Personalidades

Zora Neale Hurston: un lugar para la mujer afrodescendiente

De intelecto ardiente, un sentido del humor contagioso y el don, como decían sus amigos, «de entrar en los corazones», así era Zora Neale Hurston, unas de las figuras más prominentes del Renacimiento de Harlem (1910-1930). El poeta Sterling Brown dijo que «cuando estaba Zora, eso era una fiesta».

Zora Neale Hurston nació el 7 de enero de 1891 en Notasulga, en el estado de Alabama, pero en 1894 su familia y ella se mudaron a Eatonville, Florida. Hija de John Hurston, carpintero y predicador bautista, y Lucy Hurston (née Potts), profesora.

Fuente: zora.medium.com

Al vivir y criarse en Eatonville, una de las primeras ciudades totalmente negras de Estados Unidos, nunca conoció el sentimiento de inferioridad asimilado por las comunidades afrodescendientes que cohabitan con poblaciones hegemónicamente blancas; sin embargo, al moverse indistintamente entre las comunidades blancas y negras, Hurston tuvo que reinventar su propia comunidad durante toda la vida.

Hubo una temporada, a principios del siglo XX, en la cual desaparece; no estaba censada y no existía (ni existe) ningún tipo de registro público sobre su paradero. Es más, ni ella menciona esta etapa en sus memorias. Unos años después, en 1917, Zora reemerge y aún no había completado sus estudios de educación secundaria. Esto no le impidió intentarlo; pero para poder optar a la educación pública, se vio obligada a restarse diez años, marcando 1901 como su año de nacimiento (lo cual le permitía fingir que tenía dieciséis años). Curiosamente, a partir de ese momento siempre dijo que tenía diez años menos de los que realmente tenía.

Al finalizar sus estudios secundarios asistió a la Universidad, donde conoció a Alain Locke, el primer afroamericano en recibir la beca Rhodes. Posteriormente, se mudó a Nueva York y comenzó a abrirse paso en el Renacimiento de Harlem; la meca cultural de la población negra de Estados Unidos que se mantuvo como punto neurálgico entre 1910 y 1930. Este movimiento nació como respuesta contrahegemónica a la popular película El nacimiento de una nación, que heroificaba al Ku Klux Klan y convertía a los afrodescendientes en enemigos del Estado.

Fuente: The peopling of NYC: Harlem

En 1927, Hurston conoció a Charlotte Osgood Mason, heredera de una gran fortuna, con la cual convino un estipendio de 150 dólares al mes con la condición de que la escritora no publicase nada sin su permiso. Esto se debía a que la heredera estaba especialmente interesada en todo lo relacionado con el continente Africano; sin embargo, a pesar del patronaje, su visión era una fetichización primitiva de los artistas y, además, su carácter caprichoso y calculado ponía a prueba a todo artista que trabajaba para ella.

En 1928 Hurston se graduó de la Universidad Bernard College y en 1935 ya había publicado varias historias cortas y Jonah’s Gourd Vine (1934), su primera novela, donde incluyó diversos personajes femeninos como Hattie, una practicante de hoodoo (una forma de magia popular que tiene como objetivo mejorar la vida de los practicantes a través de rituales y conexiones con fuerzas sobrenaturales la cual no debe confundirse con el vudú).

El final de los años treinta y principios de los años cuarenta marcan el zénit de la carrera de Hurston: en 1937 publica su novela más famosa, Sus ojos miraban a Dios, con Janie Crawford como protagonista. Existen estudios que afirman que Crawford tiene mucho Zora, pudiendo considerar la novela como una especie de autobiografía.

Hurston se convirtió en una de las primeras autoras en celebrar y retratar el dialecto afroamericano (conocido en inglés como AAVE) y, por este motivo, «Sus Ojos miraban a Dios» es una parte fundamental de muchos currículos académicos de Estados Unidos. Además, a través de todas sus obras retrataba a mujeres que debían ejercer su fortaleza en contextos hostiles debidos al racismo, ostracismo y opresión sexista de las cuales eran objeto, explorando simultáneamente las tradiciones y folclore de las culturas negras y caribeñas.

Portada del libro Sus Ojos miraban a Dios | Fuente: Zoraneleahurston.com

Aparte de escritora, también fue antropóloga, de carrera y profesión, lo cual le ayudó a descubrirse como mujer negra. Durante su época en la Universidad de Barnard, obtuvo una beca de investigación para viajar al sur de EE. UU e investigar sobre el folclore afroamericano. Esto la convirtió en pionera, pues hasta ese momento ninguna mujer afrodescendiente había sido pagada por investigar.

Así mismo, del folclore Afroamericano, lo que más le interesaba fue la música, ya que a través de estas se podía percibir la realidad de miles de personas, especialmente aquellas que vivían en el sur de los Estados Unidos. Uno de sus encuentros más llamativos fue con Kossula— popularmente conocido como Cudjo Lewis— el último superviviente del último barco esclavista que llegó al Sur antes de la Guerra Civil.

El 28 de enero de 1960, muere de una enfermedad cardiaca y a pesar de haber publicado más de una decena de libros, siempre tuvo problemas económicos, puesto que al ser mujer y negra, no solía recibir grandes sumas de dinero, por lo que fue enterrada en una tumba sin nombre en Fort Pierce, Florida. Devolverla a la vida fue un trabajo de décadas que comenzó con una, por aquel entonces, relativamente desconocida Alice Walker que decidió volar a Florida a buscar su tumba y marcarla debidamente. En 1977, ella y el escritor Robert Hemenway publicaron el libro «Zora Neale Hurston: una biografía literaria».

De los escritos de Hurston se pueden decir muchas cosas; pero algo que resulta relevante es el uso de la población de Eatonville —ciudad en la que creció— como inspiración para muchos de los personajes de sus libros. Gracias a esto es considerada Local Colorist, un estilo que deriva de la presentación de los rasgos y peculiaridades de una localidad, sus habitantes, el folclore y el paisaje de la zona.

Hoy hablamos sobre Hurston por varios motivos. Por un lado, hoy, 28 de enero de 2020, se cumplen sesenta años de su muerte. Por otro, su indudable talento. Pero, sobre todo, por haber apostado por los tradicionalismos y folclore de una cultura contrahegemónica durante la época de leyes como Jim Crow o los linchamientos públicos. Hurston apostó por su cultura y sus tradiciones, lo cual, a nuestros ojos, la convierte en un personaje importante en el mundo contemporáneo.

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