurecido al colectivo trans, podemos encontrar respuestas como la de la Diputada de la Asamblea de Madrid y socialista desde los años 90, Carla Antonelli que como mujer trans ha mostrado su rechazo al argumentario y ha dejado claro que va en contra no solo de la propia historia del partido socialista y los avances que en materia de derechos del colectivo LGTB ha hecho desde hace décadas, sino de las propias leyes que han aprobado numerosas comunidades autónomas, como la reciente “Ley integral Trans” en las Islas Canarias, e incluso  también se contradice con el propio pacto de coalición entre PSOE y Unidas Podemos.

Dentro del apartado 5.12 del pacto se establece el compromiso a la aprobación, entre otras muchas, de la llamada Ley Trans, para seguir avanzando en la erradicación de las distintas formas de discriminación y patologización del colectivo trans, más allá de lo establecido en la Ley 3/2007. Esta en su momento eliminó la necesidad de someterse a operaciones quirúrgicas para poder modificar el sexo y nombre indicados en documentos tales como el DNI, pero seguía estableciendo la necesidad de un diagnóstico médico y un periodo mínimo de dos años de tratamiento hormonal. De tal forma que ha seguido condenando a muchas personas a una batalla médica y burocrática para poder ser quienes son.

A pesar de que en el comunicado se puede leer “os hacemos llegar el documento que hemos realizado que sintetiza los argumentos y nuestra posición de Partido”, Carla Antonelli en numerosas entrevistas ha explicado que “las posturas oficiales del PSOE se debaten y se fijan en los congresos y en las conferencias políticas, no en las secretarías” de donde procede este argumentario.

Todo parece que quedó arreglado en la reunión que mantuvo, en la sede del PSOE en la calle Ferraz el pasado 17 de junio, la Delegación Federal LGTBI del PSOE con representantes de las juventudes socialistas, con diversas plataformas a favor de los derechos de estos colectivos y con los coordinadores regionales, en la que se llegó a un acuerdo que contradice al “panfleto tránsfobo”, como dice Carla Antonelli y se afirmaba que el partido mantenía sus compromisos con el colectivo trans.

Sin embargo, este suceso ha abierto la puerta a que numerosas mujeres declaradas «feministas» difundan abiertamente mensajes contra las mujeres trans y su exclusión del movimiento, tales como, la presidenta y fundadora del Partido Feminista, Lidia Falcón, quien difundió el argumentario y en una entrevista del 6 de marzo de este año manifestó su transfobia al referirse a las mujeres trans como:

“seres extraños que deciden ser mujer pero que nacen como varón y pretender ser protagonistas del feminismo”

Lejos de este tipo de pensamientos contra los derechos humanos de todo un colectivo, las mujeres trans son mujeres y su inclusión dentro del movimiento feminista no supone ningún peligro para las mujeres cis, no las invisibiliza ni las desdibuja, es hacer más fuerte a un movimiento tan amplio y diverso como el propio ser humano.

Campaña para el Orgullo 2020 del Ministerio de Igualdad

En definitiva, a lo largo de la ola feminista de los años sesenta y setenta se intentó sumar a las reivindicaciones de aquellas mujeres blancas, heterosexuales y de clase media otras muchas luchas, como acabar con el racismo hacia las mujeres negras, visibilizar otras orientaciones sexuales o incluir cuestiones de clase social y pensar en todas aquellas mujeres lejos de una clase acomodada. Una ardua tarea que llega hasta nuestros días, pues parece ser que al igual que las feministas de antaño, hoy en día se sigue sin escuchar en muchos sectores del feminismo, si es que se le puede llamar así, a todas aquellas compañeras negras, lesbianas, bisexuales, de clase baja, y transexuales, entre otras muchas realidades.

El feminismo debe ser transversal, es decir, anticapitalista, antirracista y que abarque todo el espectro de identidades y orientaciones sexuales que las mujeres puedan tener, pues de nada sirve clamar por una igualdad si se permite que una inmensa mayoría de nosotras siga siendo explotada, discriminada y maltratada.

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