Sociedad

Un 8M diferente pero igual de necesario

Este 8 de marzo ha sido extraño. Ha estado marcado por la incertidumbre y por las restricciones como consecuencia de la pandemia que nos cambió las vidas hace ya un año. Pero las reivindicaciones feministas no han perdido fuerza, sino que se han alzado incluso en estos tiempos raros. La crisis sanitaria agravó los problemas a los que ya se enfrentaban las mujeres, al tiempo que reducía sus posibilidades de contar con apoyo. La feminización de la pobreza se hizo patente y quedó claro que nuestra lucha debe seguir.

Sabemos que el feminismo no sale a la calle únicamente el 8 de marzo, sino que está presente en el día a día: en esa conversación con alguien que hace unos años no habría apoyado nuestra lucha pero que poco a poco ha cambiado su opinión al respecto; en la manera en la que los chistes pierden gracia y los gestos dejan de ser bienvenidos. En todos los pequeños pasos que damos para después poder mirar atrás y ver que avanzamos. El 8 de marzo es ese momento en el que nos damos la vuelta para mirar el camino recorrido y el que queda por recorrer. Salimos a las calles para celebrar que seguimos aquí, que seguimos luchando, y cogemos fuerzas para continuar. 

Concentración en Galicia / Fuente: Galegas8M

Este año, todo tenía que ser diferente. Durante meses se habló de si debíamos manifestarnos en las calles o buscar alternativas, de cómo adaptar las movilizaciones a la situación en la que nos encontramos. Las voces más críticas hablaban de irresponsabilidad, mientras las distintas organizaciones pedían el cumplimiento de las medidas de seguridad en los actos convocados, que tendrían un aforo reducido. 

El 4 de marzo, la Delegación de Gobierno en Madrid prohibió las concentraciones por el Día de la Mujer en toda la comunidad haciendo referencia a motivos de salud pública, algo que llenó las redes sociales de mensajes de indignación. No tanto por evitar una concentración masiva, sino por no haber prohibido ninguna de las múltiples manifestaciones que han tenido lugar a lo largo de este año. La Comisión 8M había convocado distintos actos para evitar las aglomeraciones en un solo lugar y descentralizar las movilizaciones. Junto a los sindicatos, presentaron un recurso ante el Tribunal Constitucional, que finalmente mantuvo la prohibición

Cartel de la concentración de Barcelona
Cartel de la concentración de Barcelona en el Paseo de Gracia / Fuente: Vaga Feminista

Sin embargo, el 7 de marzo veíamos cómo cientos de personas se reunían sin cumplir las medidas de seguridad para recibir al Atlético de Madrid en el estadio Wanda Metropolitano, lo que aumentó la confusión y el desencanto en las redes. Por otro lado, los comentarios que se colaron en una emisión de la alfombra roja de los Premios Goya de TVE demostraron lo necesarias que siguen siendo nuestras reivindicaciones. Este tipo de comentarios se dan a diario, pero esta vez eran imposibles de ignorar. 

El Día de la Mujer empezó con pancartas y murales vandalizados, entre ellos el famoso mural de Ciudad Lineal en homenaje a mujeres relevantes de la historia que la derecha madrileña quiso borrar en enero. Pero encima de las pintadas, las vecinas pegaron carteles con los rostros de estas mujeres, demostrando que hay cosas que no podrán silenciar ni invisibilizar. 

Por toda la geografía nacional tuvieron lugar concentraciones feministas en plazas y calles, guardando distancia y cumpliendo las medidas de seguridad establecidas. En Galicia, la plataforma Galegas8M convocó actos en varios municipios de cada provincia, y animó a las mujeres a hacer huelga laboral, estudiantil, de cuidados y de consumo. Desde la plataforma de Asturies Feminista 8M destacaban la seguridad de las manifestaciones celebradas en distintas localidades. En Barcelona optaron por una manifestación estática, mientras que en otras ciudades catalanas se celebraban varios actos. Las fotografías de estas concentraciones son un ejemplo de que es posible adaptar el activismo a los tiempos que corren.

En Madrid, el activismo pasó a los balcones, a las ventanas, a los patios. La Comisión 8M propuso la acción “Mi ventana feminista” para que vistiésemos nuestros espacios de morado e hiciésemos visible el feminismo desde la calle. Las casas se hicieron feministas, no solo sus habitantes. En lugar de recorrer las calles, muchas mujeres salieron a los balcones y portales para aplaudir, hacer ruido y cantar las mismas consignas feministas que otros años retumbaban por la capital. Además de esto, y a pesar de la prohibición, hubo concentraciones en distintos puntos de la ciudad, en los que se leyeron manifiestos. 

Para mí, y a nivel personal, los días anteriores al 8 de marzo estuvieron llenos de sentimientos encontrados y mucha incertidumbre, así como los días posteriores. Pero he aprendido que hay muchas formas de aportar mi granito de arena para avanzar: una conversación sobre feminismo en el trabajo, descubrirles a mis alumnas las artistas que para mí fueron referentes, reflexionar con mi madre y con mis amigas, escribir aquí… Antes del lunes también me convencí aún más de la necesidad de un feminismo interseccional e inclusivo cuando leí que habían vandalizado la placa de homenaje a Cristina Ortiz, La Veneno, que se encuentra en el parque del Oeste. Sobre el cristal que cubre la placa (colocado precisamente para evitar que esta sea dañada) habían escrito «Sois patriarcado», como muestra de rechazo hacia la ley trans impulsada por el Ministerio de Igualdad. Llevamos meses siendo testigos de cómo algunos sectores utilizan el feminismo como excusa para atacar a nuestras compañeras, pero también hemos visto muestras de apoyo y defensa de sus derechos. 

Viendo las fotografías de los actos del 8 de marzo siento orgullo y cierta nostalgia. Gracias, compañeras, por no dejar de luchar por todas. Pronto volveremos a recorrer las calles juntas, codo con codo.

Ha sido un 8 de marzo diferente, un poco extraño, pero igual de importante que todos. Sabemos que nuestra voz debe seguir alzándose para acabar con la desigualdad, que hay que seguir luchando y reivindicando. Y hemos aprendido que, cuando la situación es complicada, tenemos que cuidarnos pero no callarnos. 

Fuente de la portada: cartel de la ilustradora Eva Cortés para la plataforma 8M Zaragoza

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